BUSCANDO AMÉRICA

Por: Daniel Godoy Peña

“Envueltos entre sombras, negamos es cierto. Mientras no haya justicia, jamás tendremos paz”

Rubén Blades

Desde las gestas independentistas de siglo XIX y hasta las distintas revoluciones a inicios del siglo XX no habíamos visto una América Latina tan convulsionada y diversa políticamente, donde los ciudadanos desde México hasta Argentina, han protagonizado en los últimos 20 años una ola de protestas sociales en todos nuestros países con un fin común: la búsqueda de la mayor cantidad de bienestar colectivo; mejores reivindicaciones económicas; mejor distribución de la riqueza y más justicia, libertad e igualdad. No importa si usted está en Colombia o en Chile, en Ecuador o Venezuela, quienes han migrado de sus países en algún momento o quienes nos mantenemos en ellos, queremos todos lo mismo.

Pero ¿Qué pasa en nuestra región que después de tantos años de dictaduras de derecha e izquierda, guerras civiles (En los casos de El Salvador, Nicaragua y Guatemala), golpes o autogolpes de estado, revueltas sociales, procesos constituyentes o elecciones democráticas no alcanzamos la paz, la prosperidad y la igualdad que tanto anhelamos? ¿Por qué los políticos y algunos opinadores profesionales -y de oficio- nos hemos empeñado en echarle la culpa a la derecha, o a la izquierda según nuestra postura política y no nos empeñamos más en trabajar de fondo en la deuda histórica que tenemos con nuestros pueblos y gobernados?

El resultado de la elección presidencial en Bolivia el pasado domingo, las jornadas de protestas en Chile, los disturbios y manifestaciones en Colombia hace unas cuantas semanas atrás, son la vitrina de que algo está pasando en el continente, y que sería de mucha miopía política espetar sin mayor reflexión que es culpa de la izquierda o de la derecha, dependiendo de la acera en que uno se encuentre. Un amigo me escribía que se sentía muy apesadumbrado por lo que está ocurriendo en la región, afirmaba que venían años muy duros para la América Latina, pero, ¿Qué encierra esta afirmación? ¿Qué es lo más duro que le puede pasar a esta parte del hemisferio occidental?   

Hace un par de años, y después de un largo período de gobiernos de izquierda o definidos como socialistas en Argentina, Brasil, Ecuador, Chile (con Bachelet) Uruguay, Venezuela y el más representativo de todos, México, muchos analistas políticos y economistas aseguraron que con algunos triunfos de candidatos de derecha (o la conservación y el continuismo de ciertos gobiernos) la prosperidad y el desarrollo bajo un nuevo esquema de “libertades económicas” estarían casi garantizados. El triunfo de Macri en Argentina, Piñera en Chile, Duque en Colombia, Moreno en Ecuador; el más pintoresco de todos, el de Jair Bolsonaro, en Brasil, y la salida del poder de Evo Morales en noviembre pasado, parecían dar al traste con el sueño de la izquierda latinoamericana de ir minando de a poco los gobiernos que quedaban; si a esto se le sumaba el afán grotesco de  algunos presidentes de parecerse cada vez más en discurso, acciones y hasta en gestos al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, todo parecía indicar que la izquierda estaba atravesando sus horas más aciagas en los últimos 20 años.

Todos los presidentes y exponentes de la derecha antes mencionados, prometieron básicamente lo mismo: prosperidad económica, luchar contra la corrupción, acabar de una vez por todas con las desigualdades sociales profundizadas por el socialismo, etc.,  todo esto mucho antes de la llegada de la pandemia, que si bien es cierto que nadie la tenía en el radar y que su impacto en la economía ha traído para algunos países efectos devastadores, no es menos cierto que las protestas sociales en nuestros países hermanos se presentaron desde mucho antes de que llegara la COVID-19 y que, de no ser por la cuarentena, no tengo duda alguna de que hubiesen continuado.

Hay quienes pretenden explicar las protestas en la región contra los gobiernos de derecha como una conspiración internacional que se operativiza a través de un minúsculo y casi insignificante grupos de radicales comunistas, que no representan a nadie y que tienen por objetivo desestabilizar los países para implementar el comunismo en toda América Latina. Es cierto que hay un pequeño grupo de radicales que con acciones de violencia desvirtúan la protesta, así como también es cierto que somos la región del planeta con mayor capacidad de desarrollo, pero con las mayores desigualdades del hemisferio occidental. La gran parte de quienes han protestado en toda la región son ciudadanos comunes y corrientes, jóvenes, mujeres y adultos mayores que exigen mayor igualdad, acceso a la educación superior, costos razonables para los servicios públicos básicos, mayor y mejor acceso a los sistemas de salud, etc., de manera que esos justificadísimos reclamos nada tienen que ver con izquierda o con derecha sino con justicia e igualdad de oportunidades.

Por otro lado desde la derecha sus líderes y voceros se atribuyen la casi y única exclusiva fórmula de la felicidad y el progreso; fórmula por demás engañosa por no decir peligrosa, que se resume en la mayor cantidad de libertades posibles, la menor intervención del Estado y el mayor desarrollo individual de las potencialidades del ser humano que debería dar como resultado un bienestar económico más grande y, por ende, la felicidad y mayor tranquilidad del pueblo, pero ¿Por qué si esto es así los gobiernos de derecha no logran mantenerse mucho tiempo en el poder? ¿Por qué las protestas violentas en Chile, que se jacta de tener la economía más próspera de esta parte del continente? ¿Por qué en Colombia -un país que desde 1998 ha tenido un crecimiento sostenido en su PIB y con uno de los mejores sistemas de salud de la región- las protestas a finales del año pasado fueron tan duras? ¿Por qué Argentina, después de tener como presidente a un empresario exitoso y expresidente de uno de los clubes de futbol más famosos del mundo, no pudo retener el poder ni tampoco generar la confianza suficiente en el pueblo argentino para la tan anhelada recuperación económica? ¿Por qué después de salir del poder Evo Morales, por efecto de un golpe en Bolivia el año pasado, esta semana su partido gana por más de 24 puntos de diferencia las elecciones presidenciales?

Quienes creemos que la política es el uso del poder legítimo para la consecución del bien común de la sociedad toda, podríamos invocar múltiples justificaciones para despejar todas esas incógnitas, pero lo más importante que hace falta aprender es que no todo puede estar resumido en la economía y que el ejercicio de la libertad no consiste únicamente en alcanzar las metas individuales sin importar cuanto puedan padecer los más necesitados. Tampoco es la mera colectivización ni la invocación retórica de la aparición mágica de un “hombre nuevo” pero hambriento y enfermo, lo que traerá justicia para América Latina. Estoy convencido que hacer política, de la buena, la de la construcción del bien común y sin dogmatismos inhumanos, ni de izquierda ni de derecha, supone alejarse decididamente de lo que con tanta claridad denuncia el Papa Francisco: “estamos frente a la globalización de la indiferencia que nos va acostumbrando y nos coloca frente al dolor humano como si fuera algo normal”.         

@danielgodoyp

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