Carlos Riazuelo en Madrid

En días pasados, uno de los más importantes medios españoles definía a Madrid como “el epicentro del exilio venezolano”. En efecto: unos cuatrocientos mil connacionales se han radicado en España, y entre ellos, se encuentra también desde hace poco una de las más destacadas figuras de nuestro ámbito musical: el Maestro Carlos Riazuelo.


Tras su experiencia con la Sinfónica de Louisiana, el famoso director de orquesta realiza una segunda incursión en la que fuera la patria de sus padres. Ya había vivido en Madrid en la década de los noventa, pero una invitación cursada por Luis Gómez Imbert para dar clases de dirección orquestal en la Florida International University ocasionó que se trasladara a Miami. No vaciló, pues, al escoger dónde radicarse cuando se planteó acometer una nueva etapa fuera de Estados Unidos. “Nos parece un país con una gran calidad de vida”, señala, explicando que prevé desplazarse por toda España en razón de la intensa actividad musical que hay más allá de la capital.

Entendemos que le lloverán las invitaciones para interactuar con entidades de otros países, y Riazuelo nos reitera su disposición a colaborar con ellas.

Carlos es una figura cercana y querida para todos los venezolanos, quienes lo asocian principalmente a la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, de la cual fue director artístico durante más de quince años: “Absorbía prácticamente todo mi tiempo”, afirma. De hecho, ese fue uno de los cambios que se produjeron cuando pasó a dirigir la Orquesta Sinfónica de Louisiana: “He disfrutado muchísimo estos 15 años en que he estado dando clases (además de continuar mi trabajo como director). Al estar concentrado en lo musical, sin la presión organizativa que conlleva la dirección artística de una orquesta profesional, y al poder estar en contacto con excelentes músicos de distintas ramas (instrumentistas, musicólogos, directores corales, banda, etc.), me he enriquecido mucho en muchas áreas. Contemplo ahora mi actividad como director desde una óptica mucho más completa, sin abandonar en absoluto el trabajo didáctico con la experiencia ahora acumulada. Me siento en un estado nuevo y grato de madurez musical”.

Le pregunto acerca del panorama actual de la música venezolana y lo define como una demostración de la fuerza del talento venezolano: “La actividad musical en Venezuela en estos tiempos de crisis (parafraseando a García Márquez), es verdaderamente hermosa y valiente”.

Parte de ese talento ha migrado también a Madrid, y ahora constituye la Orquesta Cruz Diez: “me parece hermoso que un grupo de jóvenes, muchos de ellos aún buscando trabajo estable, se reúnan a tocar simplemente por amor a hacer música, sin ninguna remuneración. Su joven director, Manuel Jurado, me parece un gran talento con un brillante futuro, sin duda. Víctor García y Yaneth Hurtado guían el proyecto con cariño y dedicación”.

Riazuelo desarrolló una meritoria labor pública a través de los inolvidables conciertos dominicales del Aula Magna y de sus fantásticas intervenciones en el Teatro Teresa Carreño, sobre todo durante aquellas temporadas de ópera que aspiraban a lograr la excelencia en cada una de las producciones.

Hoy en día se reconoce internacionalmente la calidad de los músicos venezolanos. Pero toda esa generación que cosecha laureles alrededor del mundo se formó teniendo como referente el trabajo, si se quiere pionero, de orquestas como la Municipal. Figuras de la talla del queridísimo Riazuelo prefiguraron el modelo a imitar y las huellas a seguir por esos que hoy dejan el nombre de Venezuela en alto. Seguiremos con interés sus pasos en Europa.

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