Reuniones para llorar

Por: Linda D´ambrosio

“El mundo está lleno de detalles que merecen una lupa, que merecen ser vistos desde otras perspectivas, de gente que merece ser escuchada, de historias anónimas que te cambian la vida”. Esta aseveración, por sí sola, da cuenta de lo que bulle en el ánimo de Lourdes Márquez Barrios, autora de los 22 relatos que conforman Reuniones para llorar, el libro publicado recientemente en España por Huerga y Fierro Editores.

En una bella edición, cuya portada reproduce una ilustración de Anateresa Barrios, la escritora comparte una serie de episodios a veces colindantes con lo fantástico. Pero ¿qué se puede esperar de alguien que viene de una ciudad en la que, como señaló ella misma durante la presentación del libro, la temperatura media es de 35 grados y, sin embargo, hay barredoras de nieve, o aparece un pingüino al que dan por nombre Policarpio? Es Maracaibo: “ciudad llena de locura, de calor, de pasión, de risas. Llena de historias absurdas pero reales (…) Desde pequeña entendí que la realidad siempre, siempre, siempre, está mucho más allá de la ficción”, diría Lourdes.

En un estilo directo y preciso, la escritora va insertando en la mente del lector frases cortas que se yuxtaponen para construir historias que son como rompecabezas, que se forjan por la adición de elementos de diferente naturaleza (emocionales, intelectuales, cronológicos…) y que hilvanan historias que no sabemos hasta qué punto corresponden a la realidad, pero que sin duda resultarán familiares a quien se pasee por las páginas del libro.

En lo personal, admito que me vi profundamente conmovida por su relato El Muro. No pude contener las lágrimas. Cualquiera que haya participado de la experiencia de ver llegar al Aeropuerto de Barajas un avión procedente de Venezuela, puede dar fe de que la narración de Lourdes constituye un retrato fiel de la realidad, que ella elabora sin aspavientos, sin grandilocuencia. Su gran habilidad estriba en el saber suscitar emociones sin recurrir a grandes metáforas, a largas descripciones. Su escritura delata su formación de periodista: sabe comunicar cada fenómeno con imparcialidad, de modo que basten los hechos mismos para polarizar al lector en uno u otro sentido.
También es ostensible la influencia de sus padres, ambos escritores: Lourdes Barrios y Víctor Hugo Márquez.
En Reuniones para llorar el lector encontrará multitud de anécdotas referidas a la vida de Lourdes en la ciudad en que reside desde hace 21 años: Madrid (“donde he conocido a personas de tantísimas partes del mundo, porque aquí nos sentimos en casa. Donde he sido camarera, niñera, vendedora de colchones, encuestadora, secretaria, repartidora de volantes y hasta periodista”, dice jocosamente la escritora). Muchos de los sucesos que narra tienen que ver con su condición de inmigrante. Pero que no nos confunda el título de la obra: a pesar de la tristeza que sugiere, sus páginas destilan humor y ternura.

¿Realidad o ficción? Lourdes confiesa que colecciona escenas, personajes y palabras en un cuaderno al que recurre cuando lo juzga necesario: “Juego con ellos, los mezclo con mis recuerdos, los pongo a conversar, a veces los desecho, también”. Así pues, su escritura se nutre de lo cotidiano: “Me cuesta verme como una escritora. Me siento más bien como una observadora e intérprete de lo que todos vemos, como una enredadora nostálgica e inventora. El mundo que me rodea me regala historias que me apetece compartir”, apunta. Y en ese quehacer enredará, efectivamente, a quien se conceda la oportunidad de acceder a esta opera prima que sin duda ha rebasado todas mis expectativas.

linda.dambrosiom@gmail.com

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