COMANDANTE, TU LEGADO SIGUE INTACTO…

Por: Daniel Godoy Peña

Todos los días seguimos escuchando a los autodenominados “chavistas originarios” sostener, pública y privadamente, que la culpa de los errores, los vicios, la corrupción y las atrocidades del gobierno del presidente Chávez no serán nunca atribuibles al “Comandante Eterno”, sino que la responsabilidad siempre debe recaer en aquellos que lo rodeaban pero que no entendían la esencia del mensaje revolucionario, o más simplista aún, que se aprovecharon de su “magnánimo líder” para sacar beneficio de las responsabilidades de gobierno que Chávez les asignaba.

Con esta premisa -o excusa, dependiendo del lado que usted lo quiera ver- se fueron tejiendo durante el mandato de Hugo Chávez gigantes entramados de corrupción, de desidia, de ineficacia, de clientelismo y de aprovechamiento de los bienes del Estado que, trajeron como consecuencia, entre muchas otras, el deterioro de nuestras industrias básicas; la destrucción de las compañías prestadoras de servicios y el surgimiento monstruoso de un aparato burocrático cada vez más grande, bajo un esquema donde el estamento militar tenía cada vez mayor influencia. A esto debemos sumarle que, en la mayoría de los casos, ni en los ministerios ni en las empresas del Estado, estaban los más capaces o los más preparados, sino los más aduladores.

El repaso de esos años del apogeo chavista es sin duda desolador, porque es evidente que se hizo norma general la descarada politización y el adoctrinamiento que provocaron que el Estado dejara de cumplir sus funciones fundamentales, para convertirse en reducto del PSUV, engrosar así su maquinaria electoral y garantizar, descaradamente, la permanencia en el poder de la revolución y la supervivencia de sus líderes.

Es devastador observar como las empresas estatales, PDVSA la más significativa de todas, se transformaron y fueron mutando en su objetivo principal para convertirse en una especie de tiendas por departamentos, donde se vendía a la vez petróleo, comida, bauxita, medicinas, cemento y electrodomésticos, es decir, que todo aquello que sirviera para complacer el desafuero de Chávez y aumentar el clientelismo era visto con fruición revolucionaria. ¿Cómo olvidar aquel incontrolable ejercicio de sectarismo cuando se declaró que PDVSA era “roja rojita” con la entonación propia del rotacismo de su declarante?

La enfermedad del presidente Chávez en 2011, su traspaso del legado revolucionario a Nicolás Maduro en diciembre de 2012 y el posterior deceso del fundador en marzo de 2013, marcaron un parteaguas en la historia política, económica y social de nuestro país, tanto para los chavistas como para la oposición. Un sector de los primeros, en algunos casos, creyó que podía mantener sus cotos y parcelas de poder sin menoscabo, porque su influencia se la debían al Comandante, a su compromiso, a su fidelidad y a su leal trabajo para él. Por su parte, para la otra fracción del chavismo el nombramiento de Maduro llegó como una oportunidad de surgir y desbancar a la antigua élite, sustituyendo de a poco y permanentemente, las “piezas claves” de los febreristas y, obviamente, el legado del Comandante Eterno. La oposición venezolana, ilusamente, creyó y se convenció de que ya no existiendo Chávez y con Maduro gobernando, el cambio político no solo sería más fácil, sino también más rápido.

Hoy, casi 10 años después de permanecer el presidente Maduro en el poder -y en medio de una terrible crisis-, es asombroso escuchar a algunos de los antiguos ministros y dirigentes chavistas increpando al gobierno por haber destruido y pasado por un trapiche el legado del hijo predilecto de Sabaneta. ¡Cuánto caradurismo!

La mayoría de los venezolanos nos preguntamos ¿A qué o cuál legado se refieren estos exfuncionarios que, según ellos, está destruyendo Maduro?, porque si se refieren a la corrupción, a la ineficiencia, al populismo, a los recursos mal administrados, a las obras inconclusas y al deterioro de los servicios básicos como el agua, la electricidad, el gas o el internet, no solo se ha mantenido la herencia, sino que se ha aumentado su valor con creces. Es cuando menos una burla para el pueblo venezolano -y sobre todo para quién creyó en la revolución bolivariana– que ahora vengan a decir quienes fueron sus arquitectos y sentaron las bases del desastre en que vivimos, que con Chávez esto no pasaba y que los que acompañan a Maduro se han apartado de la línea y la visión del socialismo del siglo 21.

El desastre de la gestión de Maduro es indefendible, porque ha llevado a su máxima potencia el deterioro de nuestro país, pero esta situación no empezó en el 2013. La violación de los derechos humanos, los presos políticos, las expropiaciones y nacionalizaciones, los desfalcos con las plantas de generación termoeléctrica, el fracaso de los centrales azucareros, la absoluta carencia de una política económica estable, el control de cambio, las obras inconclusas como el metro de Guarenas, la paralización del sistema ferroviario Ezequiel Zamora, la ruina de nuestro sistema de salud público y del IVSS, sin dejar por fuera la destrucción y el deterioro de nuestra industria petrolera, entre centenares de ejemplos, son la prueba más palpable de lo corrosivo y dañino que ha sido para Venezuela el chavismo y sus derivados en el poder.

Pero, cuidado, porque desde el extremismo opositor bobalicón se escuchan algunas voces alentando, y hasta apoyando, a los antiguos ministros y personeros del gobierno del presidente Chávez solo porque fustigan al gobierno de Maduro, pero hay que entender que esto que atravesamos es también responsabilidad de ellos, que no les importa ni les importó Venezuela, sino sus intereses personales y que no aceptamos que vengan con sus caras de “yo no fui” a tratar de hacernos creer que por haber sido parte del equipo de Chávez están exentos de responsabilidad.

Chávez murió, pero su legado de miseria, desigualdad y deterioro sigue a paso de vencedores.

@danielgodoyp

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