¿Y SI SE LO PEDIMOS POR FAVOR?

Por: Rodolfo Godoy Peña.

«Más se consigue con una gota de miel, que con un barril de hiel»

 Refrán Popular

Presidente: hay momentos en la vida en que los líderes se percatan de que el cumplimiento de los objetivos no es posible y que no es viable, por condiciones del momento histórico -o el acopiamiento de los recursos necesarios-, dar un vuelco a una situación que de suyo no podrá modificarse pues la política es el arte de lo posible.

Usted tiene ejemplos cercanos de cuando un líder cae en cuenta de la realidad y se convence de la imposibilidad de conseguir el objetivo. El presidente Chávez, su mentor político, declaró frente a todo el país, a la vista del fracaso del 4 de febrero de 1992: “…lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados…/…ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones…”, dejando abierta la posibilidad de intentar lograr los objetivos por otras vías y en otro momento histórico.

Si usted teme sobre cómo será juzgado por sus partidarios, frente a lo que se podría ver como una claudicación, tenga en cuenta que el país no es solamente los que creen en su proyecto, sino que el país también está compuesto por otros venezolanos que no creen que usted sea capaz de darle un vuelco a la situación, y es en esa Venezuela toda en la que usted tiene que pensar y actuar en conformidad.

Presidente: usted puede ser calificado por su forma de gobernar como un autócrata, como un demócrata o como un dictador (todo ello es combustible para el debate y es argumentable a favor y en contra), pero creo que ese no es el meollo del asunto, el problema es su falta de competencia para dirigir a la nación. No cabe duda que usted ha demostrado una resiliencia envidiable para sostenerse en el poder, pero también una incapacidad estructural para procurar “la mayor suma de felicidad posible”. Usted y por consiguiente Venezuela, están en un laberinto.

Repartir renta de la riqueza petrolera como forma de justicia distributiva en principio no está mal, lo que estuvo mal, estructuralmente, fue suponer que esa riqueza era inagotable o que los elevadísimos precios de petróleo se iban a mantener por siempre. La revolución perdió la maravillosa oportunidad de “sembrar el petróleo” a través de algo que parecía loable al principio, como lo era desarticular que la renta beneficiara a unos pocos para favorecer a la mayor cantidad de venezolanos, pero terminó siendo un despilfarro imperdonable, porque esa “justicia” debía acompañarse de la búsqueda de una fórmula para poder sustituir la volatilidad de los ingresos petroleros, invirtiendo en áreas que fueran más estables, sin desmejorar la inversión social. Buscar mayor riqueza para hacer más y mejor distribución.

Hemos llegado al punto, Presidente, que se está muriendo la gallina y usted podrá alegar, con alguna razón, que el boicot internacional es el responsable de esta situación, pero eso no es enteramente verdad. Usted debe asumir, por ejemplo, que ya para el año 2012 estábamos importando 1/3 de la gasolina que necesitábamos en el mercado interno (y pagando esas importaciones a precios internacionales) aun cuando nuestro país cuenta con las mayores reservas probadas y teníamos capacidad de refinación aquí y allende.

Es entendible la falta de disposición para negociar salidas a la crisis que sufrimos: por un lado, los que se le oponen, no quieren negociar sino su sitio de reclusión y, por el otro, usted quiere una negociación “gatopardiana” para que todo siga igual, pero que se le reconozca como Presidente. Ambos extremos están mal porque una negociación debe iniciarse identificando los puntos en común, para entonces buscar una solución donde se hace fuerza, pero también se hacen concesiones.

Lo común tiene que ser Venezuela, su gente toda, sus seguidores, sus detractores y también los indiferentes. Usted podrá alegar que mas de 6 millones de venezolanos lo eligieron para ser presidente, pero debe recordar que 30 millones la están pasando muy mal por la situación y que, tanto los que votaron por usted como los otros 24 millones hacen cola para la gasolina, intentando sobrevivir con 2 dólares al día y viviendo en una situación de desasosiego por la crispación política que no avizora solución. El juego está trancado, y la elección de la Asamblea es parte del “gatopardismo” porque eso no soluciona la grave crisis estructural del modelo; y aunque ciertamente mejorará los canales de comunicación política, ningún diputado, del signo que sea, tendrá el poder, ni la responsabilidad, de dar un “golpe de timón” al rumbo de Venezuela, ya que eso solamente está en sus manos.

Temerá usted que ocurra lo mismo que sucedió en Bolivia, Ecuador o Brasil donde se ha aniquilado la democracia en nombre de la democracia.  Bolivia, a través del gobierno del presidente Morales, ostenta los mejores y más sanos números económicos de la región andina y, además consiguió la estabilidad política indispensable para el crecimiento económico, pero ahora no solo le niegan su posibilidad de elegirse, sino que hasta proscriben su partido político. Eso es cierto, pero también está el modelo de Argentina, donde el kirchnerismo volvió al poder luego del desastre que significó el gobierno de Macri. Ese es el verdadero juego democrático, Presidente.

Usted tiene en sus manos la posibilidad de dar un cauce para salir de este círculo vicioso, porque el tema no solo es las ganas del “imperialismo” que quiere ponerle la mano a Venezuela. Eso no le importa al adulto mayor que difícilmente puede comer, o que no tiene para comprar sus medicinas; ni a la madre que no puede darles un plato de comida a sus hijos. Y no se plantee, Presidente, una guerra de defensa de sus “principios” políticos soslayando su muy deficiente ejercicio como gobernante, porque su lucha por el país no debe sostenerse sobre la depauperación de todos los venezolanos. Pregúntese, por ejemplo, por qué el Presidente Chávez, siendo más combativo, incisivo e irreverente que usted, no concitó tal repudio. Aunque estoy convencido que el modelo impuesto por la revolución bolivariana hubiese fracasado de todos modos, el cronos fue más benigno con él y se lo llevó antes de que fuera la cara visible de todo este dislate; pero es obvio que el kairós se ensañó con Usted. Ábrale la puerta al futuro.

No tengo por qué dudar de su amor por Venezuela, pero recuerde Presidente, que también hay amores que matan. No le sugiero que se someta a una negociación para una rendición incondicional, solamente le propongo que le haga un favor a Venezuela y abra las posibilidades de barajar el juego. Cumpla, Presidente, con el deber patriótico de buscar la “mayor suma de felicidad posible” y mediante ese gesto magnánimo, puede que la historia lo absuelva y le reconozca ser, en esta nueva ocasión de nuestra siempre accidentada historia, el segundo “héroe del deber cumplido”.

@rodolfogodoyp

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