¿El CAMBIO? INSISTIR, PERSISTIR Y RESISTIR…

Por: Daniel Godoy Peña

“Es intentando lo imposible como se realiza lo posible”

Henry Barbusse

El cambio de rumbo que tiene que haber en la estrategia política de la oposición venezolana debe estar orientado por distintos aspectos, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, pero partiendo de los puntos de encuentro y no de las diferencias de quienes estamos convencidos de que es necesario un cambio en lo político, en lo social y en lo económico.

Esos puntos comunes de encuentro son muchos, más de los que imaginamos, empezando por un dato que arrojan las encuestas y que parece incontestable hoy: el 70 % de la población reprueba la gestión de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela. Los venezolanos -sobre todo los que vivimos aquí- rechazamos el uso de cualquier medio de fuerza o violento que implique el sacrificio de vidas para lograr el cambio político; si bien es cierto que no hay duda que la crisis económica golpea a todos los sectores de la sociedad y que este gobierno no tiene las capacidades para remediar este mal, también es cierto que en los últimos 60 años nos acostumbramos a resolver nuestras diferencias y problemas a través del voto, porque esa es y será siempre la más poderosa de las herramientas que puede tener cualquier ciudadano.

No tiene sentido “Llorar sobre la leche derramada”, nientrar aquí en un análisis profundo de lo que implica que la oposición, liderada por el G4, decidiera no participar en las próximas elecciones a la Asamblea Nacional, porque las consecuencias de eso las veremos y sentiremos más adelante. Lo que sí creo fundamental para este sector de la oposición y para el país, es que se le dé un giro de 180° a la estrategia, porque salta a la vista que ha sido un fracaso en muchos aspectos. En materia de política internacional, por ejemplo, ni nuestros vecinos más próximos, Colombia y Brasil, ni la Comunidad Internacional -que manifestaron su respaldo a la Asamblea Nacional y a su Junta Directiva- nunca estuvieron convencidos, ni dispuestos, a apoyar una incursión por la fuerza para desalojar a Maduro del poder. Mientras muchos creían que sí y algunos trataban de convencernos de que esa era la única vía, la verdad es que la citada Comunidad y los países del club “De más de 50” sabían y trabajaban para que todo se resolviera a través de la negociación.

Creo, sin dudas, que el primer punto a trabajar por parte del G4 debe ser convencer a la comunidad internacional y al grupo de países aliados, que las ideas peregrinas de invasiones o intervenciones armadas fueron un error y que ahora, esta nueva oposición sin cargos de elección popular, tiene el firme compromiso de construir una vía pacífica y electoral. A la Comunidad Internacional hay que pedirle que nos ayuden a obtener condiciones y garantías para el adecuado desarrollo de los procesos comiciales, en vez de seguir repitiendo como un estribillo -pero sin ningún resultado- “Que Maduro y su gobierno violan derechos humanos”, “Que atravesamos una crisis humanitaria”, “Que hay presos políticos”, etc., porque todo eso ya lo saben. No pretendo que nos olvidemos de ello, sino que enfoquemos nuestro esfuerzo para poder volver a la ruta electoral, porque las del próximo 6 de diciembre no serán las últimas elecciones que se celebren.

A lo interno el trabajo no es menos difícil, implica reconocer los errores cometidos y tener plena conciencia de lo que hemos desperdiciado de cara al pueblo venezolano: credibilidad, confianza, esperanza y tiempo. Hoy el panorama se ve complicado y las dificultades son muchas, pero nuestro deber está en acompañar al venezolano en la dura crisis que atravesamos. Es tiempo de revisión y reconstrucción; y esta reconstrucción puede tener como punto de partida el tratar de recuperar las tarjetas de los partidos confiscados o inhabilitados, y en caso de no ser posible -por los momentos- despojarnos de nuestros colores y conformar una alianza que nos permita avanzar en el tema político, en una asociación que vaya más allá de una simple unidad electoral y que sea una plataforma que le permita al pueblo venezolano tener una alternativa frente al madurismo.

No podemos quedarnos de brazos cruzados para el resto de nuestras vidas y esto supone que reorganicemos las bases políticas; que nos preparemos para atravesar un desierto político, pero, que ese transitar sirva para trazar metas a corto y mediano plazo, todas enfocadas en recuperar los espacios perdidos. Para el año que viene están previstas las elecciones regionales y municipales, y la oposición tiene la obligación de construir y presentar una propuesta que permita hacer frente al avance del madurismo, que sea seria, viable y que pueda estar acompañada por la Comunidad Internacional para sacar a nuestro país de la crisis.

Hay que tener en cuenta que este próximo 6 de diciembre concurrirán a las urnas un importante número de electores, unos para apoyar al gobierno, pero otros para mostrar su rechazo al madurismo y dejarle un recado a quienes decidieron no participar, y ese llamado de atención es muy claro para el denominado G4:  “No queremos a Maduro, no estamos de acuerdo con su gobierno, pero tampoco creemos en ustedes”; mensaje que no se debe despreciar y aunque se puedan tener diferencias con el liderazgo opositor que invita a votar este 6 de diciembre, lo que no está en discusión es que, ese grupo de electores, siempre será más propensos a acompañar una propuesta electoral unitaria que a abandonar los espacios. Los partidos del G4 deben pasar el suiche de una vez por todas y enfocarse en lo verdaderamente importante: “Tantas elecciones como sean posibles y tantas condiciones como sean necesarias”.

@danielgodoyp   

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