CAPITULO V. La transición democrática

Por: Rodolfo Godoy Peña.

Al amanecer del 23 de enero de 1.958 despega rumbo al exilio Marcos Pérez Jiménez, como corolario de la última dictadura militar que oprobió a nuestro país en el siglo XX.

Se había gestado dentro de las Fuerzas Armadas un malestar creciente con el régimen, que se hizo crisis con la perpetración por parte de la dictadura del fraude plebiscitario en diciembre de 1.957 con el objetivo de perpetuarse en el poder, por lo cual a partir del 1 de enero de 1958 empezaron a verse manifestaciones de fuerza que dieron inicio a su derrocamiento.

Pérez Jiménez cometió un error histórico de bulto. Los presidentes venezolanos desde la fundación de la República que tenían aspiraciones de mantenerse en el poder, tuvieron siempre la previsión de “soportar” esa aspiración en una reforma constitucional o en una constituyente. El presidente Gómez, por ejemplo, y quien ha sido el gobernante con el poder más absoluto que hemos tenido, reformó la Constitución en siete ocasiones. Pérez Jiménez, en cambio, se saltó ese importante elemento y convocó a un plebiscito inexistente en la Constitución aprobada en 1952, y para colmo de males, se ve obligado ante el poco respaldo popular, a defraudar los resultados.

Además el dictador ignoró dos realidades en el país que tendrán consecuencias inmediatas en su derrocamiento: por una parte y para la fecha, el poder militar ya tenía como unos de los pilares de su acción la obediencia al Jefe del Estado constitucional, no solamente por su accionar desde el gobierno de Gómez, sino también en buena medida producto de las teorías positivistas que permearon, no únicamente la acción de gobierno en la era gomecista, sino que, además, coincidió cronológicamente con la profesionalización de las Fuerzas Armadas. La teorización constitucional formó parte del currículo de los militares del siglo XX.

Por otra parte, la maduración “democrática” en la sociedad civil gracias principalmente a la ardua labor desplegada por el partido Acción Democrática desde la clandestinidad, porque aunque ilegalizado desde 1.948 (al que se le unió el Partido Comunista y Unión Republicana Democrática) y actuando según la consigna «Ni un solo municipio, ni un solo distrito, sin su casa de partido», logró que sus militantes se lanzaran a consolidar la presencia en todo el país del movimiento.  

Fue Acción Democrática -que había sumado a esa lucha democrática la mayor cantidad de muertos, perseguidos, exilados- la que también había logrado conquistar de manera silenciosa pero efectiva, muchos espacios de participación tales como sindicatos, federaciones, gremios y, por supuesto, a muchos integrantes de las Fuerzas Armadas.  Los días previos a la caída de la dictadura se convoca una huelga general que fue atendida por la mayoría de los venezolanos.

Tras el derrocamiento de Pérez Jiménez se conformó una Junta Provisional de Gobierno integrada inicialmente solo por los militares sublevados, pero a las 48 horas se decide incorporar a dos civiles en reemplazo de dos uniformados identificados como “perezjimenistas” como una demostración de la integración de la sociedad civil al nuevo orden de cosas.

En este capítulo de nuestra historia descolló desde la primera magistratura otro miembro de las Fuerzas Armadas, muestra de ejemplar venezolano, que hizo posible la transición de la dictadura a la democracia de partidos: el contralmirante Wolfgang Larrazábal Ugueto. Era la primera vez que un militar que no perteneciera al componente de tierra ejercía la Presidencia de la República. El presidente Larrazábal era un militar de academia egresado en 1.932 y que tuvo una participación muy activa en el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez siendo Comandante de la Marina. Después del alzamiento militar de la Aviación el 1 de enero de 1958 con el sobrevuelo de aviones de combate en Caracas, el 9 de enero se subleva la Armada cuando Larrazábal ordena el zarpe de 5 destructores para bloquear el puerto de la Guaira.

