¿Por qué habla tan alto el español?

Por: Jean Maninat

Se preguntaba León Felipe en su exilio mexicano luego del colapso de la República española tras una cruenta guerra civil que aventó por el mundo a miles de españoles. Suturar la heridas tomó años y el país tuvo que pasar por el quirófano de la dictadura franquista que pretendió acallar e imponer una sociedad de incienso y paños negros. El dictador murió en su cama, y la sociedad se volcó al destape más espectacular y alegre del siglo pasado europeo.

Asistimos maravillados, entonces, a un proceso de transición único que desató una capacidad para encontrar espacios comunes de entendimiento entre sectores que hasta hace nada desconfiaban a rabiar los unos de los otros. Política, relaciones laborales, economía, artes plásticas, literatura, música, cine, periodismo, moda y hasta la parla de la calle se transformaron para marcar el ritmo y ser referentes de la modernidad europea. (Incluso el tradicional y proteccionista flamenco abrió sus oídos, gargantas, guitarras, palmas y taconeos a nuevas influencias).

Como llevada por un cauce, la sociedad se fue “normalizando”, pese a que los espectros del ayer pujaban subrepticiamente por recobrar los espacios perdidos a través de una violencia política cada vez más aislada. En las capillas de derecha e izquierda se prendían cirios y clavaban agujas en muñecos de trapo. A pesar de las murmuraciones y acechos, la democracia y la apertura de la sociedad terminaron imponiéndose sobre quienes anhelaban un pasado oscurantista o deseaban un presente cruelmente revanchista. Ambos extremos fueron rechazados por los anticuerpos democráticos recién desarrollados socialmente.

La elección a la Asamblea de Madrid ha traído ruidos de crispación y polarización política que se pensaba estaban desterrados por décadas de democracia. Sin querer queriendo se ha dejado colar un discurso (relato se dice ahora) de Ellos vs. Nosotros, de enfrentamiento entre bloques antagónicos, que presta un flaco favor a la confianza en la democracia. (Según una reciente encuesta de Eurobarómetro, 90% de los españoles desconfía de los partidos políticos. ¡Todos los partidos políticos!).

Transitar unas elecciones de carácter local -aún siendo Madrid- en medio de arrebatos de incontinencia verbal, como si se tratara una batalla definitiva entre dos bandos que marcaría el destino del país para siempre (como si de la caída del Frente de Madrid se tratase) supone un retroceso lamentable para España y Europa. La prédica de los extremos ha cobrado auge, (remember Trump) y debería darnos la certeza de que ningún país está a salvo de su maligna influencia. Menos aún ante los evidentes efectos de la terrible pandemia que no termina de marcharse.

No estaría mal bajarle dos al volumen de las imprecaciones mutuas: fascistas, comunistas, casta. León Felipe respondió a su propia pregunta: “Sin embargo, el español no habla alto… el español habla desde el nivel exacto del hombre”. Ojalá y también se escuchen en Madrid.

@jeanmaninat

Reporte Latinoamérica no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este articulo.