El viaje de mi vida

Por: Linda D´ambrosio

Se habla de que hay cuatro millones de venezolanos dispersos por el mundo. ¿Cuántos de ellos son niños?

Rara vez tomamos conciencia de que los procesos migratorios tienen un impacto específico entre los miembros más pequeños de la familia, a menudo desorientados por un entorno que, aun lleno de oportunidades y bendiciones, en el primer momento resulta desconocido.

Para atender las necesidades emocionales de esa población, surge El Viaje de mi vida, de Tilo Febres Cordero que, más que un libro, constituye un instrumento terapéutico, según afirma David Malavé, editor de la obra, pero que, además, es psiquiatra y psicoanalista.

La migración expone al niño a una serie de situaciones impregnadas de una gran carga emocional: el duelo por las pérdidas sufridas; la angustia e incertidumbre en el lugar de llegada por el desconocimiento de las costumbres; el temor al rechazo o la sensación de inadecuación por autopercibirse como “diferente”, el desconocimiento del idioma… E inclusive, el temor a generar malestar en los padres, si se les hace partícipes de la propia tristeza: un intento por proteger a los seres que amamos y no dar señales de “debilidad”.

El viaje de mi vida no es un discurso que pretenda, desde el exterior, inducir cierto optimismo o moralizar al lector. Se trata más bien de una especie de cuaderno en el que, a través de una serie de actividades sugeridas, se facilita que el niño vaya identificando los aspectos que le gustan y que no le gustan de su nueva realidad, de su nuevo “destino”, como prefiere denominarlo Tilo, quien matiza que solo a la larga se sabrá si el niño quiere considerarlo su nuevo país. Al estilo de los libros de bebé, se van registrando datos y experiencias acerca de los propios sentimientos con respecto a esas cosas.

Tilo enfatiza que, aun cuando se trata de un libro para los niños, puede ser también un vehículo para facilitar la comunicación con los padres, a menudo agobiados por la culpa y la incertidumbre,al pensar que, aunque han tomado la decisión de cambiar de país pensando en el bienestar de los más pequeños, el traslado tiene inevitablemente un impacto en sus vidas. Cargan con el peso de la decisión y sus consecuencias, buenas y malas, sobre sus espaldas. Puede acompañarse el niño en el proceso, cuando identifica sus sentimientos, sin efectuar ningún tipo de juicio valorativo. Eso es lo que siente, y está bien.

El hecho de tener espacio previsto para colocar las fotografías puede llamar al niño a la acción, a involucrarse con su nueva realidad y explorar lo que no le gusta, pero también lo que le ofrece.

En este libro, dedicado a su nieta Kai, Tilo Febres Cordero integra las experiencias vividas en muy diferentes lugares y situaciones. Parte del contacto que tuvo en Berlín con familias de refugiados, a través del cual pudo medir el impacto del choque cultural sobre ellos. Incorpora también sus vivencias en Houston y Dallas, donde, trabajando como perfusionista, hacía de intérprete entre el personal médico y los familiares de los pequeños pacientes. Ello le permitió observar cuán diferentes eran las prioridades de las familias según su procedencia. Pero, sobre todo, Tilo, plasma su propia experiencia tras estudiar en diferentes internados alrededor del mundo, lo cual, si bien repercutió positivamente en su formación y su autonomía, también la hizo pasar por sentimientos de desarraigo e incertidumbre en el primer momento.

Sin duda El viaje de mi vida constituye un valorable instrumento que contribuirá a hacer más llevadero el proceso migratorio para los más pequeños de cada familia.

Linda.dambrosiom@gmail.com

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