Barco parado no gana flete

Por: Daniel Godoy Peña

“Barco parado no gana flete” reza el dicho popular y la verdad es que esta conseja popular podría aplicarse a la oposición venezolana representada por el G4, o a una parte de ella, porque es evidente que hay actores políticos que pertenecen a los partidos del “gobierno interino” que decidieron no quedarse cruzados de brazos y mantener su actividad. Debemos recordar que, una cosa es realizar actividad o proselitismo político (esa es una parte de nuestro trabajo) y otra lo que denominamos la “operación política” que si es en el ámbito internacional se llama diplomacia, si es en el ámbito nacional podríamos denominarlo negociación o diálogo, y si es a lo interno de un partido podríamos definirlo como discusión entre corrientes o macolla.

Lo cierto de todo es que a principios de este año -y frente a la falta de una estrategia clara por parte de los partidos del #G4- algunos de sus militantes fueron, poco a poco, retomando las actividades de calle, pero no tanto para denunciar el desastre del gobierno de Maduro, sino para incorporarle cada vez con menos pudor las actividades de sus potenciales candidatos. Esta estrategia de calle comenzó ofreciendo apoyo en la lucha contra el COVID-19, repartiendo tapabocas, regalando gel anti-bacterial y brindando desinfecciones de residencias y edificios, durante los cuales se aprovechaba la ocasión para informar en asambleas, y cara a cara con los ciudadanos, acerca de las exigencias de condiciones electorales mínimas para poder volver a la ruta electoral.

Por otro lado, y aunque algunos dirigentes del #G4 traten de hacerse los sorprendidos, sabíamos que había un grupo de políticos, entre ellos Henrique Capriles y Stalin González, operando políticamente para dar el primer paso hacia lo que toda la comunidad internacional de unos meses para acá ha apostado y trabajado, y que el papa Francisco dejó muy claro en su mensaje dirigido al pueblo venezolano: la necesidad de transitar el camino del diálogo, la concertación, el respeto y el reconocimiento del otro; y a no permitir que alguna intervención de afuera nos impida transitar el camino de la unidad nacional. No cabe ninguna duda que el nombramiento de los nuevos rectores del CNE es el primer paso para retomar el diálogo nacional.

Lo que ya era un secreto a voces y cada día de mayor dominio público, se materializó el pasado 4 de mayo cuando la comisión de la Asamblea Nacional para la designación del CNE anunció los nombres de los nuevos rectores principales y suplentes, y que muchos del lado opositor vimos como una muestra palpable de seriedad y un gran avance al saber que recaería la designación como rectores principales en Roberto Picón y en el exdiputado Enrique Márquez. No me voy a explayar aquí en narrar las cualidades y trayectoria de ambos, pero si me atrevo a pronosticar que serán de los mejores rectores que ha tenido la oposición y la sociedad civil en los últimos 20 años, ambos preparados política y técnicamente para afrontar la difícil tarea devolverle las garantías necesarias al proceso electoral que está por venir: las elecciones regionales y municipales.

Pero no es la integración del ente comicial lo que ha dejado perplejo a muchos entre los que podríamos contar a los militantes y dirigentes regionales de los partidos que integran el #G4 quienes lo ven claramente como una ventana que se abre para poder así aspirar a los cargos en las próxima elecciones; lo que ha dejado perplejo al “interinato” es la manifestación de algunos países “aliados” (incluyendo a los Estados Unidos) quienes ven con buenos ojos la designación de los nuevos rectores del CNE y lo perciben como un buen inicio, aunque reconozcan que todavía falta mucho trabajo para que se realicen unas elecciones libres, transparentes y verificables, así como que se libere a los presos políticos y se respeten los DDHH. No es poco el giro.

Quien crea que la política es estática no solo desconoce la política en sí misma, sino también a quienes la ejercemos. Así como en la vida las circunstancias, condiciones, intereses y necesidades cambian, fluctúan y nunca se puede realizar bajo el esquema del todo o nada, este nombramiento del CNE no es la excepción y deja mensajes muy claros: 1. Hay dialogo entre un sector del G4 y el gobierno de Nicolás Maduro; 2. Hay mediadores internacionales que están facilitando ese diálogo y en cualquier cosa que usted se imagine, para bien o para mal, siempre están metidos los Estados Unidos; 3. Ya aquel famoso grupo de más 50 gobiernos aliados y que salían como “pepa e’ guama” a condenar cualquier acción del régimen de Maduro, frente a este evento han guardado un cauteloso silencio y esperarán a ver los resultados del experimento; y 4. Hay candidatos “como arroz” y eso no lo pueden negar y, mucho menos detener, las cúpulas de los partidos del interinato, porque son miles de hombres y mujeres de la oposición venezolana que están dispuestos a poner sus nombres, esfuerzos y recursos para presentar una alternativa a los que nos gobiernan en nuestros estados y municipios.

Si esa parte del #G4 sigue empecinada en no participar y no entiende las señales que se transmiten a su alrededor no solo corren el riesgo de quedarse sin muchos de sus mejores militantes, sino que cargarán sobre sus espaldas con la ya fracasada política de depender de los demás para sacar a Maduro del poder, y tendrán la adicional responsabilidad de dividir a la oposición y a sus líderes y no darnos a los venezolanos la oportunidad de elegir algo distinto al madurismo. Los opositores no somos gafos y entendemos a qué nos enfrentamos con este gobierno, pero ni el pueblo, ni un grupo importante de políticos y dirigentes queremos quedarnos de brazos cruzados a esperar un milagro, sabemos que hay que trabajar para que las cosas sucedan y la vocación del político es servir y el servicio es un llamado a la acción, lo contrario -llámelo como usted quiera- no es política, no lo olvidemos: “barco parado, no gana flete”.

@danielgodoyp

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