DE POLÍMATA A POLÍNECIO

Por: Rodolfo Godoy Peña

En 1962 el presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy organizó una cena en la Casa Blanca para agasajar a un grupo de hombres y mujeres muy talentosos. A la velada fueron invitados 49 ganadores del premio Nobel y durante el discurso de bienvenida el presidente les dijo: Creo que esta es la colección más extraordinaria de talento y de saber humano que jamás se ha reunido en la Casa Blanca, con la posible excepción de cuando Thomas Jefferson cenaba solo. Alguien dijo una vez que Thomas Jefferson era un caballero de 32 años que podía calcular un eclipse, mensurar una propiedad, atar una arteria, planificar un edificio, probar una causa y bailar el minueto”.

Quizás Kennedy exageraba al resaltar la figura de Jefferson, abogado y filósofo, pero no podía olvidar que este estadounidense insigne había fundado la Universidad de Virginia, establecido el sistema nacional de pesos y medidas, dirigido la oficina de patentes de los Estados Unidos; había sido gobernador de Virginia, escrito el primer artículo científico publicado bajo los auspicios del gobierno federal “Informe sobre la desalinización del agua de mar”, había sido el redactor de la declaración de independencia norteamericana y corredactor de la primera constitución moderna; compositor musical y estudioso de la paleontología, así como el hecho de que había dirigido excavaciones arqueológicas, proyectado edificios, teorizado sobre agronomía, perfeccionado el pantógrafo e inventado la silla giratoria, y que además, fue el tercer presidente de los Estados Unidos de América. Thomas Jefferson fue, sin duda alguna, un polímata. 

Ha habido otros hombres y mujeres que calzan en este calificativo y son aquellos que dominaban diferentes áreas del saber en las ciencias y las artes. Son de esos personajes que destacan en diversas ramas y que manejan con erudición varias disciplinas tales como Leonardo Da Vinci, Hildegarda de Bingen, Miguel Ángel Buonarroti, Andrés Bello y Mary Somerville, entre otros. Todos ellos seres con una avidez de saber, de inteligencia vigorosa, conocimientos dilatados y curiosidad ilimitada que buscaban explicación a las incógnitas y eventos que los circundaban, y que se preocupaban por cuestionar la realidad manteniendo una actitud de aprendizaje continuo y buscando generar experiencias para aplicarlo e interconectarlo.

En todo caso no hace falta saberlo todo porque, simplemente, no es posible saberlo todo; pero es que para los polímatas lo importante no es el conocer por el conocer, ya que no es el concepto lo que perseguían como dominio de un arte, aun cuando ese conocimiento base sirviera de plataforma para su desarrollo intelectual. ¡Cuántas personas conocemos que leen una cantidad ingente de literatura, pero que no son capaces de internalizar y analizar esos escritos! Son aquellos sujetos de erudición enciclopédica, pero sin ninguna introspección del conocimiento y que hacen bueno el adagio de ser individuos que exhiben “un mar de conocimientos con un centímetro de profundidad”. ¿Cuántos académicos, analistas, articulistas y profesores no nos hemos encontrado que son repetidores de conceptos, citas y pie de páginas, pero en un galimatías de ideas ajenas sin ninguna correlación con el   autor original y sus “circunstancias”? Puede estimarse que en la actualidad existe la misma proporción de sujetos con materia para ser polímatas que de necios, pero lo que no se había visto nunca antes, y esto es obra de los medios digitales, es el número, cada vez más creciente, de necios que son tratados, o que pretende ser vistos, como eruditos.

En el mundo moderno ha ido perdiendo prestigio e importancia el polímata para cederle espacio a una nueva categoría que se me ha ocurrido denominar el polínecio” que es un ser ignaro que no sabe lo que podría, o debería saber, que es imprudente y cuya ignorancia intencional abarca muchas áreas de su acción. Los polínecios se hicieron dueños de “una” verdad pero olvidaron las preguntas. Si ciertamente la verdad no se consigue, sino que solamente se busca, para esta nueva categoría de seres, que inclusive llegan a dirigir a sus países, “su” verdad es la meta. Los polínecios son seres ahítos de opiniones y carentes de ideas, porque tener ideas supone tener incertidumbres más que convicciones. Las ideas son parte de suposiciones y éstas están basadas en el conocimiento, la experiencia y las pruebas de la realidad; y la teoría no es la realidad, cosa que es fundamental de reconocer, pero  eso los polínecios jamás lo llegan a entender.

Si el examen de la realidad, la propia experiencia y el conocimiento compilado eran lo que nutrían al polímata, hoy en día pareciera que se puede apelar también al colosal repositorio de la red. Sin embargo, en la práctica, internet no acrecienta instrumentalmente la polimatía sino que la desincentiva, y así lo  dice el profesor Ramón Folch en la revista Mètode: “La famosa «nube», por ejemplo, no es un espacio deslocalizado de información compartible, sino una vaporosamente compartida información desubicada en el espacio, que es muy diferente. La autoría queda difuminada y por eso los usuarios se apropian acríticamente y sin remordimientos. Y como no hay información firmada, no hay responsables de la información. Eso trastoca radicalmente los criterios que han presidido el mundo cultural del Renacimiento hasta el presente

Es ostensible como es en medio de esa temeridad “intelectual” contemporánea, donde los sujetos se sienten con la autoridad de disertar y sentar cátedra con opiniones erróneas, en su gran mayoría sobre distintas áreas del conocimiento humano. solamente por tener derecho a opinar. Basta como ejemplo referirnos a los auténticos dislates del expresidente Trump sobre la pandemia del COVID – 19, o a la disertación sobre las gotas “milagrosas” a base de tomillo del presidente Maduro que erradicarían el virus.

Tal y como lo afirmaba Hermann Hesse: “Se puede comunicar el conocimiento, pero no la sabiduría”; y, entretanto, nuestra sociedad avanza hacia un conocimiento vago, fragmentado e inútil que nos lleva, invariablemente, a la derrota de la democracia y a la prevalencia de líderes populistas, lo cual tiene como consecuencia que el mando de nuestras repúblicas va quedando en manos de los polínecios.

@rodolfogodoyp

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