¡NO HAY FUEGO EN EL 23!

Por: Daniel Godoy Peña

“Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”

Antonio Machado

El pasado 23 de enero se cumplió un aniversario más, 63 para ser exactos, de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez. Para muchos esa fecha significa el nacimiento de la era democrática, la más próspera de nuestro país en lo político, económico y social, también se asume como la etapa de consolidación de la institucionalidad y de la pacificación, así como la época de mayor relevancia del bipartidismo. Muchos sostienen que con el 23 de enero de 1958 llegaron a su máxima expresión los últimos liderazgos políticos e intelectuales más relevantes del siglo XX venezolano: Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, Jóvito Villalba, Teodoro Petkoff, Raúl Leoni, Lorenzo Fernández, por  solo mencionar algunos.

Pero las preguntas más relevantes serían: ¿Qué significa hoy, en pleno siglo XXI, el 23 de enero para la mayoría de los venezolanos?, ¿Qué significó el que hayamos tenido esa época de “esplendor” democrático y de crecimiento económico, que es motivo de suspiros y recuerdos de nuestros padres o abuelos?, ¿Cómo esa fecha que dio inicio a nuestra democracia pudo terminar de forma poco memorable luego de 40 años, cuando con el ascenso al poder de Hugo Chávez en 1998 se dio al traste con tanto trabajo, sacrificio y aprendizaje, y con la famosa “4ta República”?

La caída de Pérez Jiménez, trajo sin dudas cambios significativos en la vida política del venezolano, porque permitió el regreso al país de un grupo de dirigentes políticos que se encontraban en el exilio, la liberación de otros que estaban presos y la vuelta a la vida pública de otros tantos que permanecían en la clandestinidad. Todo esto sumado a que, por primera vez en nuestra historia republicana, el estamento militar estaría sometido al civil y se lograría el pacto político de gobernabilidad y la Constitución más estable y duradera -hasta la fecha- como lo fue la de 1961.

Durante ese período de 40 años nuestro país atravesó una diversidad de problemas y dificultades que, sin duda alguna, forjaron el carácter de una generación que vivió de primera mano desde intentos de magnicidio, golpes de estado, combate a la guerrilla, la primera transición democrática de un presidente a otro de un partido distinto, la madurez de obras de infraestructura y de planificación que tuvieron sus primeros ejemplos en el modelo perezjimenista y que, gracias al boom económico producto de los altísimos precios del petróleo y la nacionalización de nuestras industrias básicas -sobre todo de la petrolera- hizo que Venezuela viviera la ilusión de creerse un país del primer mundo y se iniciase una tendencia marcada por la intervención de Estado como el gran empleador y motor de la economía. Venezuela cometió el gravísimo error de creer que la intervención estatal era la vía más rápida para la generación de riquezas y la movilidad social,  sin darnos cuenta que, a la vez, también se estaban inoculando en nuestro sistema un conjunto de males y vicios como la corrupción, el irrespeto al Estado de Derecho, el crecimiento de la pobreza y la miopía del sistema bipartidista para ver, entender y atender las necesidades de una, parte de nuestra sociedad cada vez más grande, que se sentía desatendida y no representada.

La primera advertencia que tuvo el “Sistema” nacido del 23 de enero fue la candidatura presidencial de, Renny Ottolina, en 1978, quien con su excelente capacidad para comunicar, sus mensajes inspirados en el pensamiento bolivariano, el nacionalismo y sus críticas al sistema, dejó al desnudo en el imaginario colectivo las falencias de nuestra democracia; y que, más temprano que tarde, volvería a dar una nueva muestra de su fragilidad con el “viernes negro”, fecha que marcó un antes y un después en la política económica venezolana y que agudizó la crisis social que empezaba a recorrer nuestro pueblo.

En las elecciones de 1988 los venezolanos apretaron el botón de pausa a la crisis, creyendo que con el triunfo de Carlos Andrés Pérez, se revivirían las glorias y la abundancia de su primer gobierno; pero la realidad a veces es muy cruel y a los pocos días de su toma de posesión, esa realidad nos golpeó en la cara y estalló el Caracazo, la revuelta social más importante a la que tuvo que hacer frente nuestra democracia. Tras esos luctuosos eventos, nuestra democracia ya no sería la misma, y comenzó a sufrir de una enfermedad crónica que se agudizaría con las intentonas golpistas de 1992 que, aunque derrotadas por el gobierno, contaron con el beneplácito de una parte muy grande de la sociedad venezolana y de distintos sectores políticos, económicos y militares. Hay que decirlo: ya el daño era irreversible y los 5 años del segundo gobierno de Rafael Caldera, no pudieron hacerle frente ni detener el efecto arrollador del “Por ahora” del golpista, Hugo Chávez.

La llegada de Chávez al poder no solamente acabó con el ideal de democracia con la que se asoció al 23 de enero de 1958, sino que dejó plasmado que más allá de los muchos e innegables aciertos de los 40 años del modelo de Puntofijo, fueron más dolorosos y dañinos sus errores, sobre todo los de aquellos gobiernos que en la última etapa no fueron capaces de resolver los problemas de la gente. La dirigencia política tradicional se manifestó absolutamente incapaz de renovar su liderazgo y darles paso a las nuevas generaciones; los partidos políticos se convirtieron de a poco en agrupaciones con historia pero de sillas vacías; y las desigualdades derivadas del modelo neoliberal de principios de los 90 -y el ataque permanente de los medios de comunicación a un modelo moribundo- fueron el caldo de cultivo perfecto para que la democracia, hija del 23 de enero de 1958, muriera desahuciada.

Las nuevas generaciones políticas estamos llamadas a corregir esos errores cometidos por “La Cuarta”, que dieron lugar a la llegada de la revolución bolivariana que, en la práctica, ha llevado a su máxima exposición todos esos vicios. A quienes suspiran por el pasado y prefieren la vuelta a nuestra situación pre-Chávez les digo que no cuentan con mi apoyo, porque preferir ese sistema es meter en la ecuación las mismas variables que nos llevaron a este desastre. Respeto y admiro a algunos que sacaron del 23 de enero de 1958 lo mejor de nuestro país. En mi caso, que es similar al de muchos venezolanos que han dedicado su vida para desechar este modelo, no puedo poner mi empeño en el pasado ni en viejas glorias, por ello insisto en que tenemos y debemos centrar toda nuestra esperanza en la convicción de que todo tiempo mejor está por venir. A los artífices de esta tragedia que es el chavismo y a quienes han ayudado a profundizarla, independientemente del sector político al que pertenezcan, les decimos: de ustedes vamos a salir más temprano que tarde.   

@danielgodoyp