Bicicléctico

Por: Linda D´ambrosio

La bicicleta, como tema susceptible de ser versionado dando origen a infinitas variaciones, es el eje en torno al cual gira la obra de Luis Amado De Sousa, un venezolano que está dejando en alto el nombre de nuestro país dentro del campo de la plástica. Prueba de ello es su participación en distintos eventos que se celebran en la actualidad: la Primera Bienal Internacional de Escultura del Museo Luis A. Noboa Naranjo de Guayaquil, que se inaugurará el 28 de abril, y cuyos curadores son el también venezolano Nicomedes Zuolaga y la señora Gabriela González; el proyecto “Antes, Durante y Después”, desarrollado por Leonardo Hernández y Andarte en España; la exposición “Los Pilares” organizada por Arte Bortot en Panamá, país en el que el artista se encuentra radicado actualmente y en donde tendrá lugar en breve una muestra individual de sus obras, y el proyecto ARTENTI (arte en ti), una idea de Rafael Bogarín gracias a la cual el transporte público y las camisetas de los viandantes transformarán la ciudad en una especie de museo andante/rodante.


Hoy, 19 de abril, es el día mundial de la bicicleta, y es propicio el momento para hablar de la obra del artista, quien concibe este vehículo como “un objeto que es motivo de acercamiento entre las personas y recuerda con alegría nuestro niño interior”.

Luis considera que, aun cuando históricamente la obra de arte ha sido uno de los recursos empleados para denunciar abusos e injusticias, también es posible que sea primordialmente recreativa (“Muchos trabajos no necesitan mensaje: son bellos, y ya, y eso también es válido”). La obra tiene poder para despertar emociones, y en su caso, opta por rescatar lo esencialmente humano y reconciliar al espectador consigo mismo y con la vida: “yo quisiera que mi trabajo recordara eso, la alegría, que sea la contraparte de esa visión de los sentimientos con respecto al arte. También por eso escogí la bicicleta. Para muchas personas pudiera ser quizá banal o muy simple, pero para mí no lo es” explica el artista. “Me recuerda mucho cuando era niño, lo divertido que era andar en bicicleta. Quiero que sea alegre, que sea como un juguete, que lo veas y te deleites un rato, y te ayude un poco a relajarte”.


Conceptualmente, la obra de Luis Amado de Sousa ha ido sumando, al icono central de la bicicleta, otros símbolos: la silueta de una cabeza, el corazón, los árboles y, más recientemente, las sogas, que lejos de percibirse como un elemento que constriñe, como una alusión a las ataduras limitantes, a la agresión o al dominio, deben interpretarse como una forma de unión y seguridad. “Es una especie de cordón umbilical que nos une a todas las personas. Tenemos que buscar la manera de unirnos más socialmente”, explica. Se propone “buscar la esencia pura del objeto recreada en unas dimensiones que sugieren los altibajos del ser que la acompaña”.


A nivel formal, la obra parece un dibujo en que las líneas se hubieran densificado hasta cobrar tridimensionalidad, transformándose en objeto: siluetas de poca profundidad cargadas de dinamismo gracias a su posición en el espacio o a los vibrantes colores planos que las recubren, sobre los que a veces se superponen algunos trazos. El estilo revela al diseñador gráfico que vive en Luis, quien se formó a la sombra de artistas tan ilustres como Luis Guevara Moreno, Edgar Guinand, Abilio Padrón, Alirio Rodríguez o Nedo Mion Ferrario, incursionando, además, en el ámbito teatral, ya como actor, ya como artista plástico.

Vaya nuestro reconocimiento en esta fecha hasta este creador de figuras nítidas, maestro de la precisión y el alborozo, mientras hacemos votos por que siga cosechando éxitos y representando a nuestro país tan dignamente.

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