AL PAN, PAN Y AL VINO, VINO

Por: Daniel Godoy Peña

Ya tenemos fecha para las elecciones regionales. El próximo 21 de noviembre serán las “megaelecciones” como la mayoría las ha denominado; ya para la comunidad internacional el interés no está puesto en la legitimidad del CNE, sino en la exhortación que han hecho estas últimas dos semanas para que sea el pueblo venezolano el que busque resolver sus problemas por medio de elecciones y de la vía del diálogo, el entendimiento y la concertación entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición. Parece evidente que la percepción ha cambiado con la designación de los nuevos rectores.

Ahora bien, aunque pueda parecer una ironía, este proceso de diálogo debe empezar internamente y de manera urgente en la oposición, para tratar de agrupar a la mayor cantidad de factores políticos posibles que tengan como objetivo común rescatar el voto como herramienta de cambio, porque en este transitar se necesitan todos: los partidos del llamado G4 y los de la Mesa de Diálogo, los independientes y las organizaciones políticas pequeñas. Si de verdad se desea recuperar la confianza de los electores la oposición está obligada a buscar la fórmula indicada y políticamente idónea para la selección de sus candidatos, que le permita lograr los objetivos conociendo bien sus limitaciones y sus falencias.

Lo normal en una democracia es que, cuando hay una convocatoria a elecciones todo ciudadano que cumpla con los requisitos de ley pueda aspirar legítimamente a ocupar un cargo de elección popular, cosa que en el chavismo no suele ser un problema, porque a pesar de sus cada vez más ostensibles diferencias internas se preparan como un bloque amalgamado y presentan candidaturas únicas, con opciones ganadoras, y en donde no tienen opciones de salir victoriosos presentan candidatos que sean potables para sus militantes y los ciudadanos de ese estado o municipio.

El problema empieza cuando es a la oposición a la que le corresponde escoger los candidatos en cada municipio o estado, porque el ejercicio de negociación suele ser largo, tedioso, agotador y muchas veces frustrante porque, en muchos casos, no se termina escogiendo al mejor candidato, ya que los intereses partidistas subalternos hacen obviar que los mejores candidatos surgen de largos procesos de discusión, debates y concertación, sin dejar de lado las cualidades personales y políticas del mismo, su vinculación con el municipio o el estado donde va a participar, su preparación, experiencia y, sin duda, el liderazgo que ejerce. En muchos casos hemos visto como la oposición, frente a su incapacidad para entenderse a lo interno, postula varios aspirantes y entonces el chavismo obtiene el triunfo aún con malos candidatos.

Adicionalmente, hay quienes piensan dentro de la oposición que después de haber abanderado una posición abstencionista y una larga campaña de descrédito contra el CNE y contra las condiciones electorales, ahora que pretenden ser candidatos pueden imponer fórmulas para “legitimar” sus pretensiones, creyendo que, con palabras como legitimidad, relegitimar, renovar, etc., el elector opositor no supiera realmente que es lo que el “proto-candidato” aspira. Todos estos eufemismos que se utilizan no son otra cosa que un sinónimo para poder convocar unas elecciones primarias que en sí mismas no son malas, pero que no parece que sean el mecanismo más idóneo para escoger los candidatos en esta coyuntura de una oposición que está hecha añicos. Aunque la negociación pueda ser ardua, larga y fatigosa, la realidad de una oposición baqueteada y descolorida exige que sea el consenso, el arreglo y el acuerdo los mecanismos para escoger a los candidatos unitarios.

El sistema de selección de candidatos por primarias, y que algunos -solo cuando les conviene- tratan de presentar como el “más” democrático, tiene como efecto directo que cierra las puertas a cualquier mecanismo de entendimiento entre los factores políticos y sus líderes, ya que, se reduce a un dispositivo que responde únicamente a las maquinarias de los partidos más grandes y pone sobre los hombros de un grupo de electores, que en su mayoría no son militantes, la escogencia del candidato opositor, aunque no sea el mejor candidato, amén que exigen la aplicación de grandes cantidades de dinero para su realización, sin dejar de considerar que deben contar con el apoyo técnico y financiero del CNE: ¿De dónde saldrán los recursos? ¿En qué momento se realizarían? ¿Cómo harán los aspirantes para proveerse de fondos necesarios para la promoción de sus candidaturas? ¿Los partidos pequeños que tienen auténticos liderazgos en muchos estados y municipios se dejarán aplastar por los partidos más grandes o por aquellos que tienen un flujo de dinero que muchas veces no se sabe de dónde mana? ¿Es hora del entendimiento -aunque sea precario- en la oposición o es la hora de doblegar a los otros por aplicación de la fuerza y el tamaño?

Estamos convencidos que este proceso de reconstrucción de la unidad debe convertirse en un verdadero ejercicio político, de inclusión, donde todos aquellos liderazgos, independientemente si provienen de partidos grandes o pequeños, puedan tener la oportunidad de aspirar. Una elección primaria no garantiza que se escoja al mejor y tampoco convierte a la oposición en adalid de la participación ciudadana, porque propuestas como esas solo buscan generar simpatía en pequeños sectores del electorado, pero crean malestar innecesario con el resto de los partidos que no están de acuerdo, y solamente favorecen a los más grandes y a quienes tienen mayores recursos. Se debe entender que el debate y la contraposición de ideas es lo mejor para tomar decisiones en un momento tan malo para una oposición frágil e inorgánica, y que las decisiones políticas producto del consenso y del respeto a los acuerdos, reglamentos y a los demás partidos tiene como consecuencia generar confianza entre los actores políticos y también entre el electorado.        

Es la hora de negociar, de acordar, de generar propuestas regenerativas y no la hora de aplastar a los propios con la falsa excusa de “más” democracia interna. Enemigos de vaticinios y profecías pero sin ingenuidades y llamando las cosas por su nombre (“al pan, pan y al vino, vino”) podemos afirmar sin titubeos que en este anémico momento histórico de la oposición mientras más “primarias” se impongan mayor será el número de cargos que serán entregados al chavismo.

@danielgodoyp

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