¿Sombrita para papá?

Por: Linda D´ambrosio

Cada lunes, durante muchos años, la Radio Rochela reseñó los diversos episodios del acontecer nacional. Exaltando los aciertos, retratando los padeceres del pueblo, creando personajes que, mediante la magnificación de ciertos rasgos, se convertían en estereotipos a los que hacer referencia, el programa componía un retrato bastante fiel de la realidad, velando con ojo crítico sobre el desarrollo de la cotidianidad, no siempre con refinamiento, muchas veces con una marcada vocación de denuncia y en todas las ocasiones con humor.


Traía consigo, a menudo, largas parrafadas críticas que, como si de un editorial se tratara, disertaban sobre algún evento reciente, efectuadas por ejemplo por Don Goyo Repollo o por Malula quien, efectivamente, terminaría siendo concejal por Unión Republicana Democrática. 


El programa había sido concebido por Tito Martínez del Box, un curioso y prolífero personaje, cuya historia de por sí requeriría varias páginas. Narrador deportivo e intérprete de banjo en su Argentina natal, había producido numerosos espacios en la radio de ese país, hasta que se trasladó a Venezuela a finales de los ’50. Acabaría por “reclutar”, en la Facultad de Arquitectura de la UCV, a varios estudiantes (Cayito Aponte, Charles Barry, Juan Ernesto López (Pepeto) y Beto Parra, entre otros), en cuyo espectáculo había percibido los rasgos que buscaba para dar vida a la idea que traía en mente. Fue así como, en 1959, comenzó Radio Rochela, al principio como un segmento de El Show de las Doce, y más tarde como programa autónomo.

Traigo a colación la raigambre de Tito Martínez del Box, porque ello podría explicar que en Argentina y Venezuela existieran dos versiones paralelas de un mismo personaje, cada una adaptada a su contexto. Me refiero a El Hombre del arbolito.

En efecto: tanto en el programa cómico argentino La Tuerca, emitido entre 1965 y 1974, como en Radio Rochela, figuraba un ciudadano, cuya inocente pretensión era sembrar una plantita. Para ello, requería obtener el permiso de una oficina pública. El sketch retrataba la visita semanal del personaje a las dependencias oficiales, en las que, en cada ocasión, se le pedía un nuevo e incomprensible requisito, comunicado a través de un funcionario descortés, un patán que procuraba atenderlo lo más rápido posible, pese a estar visiblemente desocupado. El hombre del arbolito acogía cada requerimiento con una paciencia infinita y cerraba el sketch con el inventario de los recaudos que debía aportar en su próxima visita, inventario que concluía con un alborozado “Y después… ¡sombrita para papá!”. Se apoyaba en la convicción de que efectivamente iba a lograr sembrar el árbol, permeado por una ingenuidad y una alegría demoledoras para el espectador.

La versión venezolana sumaba al oprobio el hecho de que el ciudadano tuviera que trasladarse de un lado a otro con el arbolito en brazos, el cual había comenzado por ser un simple esqueje, pero cuya envergadura aumentaba a los ojos del espectador semana tras semana. En la versión argentina, a su vez, se veía cómo en paralelo llegaba el vivo de turno, un individuo que siempre solicitaba la conformidad de las autoridades para propósitos de dudosa legalidad, y que era bien recibido y obtenía el visto bueno enseguida.

Radio Rochela se emitió semanalmente durante 50 años cosechando un total de 2.652 episodios. Hace ya mucho tiempo que dejó de televisarse y, sin embargo, cuán poco han cambiado las cosas. La burocracia sigue imponiendo trabas al ciudadano de a pie, mientras se doblega mansa ante la corrupción y fluye de la mano junto a los más oscuros propósitos.

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