“…QUE CARACAS DIO”

Por: Rodolfo Godoy Peña

A pesar de que con el transcurrir de los días se amplía la ventaja de votos del demócrata Biden sobre el republicano Trump, ni este ni el Gran Partido Viejo (GOP en inglés) dan su brazo a torcer. El presidente Trump arrastra al partido republicano, y con ellos al país entero, a una fractura que podría ser irremediable, y todo con el silencio y la actitud tibia de los más conspicuos dirigentes de esa organización, cosa que podrían terminar pagando muy caro.

Si bien es cierto que las estructuras partidistas no son monolíticas en los Estados Unidos en cuanto a los postulados que todos sus miembros deban profesar, sí tienen unos principios básicos a los que se apegan sus militantes con relación a las políticas públicas, la política internacional y los derechos de las minorías. Ahora bien, de lo que se trata en esta fecha histórica no es la discusión sobre los diferentes programas confrontados en la campaña, porque eso ya pasó y ganó la agenda demócrata; de lo que se trata en este caso es del papel preponderante del GOP en la conservación del sistema democrático de este país y de su propia supervivencia como alternativa política.

Los republicanos han claudicado su posición por el liderazgo de un hombre – ni político, ni activista partisano-, que les alentó el sueño de ser nuevamente una fuerza hegemónica que volviera a regir los destinos del país casi sin interrupción por un largo periodo de tiempo como sucedió entre 1860 y 1912, pero que como era previsible al inicio de esta aventura todo se les va convirtiendo en una pesadilla. Luce significativo del divorcio del partido republicano con el presidente –  y da indicios de la fragilidad del reclamo presidencial sobre el fraude -,  que en ninguna jurisdicción donde el equipo legal del presidente Trump demanda, y donde los republicanos lograron escaños de representantes y senadores, algún miembro del partido aun perdidoso se haya sumado  a la ofensiva judicial, de modo que pareciera que los acompañantes de fórmula de Trump no sufrieron el mismo supuesto fraude en esas localidades; o que, entendiendo el juego democrático y la salud del sistema, conciben que es posible perder en buena lid.  Pero tampoco aceptan abiertamente la derrota de Trump.

Algunos voceros de alto rango del partido republicano se refugian en el lugar común, sin comprometerse, por el temor de afrontar la realidad de frente, pues “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio” y es que podría suceder que los votantes rojos no sean del partido sino que puedan ser de Trump, ergo, si desmienten o se desmarcan decididamente del presidente en su reclamo de fraude, es posible que se autoinflijan una lesión en  su propia masa de votantes; y esta expropiación de la base del partido podría quedar en evidencia con las sillas del Senado que faltan por decidirse en enero porque Trump es el gran elector. He allí el dilema, de ser o no ser.

De esta capacidad de arrastre y de polarización del candidato perdedor ya hay hechos verificables con relación a los medios de comunicación. A diferencia de las otras cadenas nacionales de noticias, la cadena Fox del magnate Murdoch, quien es amigo del presidente Trump y ha sido un ferviente defensor de la causa del presidente desde que era candidato en las elecciones del 2016, fue la primera que le dio el estado de Arizona como ganador a Biden inclusive sin que AP se pronunciara al respecto; y, a pesar de que al final Fox News tuvo razón, el presidente inició una campaña en redes entre sus seguidores contra la traición de Fox y a la fecha la cadena ha perdido televidentes a favor de canales que son aupados por Trump. Según The Gateway Pundit: Fox News lideró los ratings el martes 3 de noviembre con 14.1 millones de espectadores por sobre CNN y MSNBC pero solo 4 días después, el sábado 7 de noviembre, los mismos presentadores y el mismo programa tuvo solo 1.7 millones de televidentes. Fox está envuelta en sus propias contradicciones pues a raíz del menoscabo que le ha generado el abandono de suscriptores, ha vuelto con ferocidad a dar vocería al supuesto “fraude”, aunque pareciera que es tarde para arriar velas.

En 2016 muchos asesores demócratas manejaron la idea de cometer el mismo desatino que en 2020 realiza el Partido Republicano. Ellos – con razones lógicas pues la Sra. Clinton había sacado más de 3 millones de votos de diferencia contra Donald Trump – manosearon la tesis de sembrar la duda sobre el sistema democrático y la legitimidad de las elecciones por la supuesta interferencia rusa, pero gracias al discernimiento político del presidente Obama y  de la propia candidata, esta tardó menos de 24 horas en reconocer el triunfo del presidente Trump. Ese día dijo en aquel discurso: Esto es doloroso y lo será por un buen tiempo y añadió que la democracia de Estados Unidos se basa en la transición pacífica del poder.  Gracias a esa posición madura y responsable frente al sistema, el dolor no duró tanto tiempo: solo 4 años después Biden va camino de ganar la presidencia con más de 8 puntos porcentuales, tal y como lo predecían algunas encuestas.

Sin embargo, da la impresión que el GOP ha hecho suyo lo de seguid el ejemplo que Caracas dio dándole vocería, piso y aliento a ficciones fraudulentas tal como ha hecho la oposición venezolana durante décadas; inclusive los abogados que defienden la causa de Trump alegan el mismo fraude y han llegado al extremo de acusar a la misma compañía – Giuliani dixit –  que fue objeto de las más febriles acusaciones en Venezuela de escamotear los resultados a la oposición, aun cuando esa compañía no participó en el proceso electoral aquí.

Cuando la oposición en Venezuela era minoría y alegaba fraude – en vez de reconocer gallardamente haber perdido – , sembró lo que ahora cosecha pues demolió la fiducia en el sistema democrático y siendo hoy mayoría,  no logra hacer que sus votantes acudan a las urnas; misma situación que deberán evitar los republicanos y que habrán de afrontar con prontitud y asertividad pues corren el riesgo (frente al convencimiento de sus electores de contar con un sistema que les birla sus votos),de tener también que nombrar para Estados Unidos un presidente “interino”.

@rodolfogodoyp

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