COLOMBIA, UNA NACION A PESAR DE SI MISMA…

Por: Daniel Godoy Peña

“….antes que la vida miserable y perecedera están el dolor, la justicia y el ideal”

Jorge Eliecer Gaitán

Cualquiera que lea el titulo podría dudar acerca de mis sentimientos y mi opinión sobre el pueblo colombiano y mi percepción sobre su gobierno y su democracia. En primer lugar, debo aclarar que el titulo pertenece al libro escrito por el historiador estadounidense David Bushnell, frecuentemente llamado el “padre de los colombianistas”, y que es un texto de referencia obligatoria para quienes quieran conocer la historia de nuestros vecinos; y en segundo lugar debo decir que con Colombia me unen profundos lazos de amistad, agradecimiento y respeto ¡Tuve la dicha de vivir en Bogotá hace ya 20 años!, así como mis constantes deseos para que puedan salir de los muy complejos problemas que la aquejan; problemas que no son nuevos, aunque hoy estén intensamente visibilizados por las violentas protestas sociales de estos días, pero que tampoco son nuevas.

Actualmente es frecuente leer a un variopinto grupo de políticos de nuestro país opinando sobre lo que ellos llaman el “grave peligro” que representa el hecho de que en Colombia pueda llegar al poder un gobierno de corte progresista o de izquierda, comparándola con nuestro país, pero son opiniones que solo exhiben un gran desconocimiento acerca de  la historia de Colombia, de sus instituciones y, más aun, de los deseos del pueblo colombiano.

Colombia ha sufrido por casi 170 años un sinfín de guerras civiles y conflictos armados: vale recordar que desde 1854 hasta 1902 hubo 8 guerras civiles; luego desde 1925 hasta 1958 fue la época denominada “La Violencia”; y hasta hace apenas cinco años un conflicto armado que durante casi 70 años hizo sangrar a Colombia desde sus entrañas permitiendo el surgimiento de grupos armados irregulares de guerrilla y paramilitares, una diáspora de más de 7 millones de personas y el crecimiento exponencial de los carteles de las drogas que agravaron su problema de violencia.

Hoy en día se ha intentado crear la matriz de opinión que sostiene que las protestas en Colombia son una confabulación de la izquierda latinoamericana para sembrar la inestabilidad y el caos en la nación neogranadina; sin embargo, es utilísimo recordar que, a diferencia de la mayoría de los países de la región, en Colombia ha gobernado una clase dirigente donde más del 35% de sus presidentes, senadores, diputados, ministros, gobernadores y alcaldes han sido familia, sin omitir que esos mismos dirigentes y sus familias controlaban todos los medios de comunicación impresos que favorecían aún más a la clase dirigente del país, lo cual ha servido muchas veces para acallar el reclamo del pueblo colombiano que lleva decenas de años exigiendo un cambio que lo conduzca por los senderos de la paz y la igualdad.

No parece injusto afirmar que el más grande y popular movimiento de reivindicación social estuvo personificado por el dirigente liberal Jorge Eliecer Gaitán, quien con su gran carisma, su oratoria y sus constantes denuncias y ataques a la “oligarquía” colombiana despertó febrilmente la esperanza de un cambio político que favoreciera a los más desprotegidos y que limitara los privilegios de los más poderosos, pero todo este sueño se vio truncado cuando el 9 de abril de 1948 lo asesinaron y el pueblo de Bogotá se volcó a las calles para ser la mecha de una protesta que se replicó por todo el país y que aumentó la violencia entre los liberales y conservadores.

Tras la muerte de Gaitán, y con la aparición de los movimientos guerrilleros de ideología marxista, Colombia se vio sumida en un conflicto interno que dejó de lado las reivindicaciones sociales y las reformas políticas que tanto se necesitaban para que la prioridad quedara puesta en el combate a los grupos insurgentes y en tratar de buscar salir de la crisis económica que atravesaba el país; pero lejos de controlar a la guerrilla y menos de acabar con la violencia, surgió a finales de los 70 otro problema que incrementaría la ya delicada y endeble gobernabilidad en Colombia: el narcotráfico. Toda esta situación fue revelando que a una parte de la sociedad colombiana no le desagradaba la izquierda ni las ideas progresistas y que no veía a todos los movimientos guerrilleros con malos ojos. La señal más palpable de esto fue que en el proceso constituyente de 1991 los ya desmovilizados miembros del Movimiento  M-19 obtuvieron 19 curules solo por detrás de los 25 conseguidos por el partido Liberal y superando al partido Conservador, y es bajo ese ambiente que surge con mucha fuerza la candidatura presidencial del asesinado Carlos Pizarro, ex jefe del M-19, quién de haber sido un líder guerrillero pasó a ser un presidenciable, y por eso lo mató la extrema derecha según lo confeso Carlos Castaño, líder de las AUC.

Mientras un gobierno tras otro se sucedía en el Palacio de Nariño, teniendo como enemigos permanentes y difícilmente derrotables a los grupos narco-terroristas, las desigualdades sociales en Colombia se seguían agigantando y el pueblo colombiano veía cada vez más como sus problemas permanecían siempre fuera de la agenda política. No fue sino hasta 2016 con la firma de los acuerdos de paz por el presidente Santos y las FARC que se produjo un importante cambio en ese escenario y la razón por la cual en las elecciones de 2018 fue la primera vez en 50 años que el conflicto y la guerrilla no eran el tema principal de la campaña presidencial, sino que al próximo presidente de Colombia le tocaría lidiar con los problemas normales de cualquier mandatario de la región: la economía, la inversión social, la migración venezolana, etc.

En esa contienda se le vendió al pueblo colombiano que la paz, la estabilidad y la democracia estarían garantizadas con un sucesor del ex presidente Uribe pero nada más lejos de la verdad porque ya a finales de 2019 empezaron las protestas masivas en contra del presidente Duque en la principales ciudades del país exigiendo reformas sociales y mas igualdad, protestas que se paralizaron por la Navidad y que no se reactivaron en su momento por la pandemia, pero que independientemente de, rebelaban que Colombia no aguantaba mas frente a la incapacidad de Duque para atender las necesidades de su pueblo. Las protestas de estos últimos días tuvieron como detonante (pero no como su razón de ser) la presentación que hiciera el presidente al Congreso de una reforma tributaria que favorecía el gasto público en armamento y en defensa antes que la inversión social. Y entretanto, en efecto, la izquierda -sin hacer mucho- va recogiendo los frutos de  tantos años de frustración.

Lo que está en peligro en Colombia no es la democracia ni sus instituciones, sino que el peligro está en creer que se puede gobernar manteniendo ignoradas las protestas legítimas del pueblo colombiano, porque las protestas no son de izquierda ni de derecha, son la consecuencia de que ese pueblo se cansó de ser sistemáticamente maltratado y decidió valientemente, en medio de una pandemia, salir a reclamar sus derechos.

@danielgodoyp

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