¿Y QUIÉN RECOGE LOS VIDRIOS?

Por: Daniel Godoy Peña

“No puedes escapar la responsabilidad de mañana evadiéndola hoy”

Abraham Lincoln

Mientras muchos en el mundo esperan sin sobresaltos el desenlace de la tragicomedia en que se ha convertido el resultado de la elección en los Estados Unidos, donde el establishment proclamó ganador y presidente electo a Joe Biden, mientras el presidente Donald Trump insiste en el tema del fraude y la impugnación por la vía judicial, algunos venezolanos todavía viven con intensidad por las redes sociales -y por cuanto grupo de WhatsApp tienen en sus teléfonos inteligentes- el desarrollo del conflicto que dejó de ser una elección para convertirse en una telenovela por capítulos. Pero los venezolanos estamos muy acostumbrados a estos culebrones y, como en antaño, haremos lo mismo: apagaremos el televisor y de un solo golpe regresaremos a nuestra realidad.

Sin embargo, la pregunta que se hace cada venezolano después de las elecciones en los Estados Unidos es muy simple: ¿Y cómo quedamos nosotros en todo esto? La respuesta, a priori, no es tan sencilla y menos aún si debe provenir de quienes nos hicieron creer que nuestra situación política solo podía cambiar si se mantenía Trump en el poder. Con tan altas expectativas y donde, según algunos, el triunfo del candidato republicano estaba casi garantizado, las ilusiones de muchos venezolanos aquí y en el exterior llegaron a tocar el cielo y hoy lo que fueron unas esperanzas exacerbadas por algunos líderes políticos, redes sociales y algunos comunicadores sociales radicados en el sur de la Florida, son nubes de incertidumbre, desesperanza, frustración y rabia.

Es increíble ver como se pasó de la célebre frase “En el caso de Venezuela, todas las opciones están sobre la mesa” al más desconcertante de los silencios y, por consiguiente, al peor y más duro de los olvidos; pero como reza la sabiduría popular La culpa no es del ciego sino de quien le da el garrote” y a eso apostaron desde un sector de la oposición venezolana: entregarle nuestro garrote, nuestra legitimidad y la mayoría de nuestro capital político a un grupo de países liderados por la administración de Donald Trump, para que con su ayuda, y con la peregrina idea de una intervención militar o solicitando más sanciones -dejando de lado la diplomacia- pudiéramos cambiar la situación política de nuestro país y salir de Nicolás Maduro. Craso error.

Yo me pregunto: ¿Quién recoge ahora los vidrios rotos? ¿Quién le explica a ese sector del país que confía en la oposición que representa el G4 cuál es la nueva estrategia? La política exterior de la administración de Joe Biden -y de buena parte de las democracias del hemisferio occidental- aparenta ser diametralmente opuesta a la de su antecesor, por lo que en las primeras de cambio vuelve a quedar más claro que somos los propios venezolanos quienes debemos resolver nuestro problema. No hay duda que esta nueva realidad en Washington comporta un dilema para el G4 y para sus diputados en la Asamblea Nacional porque, o siguen adelante con la cada vez más pesada e inconstitucional idea de la continuidad administrativa, o se dan urgentemente a la tarea de replantearse la estrategia de recomposición de sus bases y apoyo electoral, pidiendo disculpas por los errores cometidos y buscando una mediación internacional que nos permita a los venezolanos conseguir las condiciones necesarias que nos lleven de nuevo al terreno donde hemos conseguido nuestros mayores logros: el electoral.

Mientras siga corriendo el tiempo la carga para la oposición se hará más pesada y más difícil de tirar, y por ende le será más difícil aún comunicar una nueva estrategia que sea confiable para el venezolano. Paralelamente a esto el gobierno de Nicolas Maduro ya trazó, comunicó y avanza en su estrategia: elecciones de la Asamblea Nacional el 6 de diciembre; seguir burlando -con la ayuda de sus aliados políticos y comerciales- las sanciones impuestas por Estados Unidos; entregar mediante la Ley Antibloqueo las industrias básicas del Estado a empresas privadas o públicas de capital extranjero y, después del 5 de enero, cuando ya esté instalada la nueva Asamblea Nacional, aprobar una batería de leyes que consoliden todavía más la hegemonía política del madurismo en Venezuela; no sin procesar judicialmente a quienes sigan empeñados en la idea de la continuidad administrativa. No habrá sorpresa.

Por otra parte, hay quienes desde distintos sectores políticos, académicos y empresariales del país se preguntan qué sentido puede tener ahora la consulta promovida por la Asamblea Nacional, ya que todo se había construido sobre el potencial apoyo de quien era uno de los principales promotores en el exterior -Donald Trump y su gobierno- y con él fuera de la Casa Blanca, ¿Quién podrá defenderla?, habría también que preguntarse: ¿Están todos los diputados de los partidos del G4 convencidos y comprometidos con la tesis de la continuidad? Porque hay que ser honestos, solo basta con que un grupo de estos diputados decida y manifieste su deseo de entregar sus curules y su voluntad de desechar la tan disparatada teoría de la “continuidad administrativa” para que el castillo de naipes -de la estrategia trazada en torno a la consulta- se venga abajo.

Todavía estamos a tiempo de reflexionar, de poder volver a conectarnos con la gente desde otra perspectiva, de volver a ganarnos la confianza de millones de venezolanos que hoy se sienten desesperanzados y agobiados por la crisis económica, social y política que atraviesa nuestro país. Estamos a tiempo de desechar acciones políticas que en nada alivian nuestra crisis y que en nada ayudan a generar confianza en el ya muy deteriorado liderazgo político de oposición, pero, sobre todo, estamos a tiempo de hablarle sinceramente al país y admitir con humildad que nos equivocamos, así como, explicarle por qué no fuimos capaces de lograr lo que prometimos. Y las cosas buenas que se hayan logrado (el Plan País, por ejemplo) no exhibirlas como un trofeo, sino guardarlas para que a partir de ahí podamos reagruparnos, reconstruir y lanzarnos de nuevo en la búsqueda y recuperación de los espacios perdidos o abandonados.

Se acabó la fantasía y es hora de volver a la realidad.      

@danielgodoyp

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