El ponche de nuestras Navidades

Por: Miguel Peña Samuel

Diciembre es un mes de clima frío en todo el hemisferio norte, pero en contraposición es una temporada de cálidas celebraciones familiares y encuentros con amigos, donde se comparten comidas y bebidas siempre apegadas a las tradiciones y rituales decembrinos que, año tras año, van reforzando la identidad nacional. Uno de los emblemas más poderosos de la tradición gastronómica venezolana durante esta temporada es, sin duda alguna, el Ponche Crema, una bebida que ha acompañado a varias generaciones y aún hoy en día sigue siendo referente obligatorio en las celebraciones navideñas. Por años ha sido un regalo perfecto para toda la familia, protagonista principal de las cestas de licores navideños y, por más humilde que sea el hogar, nunca falta en la mesa de Navidad.

En días pasados, la Academia Venezolana de Gastronomía concedió a Ponche Crema una mención honorífica de su premio Tenedor de Oro, edición 2019, como “reconocimiento a la inalterabilidad de su fórmula y a su constancia en la calidad del producto a lo largo de sus 120 años de presencia en el mercado”, lo que habla del compromiso de la marca con sus fieles seguidores.

Pero, ¿Qué es el Ponche crema? Según el Diccionario de Alimentación y Gastronomía en Venezuela, de Rafael Cartay y Elvira Ablan, es una “Bebida preparada con brandy, huevos, leche, azúcar y vainilla” que se consume en Venezuela, especialmente, durante las navidades desde el año 1900 de manera comercial. Fue el señor Eliodoro González Poleo, oriundo de la población de Guarenas, muy cerca de Caracas, quien lo colocó en el mercado caraqueño por primera vez a través de su propia empresa llamada Licorería Central. La etiqueta original del producto decía textualmente: «Esta bebida se conserva mucho tiempo inalterable a la temperatura ambiente, por lo tanto, se aconseja no helar sino la cantidad que se ha de consumir. Téngase acostada la botella y agítese al usarla». Quizás fue una de las cosas que tanto gustó al público de ese momento carente de equipos de refrigeración en dónde conservar sus alimentos.

La fórmula de esta bebida ha sido mantenida en la más estricta confidencialidad por las cinco generaciones que han sucedido al fundador en la conducción de la empresa, aunque se sabe que contiene, en proporciones que se desconocen, leche, huevos, azúcar y licor. La patente de registro, firmada por el mismísimo Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, Don Cipriano Castro, le fue otorgada en 1904. Como dato curioso, el señor Eliodoro González Poleo, en cuyas reseñas biográficas se le asignan los títulos de “químico y perfumista”, nunca llegó a industrializar la preparación de su bebida mientras vivió aunque la demanda del producto aumentó gracias a las frecuentes reseñas de los diarios de la época, especialmente “El Cojo Ilustrado”. Les correspondió a sus sucesores dar respuesta a la cada vez más creciente demanda nacional e internacional, luego de ser presentado con gran éxito en la Feria Mundial de San Luis de 1904, en la Exposición Marítima Internacional de Burdeos y en el Salón de Alimentación e Higiene de París. Los ingleses se rindieron a sus pies y le otorgaron un «Grand Prix».

Siempre ha existido la percepción de que se trata de una bebida muy femenina, la preferida de abuelas y madres, aunque su uso en la moderna coctelería le ha valido la aceptación entre personas de las nuevas generaciones. Por lo general, se sirve bien frío, en vasos pequeños, ya sea como aperitivo o pousse-café, o simplemente como bebida para acompañar una conversación. Por mucho tiempo, debido a su contenido nutricional, el Ponche Crema fue la única bebida alcohólica que se le permitía ingerir a los niños, incluso asignándole poderes curativos y nutricionales.