A Wolfgang Larrazábal como presidente de la Junta de Gobierno le toca la delicada tarea de dirigir al país post-dictadura hacia las elecciones de diciembre de 1958 en un año de intensos cambios en el país, y sometido otra vez a las presiones extranjeras de la Guerra Fría.

La Junta de Gobierno presidida por Larrazábal acomete la labor desde varios frentes y en un periodo muy corto de tiempo, decreta la amnistía de los presos políticos y la repatriación de los exilados abriendo un camino para la vuelta de los máximos dirigentes políticos del país que estaban expatriados – Betancourt, Machado, Gallegos, Caldera, Villalba-; legaliza al Partido Comunista que había tenido un papel muy activo en el derrocamiento de Pérez Jiménez; revoca la proscripción de Unión Republicana Democrática y de Acción Democrática, y convoca a elecciones generales para finales del año 1958. En materia económica implementa un amplio programa de gran repercusión denominado “Plan de Obras Extraordinarias”, conocido popularmente como Plan de Emergencia.

En el ámbito geoestratégico el presidente Larrazábal tendría que lidiar con las fuerzas encontradas de la Guerra Fría con la visita a nuestro país, primero de Richard Nixon, vice- presidente de los Estados Unidos de Norteamérica y luego, la de Fidel Castro Ruz, líder de la revolución cubana.

Venezuela es el primer reservorio de petróleo del mundo occidental y uno de los principales del mundo, de modo que al hacer un análisis de la política y de los intereses nacionales y extranjeros que se mueven en torno a ella, no se puede soslayar esa variable para el análisis como bien lo explica el presidente Betancourt en su obra “Venezuela: Política y Petróleo”

La visita de Nixon fue uno de los más desastrosos eventos diplomáticos que se haya sucedido en Venezuela. El vicepresidente de Eisenhower llegó al país el 13 de mayo de 1958, como parte de una gira de “buena voluntad” que tenia agendada la visita a ocho países latinoamericanos en un periodo de 18 días. Ya en Lima y en Montevideo se habían registrado manifestaciones de repudio contra la visita, pero ningunas tan enconadas y violentas como las que se sucederían en Caracas, donde la caravana de Richard Nixon fue agredida desde Maiquetía hasta la sede de la embajada americana. El medio británico Pathé describió la situación como: “«El más violento ataque jamás perpetrado contra un alto funcionario de Estados Unidos en suelo extranjero».

Es bueno tener en cuenta que la visita tiene lugar 5 meses después del derrocamiento de Pérez Jiménez, dictadura favorecida por los Estados Unidos y que revela la complicada relación de nuestro país con el gigante del Norte. Tal fue la tensión que se generó, que la Casa Blanca ordenó a su flota desde Puerto Rico y Guantánamo, movilizarse hasta nuestras costas para “rescatar” a su vicepresidente. Esto no fue necesario pues Nixon pudo abandonar el país sano y salvo.  Por otra parte, en representación del bloque comunista -a pesar de que él negaba serlo- Fidel Castro llega a Venezuela el 23 de enero de 1959, invitado para conmemorar el primer año de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez. Eran –sin ninguna duda- los bloques de la Guerra Fría intentando atraer a Venezuela a su esfera y serán esas fuerzas ideológicas internacionales, en los albores de nuestro sistema democrático de partidos, las que se convertirán en un reto político e institucional para las Fuerzas Armadas a partir de 1.959.

Como broche de la actuación patriótica de Larrazábal hay que resaltar que, una vez convocadas las elecciones presidenciales por su gobierno, él se postuló para la fusta y se separó inmediatamente de su cargo y, aunque perdió las elecciones frente al candidato de Acción Democrática Rómulo Betancourt, su decisión de abandonar el cargo es un signo muy revelador del aporte de este valioso hombre de armas en la construcción de la democracia en nuestro país. Lamentablemente la historia nacional ha sido siempre muy poco generosa a la hora de reconocer su importantísimo papel.

@rodolfogodoyp

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