Arepas en la distancia

Por: Linda D´ambrosio

Uno de los textos más conmovedores que recuerdo haber leído acerca de la vida de los emigrantes en el extranjero es Hijos de Venezuela. En él, Frank Calviño narra la experiencia que tuvo en España cuando una noche, a bordo del metro, vio cómo una pareja le ofrecía “una miga blanca, suave y harinosa” a su hijo de poco más de un año. Una reflexión lacerante devela la realidad del episodio: “Era la primera arepa de ese niño, fuera de casa, fuera de su patria, en un tren en Madrid (…) Igual que él, muchos niños comerán su primera arepa fuera de nuestras fronteras”.

Con un número respetable de venezolanos en la diáspora, resulta de interés el vínculo que mantienen con su patria quienes van creciendo en el extranjero, sobre todo cuando flota en el aire la idea de regresar, que Calviño concreta: “José Tomás, algún día, volverá a su patria. Muchos lo haremos. Y, si Dios lo permite, la última arepa la comeremos en casa, rellena de tricolor”.

Pocas cosas se afirman en el patrimonio común de un grupo humano como la gastronomía. Es por eso que me ha resultado de particular interés Soy la arepa, el libro recientemente publicado por Ximena Montilla, con el respaldo de Laura Stagno, María Elena Maggi, Clementina Cortés y Aitor Muñoz.

Ximena, radicada en Estados Unidos, es madre y educadora. Tras vivir en Alemania y España, decidió trasladarse a Atlanta. Allí fundó su empresa Clases Listas, en la que desarrolla materiales didácticos dirigidos tanto a profesionales que enseñan el español como lengua extranjera, como a familias de habla hispana interesadas en preservar nuestro idioma. Esta iniciativa ofrece también una alternativa laboral a cualquier hispanohablante que se proponga desempeñarse como profesor de español. 


Clases listas fue su respuesta al constatar que, pese a lo enorme de la comunidad hispana en Estados Unidos, podía encontrar en ella niños que ni siquiera sabían pronunciar bien su nombre, que no hablaban una palabra de español.

Ximena desarrolla el concepto de lengua afectiva: “El español es lo que soy, es lo que he hecho, es lo que fui. Es mi historia, son mis raíces. Es ese idioma que no me suena simplemente en el oído, que me transporta a los recuerdos que son parte de mi afecto. El español es la lengua que yo elijo para arropar a mis hijos en la noche cuando los voy a dormir, esté en un país de habla hispana o no; es la que elijo cuando mis hijos se caen y les digo sana sana, colita de rana. Entonces, mi forma de amar, mi forma de dar afecto, es a través de ese idioma que es el español”.


Soy la arepa, que forma parte de esos materiales didácticos, es un libro para niños. Escrito en verso, sirve a diferentes propósitos: si bien constituye un poderoso estímulo a través del colorido de que hace gala en sus ilustraciones, realizadas por Laura Stagno, también favorece la vinculación del niño con nuestra cultura y nuestras tradiciones, al tiempo que propone la elaboración de arepas de colores, una receta que la autora recupera del recetario de su abuela, que es nada menos que la célebre Lutecia Adam.

“Si yo tenía que escoger algo que simbolizara mi país, algo que somos nosotros los venezolanos, yo creo que la arepa es la mejor elección. La arepa es referencia, hogar, celebraciones, familia… Es encuentro, es sabor, es multiculturalidad y diversidad. La arepa es la Venezuela que yo tengo en mi corazón, y este emprendimiento es mi forma de mantener mis tradiciones y de dibujar ese futuro que yo espero para Venezuela”, afirma Ximena. 

Quizá, con iniciativas como esta, podamos impedir que los que estamos lejos perdamos algo más que la tierra.

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