Los ponches elaborados con leche y huevos se conocen desde hace siglos en Europa y de seguro forman parte del legado gastronómico que nos dejó la etapa colonial. Se les vincula con la celebración de la Navidad y la víspera de Año Nuevo. Particularmente en España es usado como remedio casero y tradicional para aliviar estados febriles y catarros. No es de extrañar entonces que a lo largo y ancho de América se encuentren bebidas que basadas en esta combinación de ingredientes, pero con ciertas particularidades regionales que los diferencian unos de otros. Los ingleses conocieron Eggnog, cuyos antecedentes se remontan a una bebida medieval caliente denominada posset. El Eggnog fue exportado a las numerosas colonias británicas del planeta donde aún hoy toma, especialmente en los Estados Unidos de Norteamérica y Canadá a partir del mes de noviembre, cuando se celebra Acción de Gracias.

En México se prepara el conocido rompope o rompón, un ponche de color amarillento que mezcla yemas de huevo, vainilla, canela, leche, azúcar, almendra molida, licor, pero se usa la fécula de maíz para darle su consistencia espesa. También se prepara y consume en países centroamericanos, en Perú y Chile. En este último país austral también se consume el Colemono o Cola de mono, ponche preparado con la misma mezcla de ingredientes con añadido de café. Creado y comercializado a principios del siglo XX por Juana Flores y su marido Fermín Riquelme Carmona, su nombre probablemente se deriva de las botellas de Anís del Mono, en las que la bebida habría sido envasada y vendida, cuya etiqueta mostraba un mono con una larga cola.

Los puertorriqueños para sus fiestas navideñas preparan el Coquito mezclando leche evaporada, leche condensada, crema de coco, ron blanco, canela y vainilla. Sus orígenes se ubican en las centrales azucareras de la isla en donde los campesinos que trabajaban la caña de azúcar generalmente consumían ron con coco. Con la invasión norteamericana a la isla a finales del siglo XIX esta última bebida se fusionó con el Eggnog que consumían los marines norteamericanos y sus familias dando origen al moderno Coquito.

Los irlandeses por su parte tienen el Baileys Irish Cream que combina crema de leche, chocolate, vainilla, caramelo, azúcar, canela y el mejor whisky local. Todos estos ingredientes son homogeneizados a fin de formar una emulsión, con la ayuda de un emulsificador que contiene aceite vegetal refinado. Este proceso evita la separación del whisky y la crema durante su almacenaje. Según el fabricante, no se utilizan conservantes ya que whisky es suficiente para conservar la crema.

Pero en Venezuela, antes de que el Señor Eliodoro González Poleo comercializara su ya centenario ponche, se consumía la Leche de burra o Leche ´e burra, bebida emparentada con las preparaciones antes mencionadas que se ofrecía por igual para festejar a lo largo de la temporada decembrina o como pócima para aliviar los estados febriles y catarros. De preparación netamente artesanal, las abuelas le dedicaban el tiempo necesario para ejecutar uno a uno los procesos que desembocaban en ese aromático ponche cremoso que se obsequiaba, compartía o se consumía en solitario para disfrutar sorbo a sorbo de sus delicados sabores.

En relación a su origen, refiere el investigador Miró Popic que puede ubicarse en el estado Falcón, al occidente de Venezuela, “donde, antiguamente, se preparaba con leche de asnares y cocuy”, de allí su nombre. También comenta que en los Andes se le comienza a llamar “indistintamente Ponche andino y en vez de cocuy utilizan miche o aguardiente anisado. A la par que se incorpora la leche vacuna como base fundamental de la preparación. En otras regiones del país se han sustituido el cocuy o el miche por cañas claras o licores destilados artesanalmente con elevados grados de alcohol.

Son incontables las fórmulas mágicas para la preparación de la leche ´e burra o el Ponche crema que se encuentran en recetarios impresos y en tutoriales en la red, además de las que atesoran con recelo muchas familias venezolanas, pero en el alma de cada venezolano está tatuado un único sentimiento de apego hacia esta tradicional bebida que con apenas contemplar una botella, de amarillento contenido, se disparan las emociones y se nos vienen en avalancha los recuerdos de épocas bonitas.

@miguepesam

Reporte Latinoamérica no se hace responsable de las opiniones emitidas por el autor de este artículo.