UNA MIRADA DESDE ADENTRO

Por: Daniel Godoy Peña

“Las personas solo cambiamos de verdad cuando nos damos cuenta de las consecuencias de no hacerlo”.

Mario Alonso Puig

Hoy he decido dejar de lado el tema político y aprovechar el inicio de La Cuaresma para compartir con ustedes algunos pensamientos y reflexiones que, pueden ser de utilidad independientemente de si es usted católico, musulmán o profesa otra religión; la búsqueda del bien propio, del de nuestros seres queridos y de la comunidad que nos rodea es un llamado universal, no es patrimonio exclusivo de alguien, por tanto, debe ser una búsqueda constante de cada uno de nosotros.

Para quienes practicamos el cristianismo, el tiempo de Cuaresma esta dedicado a la reflexión, a la oración, al ayuno y a la abstinencia para preparar nuestra alma, mente y corazón para acompañar a nuestro Señor Jesucristo en su pasión, muerte y resurrección. Pero ¿Qué significa toda esta preparación si no somos capaces de crecer, sacar lo mejor de nosotros y preocuparnos por los demás?

Hace un año no teníamos ni idea de lo que se nos avecinaba; nunca imaginamos que algo como un virus -cuyo brote se dio en la provincia China de Wuhan, a miles de kilómetros de distancia- que veíamos como muy lejano podría llegar a cambiar nuestras vidas de forma tan repentina y radical, pero llegó, y transformó nuestras rutinas y modus vivendi en algo que solo habíamos visto en películas de ciencia ficción; nos llenó de miedo y por obvias razones medicas nos ha llevado a vivir el aislamiento más prolongado que se conozca en la historia de la humanidad. Este aislamiento, cuarentena o distanciamiento social nos colocó frente a una realidad que, aunque parezca obvio, suene absurdo y tratemos de minimizar no es otra realidad que “Nosotros mismos”

Al principio como toda novedad y frente al miedo que supone contagiarse, el asilamiento fue visto por mucho “como una especie de protección, como un proceso que no podía durar mucho”, así que dábamos poco crédito a las voces más especializadas cuando de forma descarnada y cruda decían que esta situación podía durar hasta 2 años. Conforme el tiempo fue avanzando, fue creciendo en nosotros el desánimo y la frustración, ambos se hicieron cada vez mayor y a cuenta gotas fue como empezamos a asimilar lo que significaba “La nueva normalidad”

Esta etapa nos ha hecho -en múltiples ocasiones- preguntarnos a nosotros mismos, a nuestras familias, amigos y conocidos ¿Cómo deberíamos afrontar esta nueva realidad y cuál debería ser el proceso de aprendizaje que deberíamos tener ante tamaña situación, cuando el agobio económico y la rutina de estar en el hogar todo el día, han sembrado en nosotros tristeza o desesperanza? No pretendo en estas líneas dar todas las respuestas, pero si desde mi perspectiva aportar algunas ideas.

Como decía Antoine de Saint-Exupery “Lo esencial es invisible a los ojos”; el gozar de salud, el que usted y su familia estén sanos o que se haya contagiado y haya podido superar la enfermedad es motivo de reflexión y agradecimiento ¿Cuántos de nosotros no conocemos a un ser querido o amigo que lamentablemente perdió su vida por el virus?, debemos pues compadecernos del dolor de sus familiares y allegados. Eso que es “invisible a los ojos” que son nuestras potencialidades, inteligencia y capacidades (algunas de ellas desconocidas para nosotros) debemos transformarlas en una maravillosa oportunidad de aprendizaje, de resiliencia y de buscar entender con ellas que todo tiempo mejor está por venir y que toda situación es pasajera.

Todo proceso de conocimiento interior no puede estar completo sin la comprensión de lo que nos rodea y especialmente de quienes nos rodean. El mantenernos tanto tiempo en familia nos ha ayudado a comprender mejor a nuestros seres amados, a veces -y por nuestra naturaleza- creemos que lo importante es convencer y no comprender, sobre todo quienes tenemos la responsabilidad de criar a nuestros hijos, aquella frase que reza que “los hijos crecen y uno no se da cuenta” no es aplicable a esta etapa. En este año y lo que falta para que podamos retomar nuestra normalidad, no solo nos dimos cuenta que crecieron, sino que pudimos verlo día a día e influir de forma más directa que nunca, con nuestros errores, pero también con nuestros aciertos. Ese constante trajinar, en el que además de padres hemos sido maestros y hasta entrenadores de futbol o de educación física, han sido una maravillosa oportunidad para aprender de ellos y comprender a sus docentes y profesores, de descubrir en nuestros hijos habilidades, destrezas e incluso defectos que en nuestra cotidianidad nos hubiese tomado más tiempo detectar e incluso no llegar a conocerlas.

Adicionalmente, este proceso de aprendizaje no estaría completo si no hemos sido capaces de comprender las necesidades y carencias de los prójimos, para conectarnos con ellos y de esta manera ayudarlos, ¿Quién de ustedes, mis apreciados lectores, no ha tenido un gesto de generosidad o ayuda con un vecino, conocido o con un amigo que se encontraba en apuros? Este “distanciamiento” no puede ser una excusa para aislarnos en nuestros propios problemas y pensamientos, por el contrario, tiene que ser una oportunidad para extender la mano a quien la necesite y eso no pasa por actividades extraordinarias o que supongan un esfuerzo sobrehumano, sino por pequeños detalles, desde un mensaje para preguntar cómo está esa persona que queremos o una simple llamada para escucharlo.

Toda esta situación va a mejorar más temprano que tarde, y así como el mundo cambio para siempre después de la pandemia, nosotros también tenemos la obligación de cambiar para mejor, no dejarnos llevar por el desanimo ni la desesperanza y dar paso a la alegría. Como bien escribió el médico español Mario Alonso Puig “la alegría es la recompensa al esfuerzo y la perseverancia… la consecuencia de un tipo de vida coherente, realista, en búsqueda de metas constantes que nos hagan mejorar y servir a los demás por encima de los avatares y de las luchas continuas… La vida merece la pena cuando hay retos, grandes desafíos y rebeldías nobles que llevan a apostar por conseguir ser lo mejor posible”.       

@danielgodoyp