LA “TALLA” DE LA GLORIA

Por: Rodolfo Godoy Peña

El pasado diez del mes se cumplieron 190 años de la que se conoce como la “Ultima Proclama” del Libertador. En esa misma fecha Simón Bolívar también dicto su “testamento”.

El Libertador está gravemente enfermo, herido en el cuerpo y el espíritu, pero en su sano y cabal juicio como él mismo declara. Ha estado teniendo episodios de delirio nocturno, porque los rigores de su épica vida han sido el acicate de la enfermedad, amén de que la herencia es la semilla del mal porque su madre había muerto del mismo padecimiento.  El médico tratante, el francés Dr. Alejandro Reverend, quien legó para la posteridad un documento de suma importancia que se conocerá como “La última enfermedad y los últimos momentos del Libertador Simón Bolívar”, nos permite acercarnos al diario morir del Libertador. El día 10 de diciembre, cuando Bolívar produce los documentos, deja indicado en sus anotaciones: “…no le reparé la menor falla en el ejercicio de sus facultades intelectuales…”

Por otra parte, el historiador Tomas Polanco Alcántara, en su ensayo biográfico documental del Libertador, hace el análisis grafo – técnico de esos papeles y concluye que es la firma de Bolívar – vacilante -, pero suya. Conseguir el material para el análisis comparativo es fácil, ya que versa sobre la rúbrica de un hombre que tenía la habilidad de dictar a cuatro amanuenses al mismo tiempo sobre temas diversos, y quien suscribió más de 10.000 documentos: si algo se consiguen son firmas autógrafas de Simón Bolívar para compararlas con estos documentos terminales.   

El titán está lastimado en lo que le es más caro: se duda de sus intenciones y se le ataca a tal punto que el presidente encargado Caycedo, lo hace acompañar por un batallón de granaderos en su salida de Bogotá, no como parada militar en honor al héroe, sino para protegerlo de las turbas públicas y de las conspiraciones asesinas. El mismo hombre que fue objeto de obsequios por parte de la familia de Washington, que tenía en su poder libros de la biblioteca personal de Napoleón, tiene que salir de manera furtiva del país al cual le regaló su libertad.

Es un paria y un condenado a muerte por el gobierno venezolano (¡cuánta mezquindad!) presidido por el general José Antonio Páez; aunque valga señalar que el “Centauro”, en un gesto que lo engrandece, posteriormente se arrepiente, se da cuenta de la ignominia cometida y en un mea culpa nos deja saber en la primera parte de su autobiografía que después de ese evento tenía que haber terminado su vida pública.

El hombre aclamado por multitudes en el cenit de su vida parte totalmente solo al destierro. Antonio José de Sucre “el más digno de los generales” va rumbo a Ecuador a reunirse con Mariana y a conocer a su hija; Manuela se ha quedado en Bogotá en custodia de su memoria; el general Rafael Urdaneta se siente ofendido por la injusta predilección que siente Bolívar por Sucre, pero aun cuando no está para despedirlo o acompañarlo, lo perdona y  su amor por el Libertador y su legado al poco tiempo lo reivindicará; Páez lo ha execrado y Santander lo traiciona.

Han horadado su gloria, lo más preciado que tiene. Es todo ruina física y moral aquel gigante. Dice el Gabo, cuando perfila a aquel hombre metido en su laberinto, que al momento de embalar las pocas pertenencias que posee para navegar por el río Magdalena rumbo al exilio, mientras su fiel mayordomo pone en unas pocas cajas sus ya muy escasas pertenencias, el Libertador le susurró, cómo quien reflexiona sobre la pequeña talla de su pie: “Nunca hubiéramos creído, mi querido José, que tanta gloria cupiera dentro de un zapato

Esa última proclama es el testamento “político” de Bolívar en el que recoge sus postreras disposiciones de continuación y la justificación de la actuación política que ha llevado a cabo, porque esas líneas nos exponen al hombre de la actuación política y su legado; de todo aquello que lo motivó en su actuación pública; y son otra muestra más de su inquebrantable desprendimiento y de su convicción vital: se ofrece en inmolación para salvar el bienestar de Colombia; ese país que nació de su corazón y su espada y al cual ha dedicado todas sus energías y desvelos. Se le fue la vida en ello.

Con toda la lucidez característica del Libertador, de este documento se puede diseccionar lo que ha perdido a Colombia. La disolución empieza con él porque él era la amalgama del sueño grancolombiano, el catalizador de ese propósito. Si se abatía al ídolo, se abatía el proyecto: Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado: mi reputación y mi amor a la libertad y en sublime gesto de altruismo, al perder la confianza de su pueblo, se aparta: Me separé del mando cuando me persuadí que desconfiabais de mi desprendimiento”. Él se sacrifica si eso contribuye al bien.

Y ese linchamiento no solamente fue moral al poner en duda las intenciones de Bolívar y desconocer el enorme sacrificio personal que significó aquella gesta libertaria, sino que también fue un intento de derribamiento físico con el grotesco episodio de la nefanda noche septembrina. A pesar del daño moral que le han infligido, de los atentados contra su vida, del vilipendio, de los sobrenombres escatológicos, ultrajes y vituperios, Bolívar hace gala de su grandeza y les dice: Yo los perdono, mostrándonos al líder que persigue el bien, a pesar de sí mismo, haciendo un poderoso llamado: “todos deben trabajar por el bien inestimable de la unión…/… ¡Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro!”

Atendamos a este llamado del Libertador en esta hora aciaga que vive la patria; horas de división, de fracturas, de odios cainitas. Debemos los venezolanos unirnos con el fin común de rescatar a Venezuela, porque Venezuela requiere que sus hijos nos aliemos, dejando de lado los afectos banderizos o partidistas. El país nos reclama que ejerzamos el perdón y que nos unamos para consolidar un esfuerzo común de devolverlo a la senda de la mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”.

@rodolfogodoyp

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