CAPÍTULO VII. De Puntofijo a la Pacificación

Por: Rodolfo Godoy Peña.

El periodo presidencial de Rómulo Betancourt, que va desde 1.959 hasta 1.964, representa todo un reto para el país y en especial para las Fuerzas Armadas desde varios puntos de vista.

Lo primero era el convencimiento que tenía el presidente Betancourt de poder conjurar lo que él había denominado el “complejo varguiano”, porque para Betancourt los presidentes civiles en Venezuela tenían la predisposición de renunciar al poder frente a las dificultades para mantener la estabilidad en el cargo y dejarse arrastrar, cada vez, a la égida militar. Esta saga nefasta -a juicio de Rómulo Betancourt- se inicia en el período temprano de la República con el arribo al poder del doctor José María Vargas en el año 1.834, quien fue derrocado seis meses después por un movimiento liderado por el Gral. Santiago Mariño, que buscaba restituir el fuero militar. El presidente Vargas a pesar de haber sido repuesto en su cargo gracias al Jefe del Ejército General José Antonio Páez, vuelve a renunciar a la presidencia de la República por las presiones militares. Para Betancourt los fracasos reiterados de los presidentes civiles de Venezuela se debían a la impronta que había dejado el “Albacea de la Angustia” en los albores de la República y que habían marcado irremediablemente el futuro de la primera magistratura.

Para combatir ese complejo, el presidente Betancourt resume en una frase su antídoto: “Yo soy un presidente que ni renuncia, ni lo renuncian”, siendo consciente que era fundamental entregar el poder -por primera vez en la historia republicana– de modo pacífico y electoral al siguiente presidente electo por voluntad popular, y no entregarlo por verse sometido a un golpe de estado que le obligara a renunciar. Para ello, el cuarto rey de la baraja, tuvo que sortear uno de los periodos más tumultuosos de nuestra historia reciente y combatir, tanto amenazas internas como externas, que comprometían a la naciente democracia representativa. Ya nos hemos referido en artículos precedentes a la actitud cauta del presidente Betancourt que lo hacía alejarse de las posiciones extremas de izquierda, pero sin plegarse a los deseos y peticiones de la extrema derecha, en un mundo sumergido en la guerra fría y en una América Latina convulsionada por el marxismo.

Dentro de las Fuerzas Armadas, donde aún quedaban focos renuentes a renunciar al papel de Gran Elector, se suscitaron varios movimientos armados de signos políticos encontrados que intentaban derrocar al gobierno constitucional, como lo fue el caso de general Castro León, quien había sido Ministro de la Defensa del presidente Larrazábal y que por diferencias con la Junta decide renunciar e irse del país. Castro León, emulando al presidente Cipriano Castro y reeditando sus aventuras decimonónicas, invade al país desde Colombia por el estado Táchira en el año 1960, logrando tomar la ciudad San Cristóbal por unas pocas horas. El complot es suprimido por las Fuerzas Armadas y Castro León es encausado y muere en prisión unos años después.

Al año siguiente, en junio de 1961, se subleva el cuartel Pedro María Freites ubicado en la ciudad de Barcelona, logrando sus mandos naturales que estaban comprometidos con antiguos jefes del “perezjimenismo”, tomar el control. Esa intentona duró pocas horas pues no tuvo eco dentro de las Fuerzas Armadas y, aun cuando hubo pequeños movimientos en otras zonas, se saldó con aproximadamente 30 muertos y otros tantos heridos.  Los militares leales al gobierno y otros sectores civiles y políticos lograron desarticular la rebelión.

Estas intentonas serán el preludio de lo que presenciaría el país durante el año 1962 con las dos insurrecciones militares más representativas y sangrientas: el “Carupanazo”, sublevación de la infantería de marina acuartelada en la ciudad de Carúpano que logra tomar la ciudad, pero que fracasó ante la acometida de las fuerzas armadas leales al gobierno; y, apenas un mes después, pero esta vez en la costa occidental del país, en la ciudad de Puerto Cabello, cuando se subleva la base naval de esa ciudad y los sediciosos se atrincheran en el Fortín Solano luego de liberar a un importante número de guerrilleros que estaban presos en el Castillo Libertador. La rebelión fue reducida a sangre y fuego, la base naval fue bombardeada desde la costa por tres destructores y la resistencia en el Solano fue vencida por las bombas y las metrallas de los aviones. Este evento fue conocido como el “Porteñazo” y se estima que murieron 400 venezolanos entre insurrectos y leales, civiles y militares.

