Zapatero a sus zapatos

Por: Daniel I. Godoy Peña

@danielgodoyp

Cuando todo indicaba que enero terminaría sin mayores sobresaltos, después que a principios de mes se instalara la nueva Asamblea Nacional, se retomara el esquema de 7×7 para la prevención del COVID- 19 y la mayor parte de la agenda noticiosa se inclinara al tema político, el pasado 27 el diputado Jorge Rodríguez, Presidente de la Asamblea Nacional, visitó la sede de Fedecamaras para sostener una reunión con la directiva del organismo empresarial: ¡no fue poca cosa!

El gobierno de Nicolás Maduro, es consciente de la precariedad que tiene en materia económica y sabe que esa es la principal preocupación de los venezolanos. Ante eso y casi sin ningún tipo de oposición política, ha decidido lanzarse a tratar de abordar el problema ocasionado por ellos mismos y por el modelo económico del socialismo del siglo XXI, sus restricciones, regulaciones y por la incapacidad evidente de la revolución en la administración y gestión de los medios de producción, así como en la prestación de servicios, deterioro que se ha profundizado ostensiblemente con algunas de las sanciones que fueron impuestas por la administración de Trump.

Por otro lado, los pocos empresarios que aún se encuentran en nuestro país; bien sea por decisión propia (todavía creen en la capacidad de recuperación o simplemente se niegan a darse por vencido), o porque no tienen la opción de poder migrar sus operaciones a otros países, toman el riesgo de establecer una relación con el Gobierno para así tratar de implementar lo que mejor saben hacer: generar producción, empleo, bienes, productos, servicios y, por supuesto, ganancias.

Si hay un sector que ha sido golpeado por estos 22 años de gobierno, sin duda alguna, ha sido el sector empresarial, no solo el local, sino también la inversión extranjera que, a medida que fueron imponiéndose las políticas de intervención, nacionalización, expropiación, regulación de precios y la penalización al realizar operaciones en moneda extranjera, llevaron a muchas empresas (sobre todo a las pequeña y medianas) a cerrar sus operaciones, mientras que a las extranjeras las condujo a instalar sus tinglados en otros países de la región con más libertades y menor riesgo.

El contexto de la reunión entre el Gobierno y Fedecamaras está determinado por la imperiosa necesidad de establecer parámetros de reconocimiento, respeto, cooperación y continua comunicación, que permita la reactivación económica, de un marco jurídico ajustado a la realidad y necesidades del país, de la sustitución progresiva de importaciones de algunos bienes sin ningún tipo de impuestos, etc. El empresariado nacional necesita también una protección contra la “economía del bodegón” que le permita competir en igualdad de condiciones. Pero no todo lo necesario para que el tema económico más o menos se empareje depende de las concesiones del gobierno, pues los empresarios también deben asumir una serie de compromisos.

Aunque parezca obvio, el primer compromiso es ser empresarios, es decir, dedicar la mayor parte del tiempo a producir, generar empleos, desarrollarse económicamente, pero sin que esta actividad sea “contra” el Gobierno, o contravenga sus actividades políticas. Esto no quiere decir que los empresarios sean adeptos al gobierno o doblen la cerviz, sino que como dice el viejo refrán “cada quien es su casa y Dios en la de todos”. Tenemos ejemplos de sobra de las tentaciones que sufren los empresarios exitosos -y sobre todo en América Latina- de creer que con simplemente ser un buen gerente en el área empresarial se puede ser un buen presidente de un país: eso no es verdad. En nuestro caso hay que tener cuidado con eso, y debemos tener más cuidado todavía con aquellos ruines políticos que no pudiendo por su propio liderazgo emprender un camino de transformación, entonces venden -escondiéndose tras la figura de los hombres de negocios- una imagen de falso desprendimiento, ocultando sus falencias e intenciones.

El otro gran compromiso -y no menos importante- que tienen los empresarios, es ayudar al gobierno de Maduro para servir de intermediarios ante el nuevo gobierno de los Estados Unidos, en la búsqueda del levantamiento o la flexibilización de algunas sanciones que afectan la actividad comercial de nuestro país y que lesionan directamente la vida diaria de los más necesitados. ¿Qué deben pedir?: poder acceder a compra de los combustibles, que las empresas extranjeras de cualquier nacionalidad puedan invertir en los distintos sectores de la economía venezolana (hidrocarburos, minería, telecomunicaciones, etcétera) sin miedo alguno a ser sancionados por el gobierno norteamericano y que con ello se le quite la pesada carga al estado venezolano de arrastrar con un conjunto de empresas estatales, así como actividades económicas que no son productivas y que representan una pérdida de ingentes cantidades de dinero para la nación.

Por su parte, el gobierno tiene que asumir también sus compromisos y cumplirlos por el bienestar de la mayoría de los que aquí vivimos; y si de verdad quieren enderezar el desastre económico no se pueden dar el lujo de engañar a los empresarios. Por esa razón, el simple hecho de que la Comisión Permanente de Enlace esté presidida por Nicolás Maduro hijo -que puede que no sepa nada de economía ni de producción, pero que da muestras de la importancia que tiene el tema para el presidente Maduro- es un mensaje clarísimo por su parte. Y, por otro lado, la nueva Asamblea Nacional de abrumadora mayoría oficialista, debe emprender un trabajo legislativo que facilite y estimule la actividad económica, tiene que retomar las competencias constitucionales en materia económica, presupuestaria y tributaria que permitan mayor libertad a los empresarios y productores de nuestro país.

Los empresarios liderados por Fedecamaras decidieron valientemente, y sin importar lo que digan o piensen los radicales de ambos lados, asumir el camino del diálogo, la negociación y el debate de ideas sin ocultar su legítima y legal pretensión de poder generarse ganancias, porque no hay manera de que podamos salir de esta crisis sin un empresariado fuerte y productivo, que genere empleos bien remunerados, servicios de calidad, productos de consumo, etc., de modo que una parte de su rentabilidad pueda ser reinvertida en esta nación.

Ojalá todo salga bien y que el mensaje quede claro: “ni la empresa en política, ni el gobierno metido a empresario” porque para los primeros es una apuesta arriesgada y para el segundo una necesidad imperiosa; mientras que para nosotros los venezolanos la solución al grave problema económico que nos agobia depende, en buena medida, de que se cumpla esa premisa.

  @danielgodoyp

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