“Al maestro, con cariño”

Por: Daniel Godoy Peña.

A pocos días para que se cumpla un año de la declaratoria del estado de emergencia en Venezuela por la llegada del COVID-19 es mucho lo que hemos podido aprender, reflexionar y descubrir sin dejar de lado los temores, incertidumbres y pesimismo que nos llegó a invadir en algún momento frente a una situación inédita en nuestras vidas, que nos sacó de la “rutina” y de nuestra zona de confort para llevarnos a un encierro y un aislamiento inspirado en el miedo. Los expertos decidieron denominarlo “distanciamiento social” pero independiente del nombre que usted quiera darle a esta situación, sea pandemia, desgracia, virus chino o nueva normalidad, debemos hacer un alto en el camino y pensar en todos aquellos que nos han ayudado a transitar este proceso.

Cuando empezó la pandemia -y como era lógico- nuestros primeros pensamientos y sentimientos estaban con los médicos y con el personal sanitario que hizo frente y atendió a los contagiados por el virus y que, sin mayor información sobre la evolución del mismo, ni acerca de los tratamientos a aplicar, pero con una gran mística y en cumplimiento de su juramento hipocrático, fueron la primera línea de combate contra la enfermedad. A medida que el proceso fue avanzando y que buena parte del mundo encontró alternativas y empezó a conocer y entender más al virus, los seres humanos necesitábamos de a poco tratar de enfrentar con las herramientas disponibles el seguir con nuestras actividades.

Pero así como el personal de salud no ha tenido descanso y les manifestamos nuestro agradecimiento, respeto y admiración, hoy quisiera hacer una mención especial a un grupo de profesionales que con amor, dedicación y paciencia han hecho posible, antes y durante la pandemia, que nuestros hijos, sobrinos y nietos se puedan seguir formando, esta mención es para esos héroes anónimos que siempre han estado ahí y a quienes los padres pocas veces entendemos ni agradecemos su trabajo: los maestros, educadores y profesores.

Antes de la pandemia, al inicio de cada año escolar y dependiendo del grado o nivel que estuviese cursando el alumno, los padres y representantes solíamos asistir a una reunión introductoria para conocer a la maestra o al maestro y después de eso, salvo en casos muy concretos (entrega de calificaciones, reuniones sobre el desempeño del alumno, etc.) era poco común que mantuviésemos  una comunicación o relación cercana con quienes tienen bajo su responsabilidad la educación, formación y cuidado de nuestros hijos. Este tiempo de pandemia y de homeschooling como dicen los sajones, nos ha obligado a todos a intervenir de manera directa en el proceso educativo de los niños, y si bien es cierto que “los primeros” educadores somos los padres, no deja de ser menos cierto que pocos entienden la labor y el amor a su profesión que tienen los educadores para llevar a cabo su misión, principalmente en la etapa colegial.

¡Cuántas veces durante este proceso no nos hemos preguntado cuándo volverán nuestros hijos a clases, y advertimos que estamos un poco “desesperados” ya que en un año donde financieramente nos hemos visto tan golpeados el hecho de tener que atenderlos en su proceso de formación escolar nos complica aún más el desempeño profesional y el rédito económico!

Y debemos ser honestos: en la inmensa mayoría de los casos los padres no tenemos la suficiente paciencia ni la capacidad para poder transmitir el conocimiento a nuestros hijos, ni dedicarles el tiempo de repetir una y otra vez hasta que puedan entender y asimilar lo que se les pide. No con esto quiero decir que los padres somos unos descuidados o irresponsables, pero si advertimos que muchas veces los hijos-alumnos tienen la facilidad de sacarnos de nuestras casillas porque no entienden una operación matemática o porque no pueden quedarse tranquilos en el computador por unas cuantas horas. Y frente a esa realidad la pregunta es inevitable: ¿cómo logran los maestros y educadores, que igual que nosotros, tienen necesidades, familia, preocupaciones y que no son ajenos a ninguna vicisitud, dedicarse durante 8 horas diarias, 5 días  a la semana, 9 meses al año a enseñar, educar y formar a por lo menos 25 niños y jóvenes por aula con los que no tienen ningún vínculo afectivo?

Esos profesionales con una dedicación y mística asombrosas preparan día a día el material y actualizan sus conocimientos, para forma a nuestros hijos académicamente y también para que en el futuro sean hombres y mujeres de bien, con valores y virtudes. Este proceso de distanciamiento sin duda ha afectado el asunto educativo ha exigido a cada educador realizar un mayor esfuerzo para que esta modalidad de educación en casa sea lo más provechosa y productiva posible. No tengo dudas de que una de las mayores motivaciones de los maestros es el contacto diario con sus alumnos, ese que crea vínculos especiales de cariño y de respeto; el poder dedicarle más tiempo a aquel que más lo necesita o reírse con las ocurrencias propias de la espontaneidad de los niños; llamarle la atención a quienes no se portan bien, es decir, todo lo que implica el día a día en condiciones normales.

En primera fila hemos sido espectadores de cómo, sin amilanarse y con la responsabilidad que conlleva educar a otros y formar líderes, nuestros maestros “virtuales” han cumplido a cabalidad con su obligación por amor a su profesión y por respeto a sus alumnos. Particularmente en Venezuela este proceso ha sido más complicado por la falta de recursos, de servicios básicos como la electricidad, tecnología e internet, esto sin duda dificulta la labor, pero no ha sido nunca una excusa para no seguir adelante, sino un acicate para mejorar y exigirse más y, sin embargo, aun conociendo todos estos obstáculos, a veces sometemos a los maestros a los juicios más despiadados, cuando creemos que no están a la altura de lo que “pagamos” por la educación de nuestros hijos.

Gracias a ustedes maestros por educar y formar a nuestros hijos y recordando aquella famosísima película británica To Sir, With love (1967) protagonizada por Sídney Poitier; debemos insistir en darles las  gracias, ¡gracias por quererlos, estimularlos, respetarlos y hacerlos crecer como personas; vaya para ustedes toda mi consideración, admiración y respeto!

@danielgodoyp

Reporte Latinoamérica no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo.