Brandt Graterol: de uno a otro género

por: Linda D’ambrosio

Con cuatro libros sobre tecnología de la información publicados, práctica como articulista en El Universal, numerosas colaboraciones en revistas como PC Magazine, Producto y Poder, y una vasta experiencia como director editorial de Ámbito Jurídico-Legis, no puede decirse que la escritura fuera algo ajeno a Leopoldo Brandt Graterol. Sin embargo, la ficción es otra cosa. No se trata simplemente de plasmar la información: hay, además, que crearla. Y es de este ejercicio de imaginación del que sale airoso nuestro autor en su primera novela: Cinco Puntas (Editorial Lector Cómplice).

Brandt Graterol explica que concibió la idea central de la obra ante un episodio que lo hizo sentir abrumado: “ojalá hubiera alguien que viniera y resolviera todos nuestros problemas, y que, además, hubiera alguien para protegerlo”.

El manuscrito de esta narración se vio archivado durante mucho tiempo: la intensa actividad del abogado y escritor, una vez establecido en Estados Unidos, lo mantuvo apartado de la revisión que amerita una obra de estas características. Más tarde retomó el proceso, que le llevó nada menos que cuatro años.

A pesar de ser hijo, nieto y hermano de médicos, tuvo que documentarse para abordar el argumento que desarrolla: un científico brillante, Lucius Green, involucrado en la generación de órganos para trasplantes a partir de células madre pluripotentes inducidas, desvía recursos de esa investigación hacia otro proyecto: la clonación de un hombre. Lucius quebranta así no solo las barreras morales relativas a la reproducción humana por esta vía, sino también las legales, lo que lo constriñe a actuar en el más estricto secreto, actitud que será considerada como una afrenta por sus más allegados. Pero, además, deberá enfrentarse a una consecuencia inesperada: su experimento tendrá una enorme repercusión mediática debido a la identidad del personaje cuyo ADN ha empleado para la clonación.

Brandt desarrolla una novela entretenida, empañada por algunos detalles que no impedirán al lector sumergirse en la historia, y bordea temas bastante polémicos. Uno de ellos es el secretismo que mantiene el Vaticano en relación a ciertos temas y su supuestamente inescrupulosa manera de proceder para cosechar beneficios económicos y políticos. Pero, al final, deslinda los asuntos mundanos y religiosos, y lo resuelve exonerando de responsabilidad al Sumo Pontífice, quien condena las acciones de algunos personajes y los destituye de sus cargos.

Una historia, aparentemente ligera, va complejizándose hasta generar cierto grado de tensión en el lector. Pródigo en descripciones y detalles, que harán las delicias de quienes gustan de ese estilo, el escritor nos ofrece un relato pormenorizado que no deja cabos sueltos. Es una estructura bien armada, en la que cada pieza cumple una función y en la que los nombres de los personajes preconizan el rol que están llamados a desempeñar en la trama, no exenta de una cierta ternura que se refleja, por ejemplo, en el científico que sucumbe ante lo inexplicable y se deja llevar.

La respuesta del clon frente al estupor de Lucius, cuando lo encuentra en un lugar inesperado (le dijo que siempre había estado con ellos); la afirmación de que la realidad es la que nosotros mismos creamos, o la idea de que en este mundo hay muchísimos ángeles (…) que se distinguen a partir de sus acciones, traslucen el sistema de creencias de Brandt Graterol.


El autor, en suma, procura transmitir un mensaje de esperanza: “¿Va a venir alguien eventualmente? No lo sabemos. Pero creo que uno no puede perder la fe, y esa es la puerta que queda abierta al final de la novela”.

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