La Enseñanza de la historia ¿genera ciudadanía? (II)

Por: Fernando Vizcaya Carrillo.

El Problema

Ya decía el Libertador en su discurso de angostura “Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio; no hemos podido adquirir, ni saber, ni poder ni virtud”. ¿Qué significado tiene todo esto? No hemos logrado buscar ni adquirir conocimientos suficientes; la función más natural y propia del ser humano; no hemos adquirido el arte del buen gobierno que es la relación social mínima con el otro en la ciudad, (pues el hombre es animal de naturaleza social) y tampoco hemos llegado a adquirir buenos hábitos para la acción corporal (artesanías y producción de artefactos) ni para la  acción intelectual (discurso y pensamiento lógico, para la deliberación ciudadana y sus acuerdos posteriores).

Esto sigue siendo real y angustiante. A doscientos años del discurso de Angostura, nos preguntamos ¿por qué no hemos logrado esas metas? ¿Será un sistema de instrucción deficiente, o un sistema educativo sin fines claramente definidos o diseñados torpemente? o lo que sería peor, ¿pensados con poco tino? ¿Hay algo en nuestra estructura social que puede estar en la parte nuclear que es la familia, o en la estructura de las tradiciones, o en nuestra constitución natural de raza, o en las fuerzas de tradiciones o tendencias atávicas que no está funcionando bien?, ¿y que impiden la verdadera formación del buen ciudadano, de la persona productiva para un desarrollo cónsono con los anhelos del hombre?

Las preguntas que surgen, cuestiona inequívocamente los métodos utilizados en la enseñanza de la Historia y nos hacen meternos en la investigación de tal manera que se puedan elaborar o sugerir soluciones o caminos. No estamos acertando en la formación de ese ciudadano requerido por la patria en estos momentos. Escribe Ortega en La Historia como Sistema, unas consideraciones que nos pueden ayudar en esta búsqueda: “El hombre necesita una nueva revelación. Porque se pierde dentro de su arbitraria e ilimitada cabalística interior cuando no puede contrastar ésta y disciplinarla en el choque con algo que sepa a auténtica e inexorable realidad. Este es el único verdadero pedagogo y gobernante del hombre. Sin su presencia inexorable y patética, ni hay en serio cultura, ni hay Estado, ni hay –y es lo más terrible- realidad en la propia persona humana”. (67)

Las maneras como se usan las redes sociales, van generando una ruptura con los principios éticos que siempre nos han servido para mantener un mínimo grado de civilidad. Las diferentes manifestaciones de violencia, vienen como consecuencia de haber eliminado la verdad, en la transmisión de experiencias que nos podrían ayudar a mejorar conductas,  que en este momento son perjudiciales. Eso ha sucedido antes, y la memoria de sucesos, no nos ayuda, así que debemos buscar otros caminos.

Las propuestas están en varios sitios. Algunas son viables, pero requieren de personas de pensar recto en las posiciones gubernamentales. Nos aproximaremos a esas sugerencias en los próximos artículos.

fvizcaya@gmail.com

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