Reír es la única salida

Por Juan Eduardo Fernández “Juanette”

Ilustración: Alexander Almarza @almarzalae

Ya es trillado decir que 2020 es un año para el olvido, hemos escuchado hasta el hastío que este momento es el peor de la historia. Aunque si investigamos un poco descubriremos eso mismo se dijo en otros periodos de la humanidad, como la peste negra o las guerras mundiales, entre muchas otras terribles que han ocurrido desde que el mundo es mundo.  Pero en esta mi última columna del año no voy a hablarles de lo malo, más bien quiero hacer un balance de lo positivo que me ocurrió en este confinamiento pandémico.

Mi sueño de tener un show en La Calle Corrientes de Buenos Aires se hizo realidad, pero también se truncó por la pandemia. Sin embargo, pude haberme encerrado a llorar y no hacer nada, pero me adapté y busqué otra beta para hacer comedia. Ojo no soy un campeón por eso, fueron muchas personas las que decidieron reinventarse y seguir adelante.

Una de las primeras cosas que me regaló esta época fue mi reencuentro con la escritura, y con uno de mis grandes maestros de periodismo Enrique Rondón, quién fue el primero en darme un espacio para publicar mi columna, que hoy día se pública desde varias ciudades del mundo. Además, otro de mis hermanos de la vida, Alexander Almarza se ofreció para ilustrar mi columna, lo que, además de ser un honor para mí, se lo agradeceré siempre, pues es la excusa perfecta para hablar con él cada semana.  Y ni hablar de mi querido Daniel Benavides, quien desde Barcelona me convenció para lanzar mi web.

El asilamiento preventivo y obligatorio me permitió también leer todos los libros que tenía pendiente, y reconectarme con espectáculos y programas de comedia como: La hora chanante, Les Luthiers, Muchachada Nui, entre otros. También volví a escuchar artistas que forman parte del soundtrack de mi vida, entre ellos, Charly García, Spinetta, Fito, Caramelos, Amigos Invisibles y hasta Simón Díaz, lo que me trasladó a los viajes al campo con mi papá y mi abuelo en Venezuela.

Otro de los hermosos dones del confinamiento fue la oportunidad de conectar con personas de mi pasado y mi presente, a las que tenía olvidadas, por la tonta limitante de “estar tapado de trabajo”. Y qué decir de las amistades nacidas este año, relaciones que nacieron en el encierro y que se abrieron camino ante los obstáculos, como ciertas conversaciones culinarias, sobre todo de pastelería, que ahora van decantando algo maravilloso (¿No es cierto “C”?).

Pero el regalo más hermoso sin duda alguna es haber podido pasar más tiempo con mis hijos y ser testigo de cómo se adaptaron y triunfaron. Ellos dos me enseñaron y aún me enseñan, que todo lo que vivamos juntos será parte de nuestro tesoro; Que está bueno trabajar y poder comprar lo que uno quiera, pero es aún mejor disfrutar del tiempo y la compañía de las personas que amamos. 

Ahora viene párrafo bajón, pero no tan bajón: Muy a mi pesar creo que 2021 no será muy distinto a 2020 en cuanto a la cuarentena, la pandemia y todo eso. Pero lo positivo es que ya aprendimos a surfear la ola, por lo que obviamente será más llevadero. Viviremos momentos de felicidad, pero también algunas cosas no tan gratas. Mi receta para la primera es aprovecharlos al máximo, y para la segunda aprender de ellos.

En la entrada (que también es la salida) de mi departamento tengo un cuadro de Andreu Buenafuente sosteniendo una obra suya que dice “Reír es la única salida” … y no puedo estar más de acuerdo con Andreu, pues hasta en el apocalipsis nuclear, la pandemia o cualquier otra vicisitud, la risa es ese escape que nos hace saber no solo que somos humanos, sino que esto también pasará y podremos seguir adelante.

Qué tengan un 2021 de muchas enseñanzas y sobre todo mucha salud.

Dios nos bendiga.

@SoyJuanette

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