Verónica Ortiz: vivir con diabetes

Por: Linda D´ambrosio

«A mí me diagnosticaron diabetes tipo I hace 26 años”

Así comienza la actriz y locutora Verónica Ortiz La Loggia, una de las figuras más activas de la cultura venezolana en Madrid, en donde se desempeña actualmente como productora de la revista radial culinaria Movida Gastronómica y de diversos espectáculos.


Verónica es la prueba viviente de que se puede convivir con la diabetes. Es bella y extraordinariamente inquieta: “La diabetes no me ha impedido hacer absolutamente nada. He trabajado en radio, en televisión, cine y teatro. He hecho todo lo que he querido. Tengo un hijo. He estudiado. He viajado muchísimo… No es un impedimento absolutamente para nada”. Y añade: “Yo pienso que se convierte en una enfermedad cuando la gente no se cuida». 


Verónica, además, ha utilizado la popularidad que le confiere el hecho de ser una figura pública para ayudar a otros. Es Educadora en Diabetes certificada, aunque, respetuosamente, prefiere usar la expresión motivadora en diabetes, para diferenciarse de los educadores, que habitualmente son profesionales de la salud.


En Venezuela interactuaba continuamente con el público para transmitir la idea de que se puede vivir bien siendo diabético, y colaboraba con diversos laboratorios farmacéuticos, con FADI, con Fenadiabetes y con el Centro Médico Docente La Trinidad, en donde todavía existe un campamento para niños con diabetes.


El haber transitado por el recorrido de la enfermedad facilita que pueda sintonizar con pacientes y familiares. Yo misma recurrí a ella, quien me acogió con el entusiasmo y la generosidad que la caracterizan. 

“En un principio fue duro, porque es una condición de vida distinta. No tienes conocimiento, no tienes información, te dicen que tienes que cambiar tu modo de vida, tus hábitos alimenticios… Me sentí súper triste, súper deprimida. En aquel entonces te prohibían los dulces. Y, aunque comprendo la importancia de alertar sobre las consecuencias de una diabetes mal cuidada, el médico que me tocó fue muy rudo”.

Posiblemente esa circunstancia determinó que Verónica incluyera en su repertorio una charla llamada Qué espero de mi médico, sensibilizando con respecto a la posición del paciente y subrayando la importancia del primer momento, cuando se le comunica que es diabético.


Verónica, quien actualmente emplea una microinfusora de insulina (“una especie de páncreas artificial”, explica), recuerda que todo mejoró cuando comprendió su realidad y dejó de luchar contra ella: “la aceptación no es pasividad o inactividad, sino el primer paso para actuar con éxito. El principal capitán de este barco eres tú mismo, con la guía del médico y otros profesionales del área de la salud. Los diabéticos tenemos que llevar un control diario, medirnos la glicemia varias veces al día…. Hay que saber calcular lo que vas a comer, aunque no tengo alimentos prohibidos, sino alimentos controlados”, dice, y enfatiza la importancia de un plan de alimenación adecuado y del ejercicio físico, ahora mermado, además, por el confinamiento.


Agradece al equipo médico que, con el doctor Marcos Lahera Vargas a la cabeza, la ha asistido en España, país en que también reside otra connotada educadora en diabetes venezolana, María de Lourdes Cartaya. 

“Al final, el mensaje que quiero comunicar es que todo lo que nos pasa en la vida es para avanzar, para crecer, para aprender, para evolucionar como seres humanos. Tenemos que ser siempre optimistas. Querer estar bien, saber que vamos a estar bien y hacer lo que sea necesario para estar bien”, concluye esta mujer admirable y generosa, que utiliza su posición y su conocimiento a favor de otros.


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