¿Frivolidad o autoestima?

Por: Linda D´ambrosio

Descubrí a Carie Mercier-Lafond hace más de una década, cuando mi obsesión por el orden me condujo a investigar sobre cómo organizar prendas de vestir. Tropecé durante la pesquisa con uno de sus libros, Cómo tener un armario 10, que resultó no girar primordialmente en torno al orden externo: más bien tenía que ver con el orden entendido como hábitos de vida, como método, como utilización racional de los recursos en ese proceso gerencial que supone el administrar nuestro aspecto, aunque no seamos conscientes de ello.


El libro estaba escrito de forma suscinta y directa. Indagando respecto a su autora, me encontré con Karysa, su blog, ameno, útil, centrado en temas de estilo y protocolo. Más adelante las redes sociales facilitaron que estableciera contacto con ella, relación que se ha mantenido a través de los años.


Cuando youtubers, instagrammers e influencers no existían ni siquiera como vocablos, ya Carie tenía una trayectoria consolidada, siendo invitada habitual en programas de televisión en los que se le consultaban asuntos de moda y estilo.


Tradicionalmente, el cuidado personal ha sido muy bienvenido, por cuanto de higiene y atractivo comporta. Pero también ha tenido muy mala prensa: el prestarse atención a uno mismo se ha interpretado como señal de vanidad, egocentrismo y frivolidad. La belleza, tradicionalmente asociada a la juventud, es efímera, por lo que es conveniente prestar atención a otras virtudes menos perecederas.


Carie estuvo inmersa desde pequeña en el ámbito diplomático, por lo que creció familiarizada con un mundo que, salvando los calcetines de Chewbacca de Justin Trudeau y otras eminencias, tiene unas normas bastante precisas. Pero al mismo tiempo es madre y profesional, así que conoce las vicisitudes por las que atraviesa de una mujer de a pie en su vida cotidiana. Todo ello, sumado a su calidad humana, que la lleva a concebir su trabajo como una misión, como una forma de ayudar a otros a mejorar su calidad de vida, la convierte en una voz autorizada para valorar si el cuidado personal es o no un índice de superficialidad.


Me explica que, más poderosa que los aspectos visibles de la imagen, está la autoimagen, que define como “el concepto mental y espiritual que tenemos de nosotros mismos”, y que determina nuestras creencias acerca de quiénes somos, lo que merecemos y lo que somos capaces de hacer o no, por ejemplo. 


En este sentido, Carie señala: “Algunas personas han pasado por una cirugía estética, han perdido peso o han sufrido alguna transformación externa, pero no han cambiado la forma de verse a sí mismos. Son incapaces de valorarse, de apreciar el progreso realizado o de felicitarse”.
En efecto: poco importa lo que los demás opinen si nosotros no nos sentimos a gusto. Si nos vemos bien, nos sentimos bien. Cuidar de nuestro cuerpo es una forma de darnos amor y una señal de autoestima.


“Es fundamental identificar cuáles son nuestras creencias y reemplazar las que nos están saboteando por otras que nos ayuden a apreciarnos, con nuestros puntos fuertes y débiles”, prosigue. “Eso implica aprender a cuidarnos. Muchos nos ponemos en el último lugar. Pensamos ocuparnos de nosotros únicamente si al final sobra algo de tiempo. Y ese momento jamás llega”.


En resumen, no es una frivolidad. Hay que convenir con lo que señala nuestra experta: “Tenemos que utilizar todo lo que está a nuestro alcance para vivir una vida más plena, cultivando una sana relación con nosotros mismos, con los demás y con el trabajo, eligiendo objetos como pueden ser la ropa o los muebles de tu casa que estén en línea contigo, que te aporten”.


linda.dambrosio@gmail.com

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