¿Se puede ser feliz después del duelo?

Por: Marayira Chirinos

Este artículo reviste especial importancia toda vez que hace parte de los capítulos de mi libro que estoy segura aportará mucho al bienestar de quienes transitan por esta inevitable etapa en nuestras vidas: el duelo.


Si bien el duelo en su etimología viene de dolor, no debemos disociarlo del tan etéreo y a la vez aterrizado concepto de felicidad. El sentirse feliz en medio de un duelo, o luego de su resolución, no debe hacer sentir culpable a quien lo experimenta. Si eso nos ocurre, debemos reflexionar sobre la afectación que tiene en nosotros lo que los otros interpreten de nuestro sentir y proceder. Es una especie de aprendizaje instalado en el inconsciente que nos niega a sentir plenitud, bienestar y hasta alegría. Debemos eliminar de nuestra vida la causa principal de esa sensación que no otra que el dañino prejuicio de quienes miden el sentimiento del deudo conforme al nivel de “tristeza desgarradora” que manifiesta.


En los últimos tiempos, ha cambiado la forma de “duelo cerrado” que los convencionalismos sociales nos obligaban a llevar. Vestir de negro, el estar en casa sumidos en la tristeza y ahogados en llanto por tiempo prolongado. Muchas veces provoca hacerlo, sí, pero por nuestro bienestar emocional no debemos engancharnos en eso.


La soledad es una dimensión difícil de medir porque ocurre, aunque estés rodeado de mucha gente, y luego de la muerte de un ser querido la soledad es de las primeras cosas que sientes aun estando acompañado. Eso muchas veces lo asociamos con ausencia de felicidad. 


En tiempos de pandemia hablar de soledad y de duelo ya se hace consuetudinario, y el bálsamo que supone escritos como este debemos aprovecharlo porque vienen de especialistas que han dedicado años al estudio del comportamiento humano frente a esta situación que por sus características se convierte en las más difíciles de construir y resolver.


María Sirois, psicóloga clínica especializada en psicología positiva, en su “Pequeño curso de felicidad para enfrentar una pérdida” nos enseña cómo volver a levantarnos cuando la oscuridad se cierne sobre nosotros y dónde encontrar las fuerzas y el valor para afrontar una pérdida.


Para emprender el regreso a la alegría, según Sirois, tenemos que optar por la resiliencia activa, elegir crear una vida que florezca a través de un espacio donde nos demos permiso para perdernos y volvernos a encontrar, con compasión, honestidad, humor y empatía: un recorrido impecable desde el dolor hasta la abundancia y la bondad que el mundo tiene para ofrecernos.


Ahora bien, existe la otra cara de la moneda que analizamos con sumo detenimiento en Pensamiento Propositivo desde otra mirada profesional, la de la psicólogo y terapeuta venezolana, Luciamelia García, quien asegura que debemos cuidarnos de mostrar una falsa felicidad. No nos autoengañemos para no preocupar a otros miembros de la familia. El simular que estamos bien es una trampa, entendamos que no somos perfectos, no somos productos terminados, terminamos cuando morimos, y morimos imperfectos. 

Cuando construimos el duelo debemos darnos permiso de hacer un diálogo interno a través de la práctica de la oración o la meditación para no alimentar la ausencia y sentir la presencia a través de recuerdos y no aferrarnos a la culpa, mientras lo hacemos duele más porque nuestros pensamientos se inclinan hacia lo que no se hizo. Y ya no hay vuelta atrás. 


Debemos aceptar el miedo a sentir la ausencia, debemos darnos el permiso de sentir y hacer. Evitemos hacernos acompañar de quienes obstaculicen la manifestación de nuestro sentir con frases como “No lo llores más” “déjalo descansar”. 


No existe un tiempo específico una resolución final del duelo, tampoco el resolverlo en poco tiempo significa que se quiso o se amó menos a esa persona, pero si demuestra amor propio de quien queda vivo, lo saludables es aprender a vivir con nuestra perdida de la mejor manera y darle la bienvenida la felicidad a través de un recomenzar.

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@marayirachirinos

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