No existe ninguna duda que el periodo del presidente Rómulo Betancourt fue una etapa de mucha violencia política en el cual las insurrecciones tenían una fuerte vertiente ideológica marxista que se había activado con la exclusión del partido comunista del Pacto de Puntofjio, y que buscaba capitalizar el descontento en las Fuerzas Armadas a través del adoctrinamiento de sus componentes y con los asaltos guerrilleros a los estamentos del poder civil en Venezuela.  Las Fuerzas Armadas, en ese proceso evolutivo y republicano, lograron desarticular todos los intentos de golpe de estado unificándose bajo su función constitucional.

Una vez que fue ostensiblemente improductiva tanto la vía paramilitar como el adoctrinamiento de las fuerzas regulares para lograr la revolución, la intromisión de Fidel Castro se hizo más evidente con el envío de guerrilleros cubanos y el entrenamiento de los militantes del marxismo local para fomentar la revolución a través de cuerpos de paramilitares que pudiesen emular lo hecho por él en la Cuba de Batista.

En el mundo marxista se había registrado un quiebre, porque por una parte la Unión Soviética impulsaba la teoría de la “Coexistencia Pacífica” con el mundo occidental y, por el otro, China impulsaba las revoluciones, lo cual generó la ruptura de las relaciones entre ambos países.  

Fidel Castro -productor y por consiguiente promotor de la visión de Mao en los inicios del nuevo gobierno-, comenzó el proceso de “exportar” la revolución a América Latina con la intención de implantar gobiernos surgido de las rebeliones populares, y con ese fin, por una parte envió al Che Guevara a Bolivia; y, por la otra, le confió el trabajo en Venezuela a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) que eran el brazo militar del Partido Comunista venezolano, suministrándoles adoctrinamiento, armas y apoyo con guerrilleros cubanos. Esos irregulares cometieron asesinatos, extorsiones, secuestro de aviones, toma de alcaldías, etc., todo por la vía armada. El evento más destacable de esta intensa intervención de Cuba en Venezuela fue durante el gobierno del presidente Raúl Leoni con el desembarco de Machurucuto, playa ubicada en la costa mirandina.

Al término del gobierno del presidente Betancourt, y habiéndole entregado la primera magistratura a su compañero de partido el doctor Raúl Leoni, el nuevo inquilino de Miraflores creó el Comando de Operaciones Conjuntas para combatir sin cuartel al movimiento guerrillero y con mejores estrategias; comando que era un órgano unificado en el que se integraban los cuatro componentes de las Fuerzas Armadas, y que le dio estabilidad política al país gracias al desempeño leal de los patrióticos integrantes de las fuerzas militares que lograron la desarticulación de la violencia generada por las guerrillas marxistas que financiaba La Habana.

A los presidentes Betancourt y Leoni les correspondió luchar frontalmente en el terreno militar en la búsqueda de la estabilidad del país y repeliendo con mucho éxito las agresiones armadas que venían importadas desde el régimen cubano, de modo que cuando llega el opositor Rafael Caldera por primera vez a la presidencia de la República en 1968 pudo tomar dos decisiones de gran trascendencia: la legalización del Partido Comunista de Venezuela y la creación del Comité de Pacificación; órgano que logrará, unos años después, incorporar a los grupos de izquierda a la vida política del país para cerrar el capítulo sangriento de las guerrillas armadas en Venezuela pero, no así, el de las insurrecciones militares.

@rodolfogodoyp

Fe de Errata: En el artículo anterior, de manera inadvertida, el termino Puntofijo apareció separado cuando lo correcto es una sola palabra, tal y como se llamaba la casa de habitación del Presidente Caldera.

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