DE ABAJO HACIA ARRIBA

Por: Daniel Godoy Peña

A medida que avanza el tiempo y se acerca el lapso para las postulaciones de los candidatos a los distintos cargos de elección popular, el ambiente electoral se torna más interesante y va generando cada vez más expectación entre los electores, porque a diferencia de los últimos procesos, en los cuales parte de la oposición decidió no participar, en esta ocasión, casi el 60% de los votantes estamos convencidos de ir a votar, porque sabemos que es la única forma legítima y legal de expresar nuestro rechazo o aprobación a las gestiones regionales y municipales.

No son ni serán -como vaticinan algunos- ni las primeras ni las últimas elecciones regionales y municipales que se harán en nuestro país, pero sin duda alguna ninguna antes han despertado tanto interés desde las primeras elecciones de este tipo que se celebraron en el año 1989 y que sirvieron de transición de un Estado centralista a uno más federal y autónomo y que valió para que los venezolanos pudiéramos, después de 30 años de ejercicio democrático, elegir algo más que presidentes, diputados y concejales, que eran los únicos sufragios directos a los cuales acudíamos los electores.

Estas elecciones tienen un cariz especial y unos aditivos políticos que, van más allá de un simple proceso electoral, porque están signadas por elementos que han llevado al gobierno, a la oposición, a la comunidad internacional y a los empresarios a resaltar lo importante de la participación ciudadana para lograr el rescate del voto como herramienta de cambio; pero, también, como una válvula de desahogo y reconocimiento para el gobierno de Nicolás Maduro y una nueva oportunidad para la oposición de redimirse y tratar de enmendar errores cometidos recientes en su accionar político.

Aunque a muchos dentro y fuera del país les cueste reconocerlo el hecho de que la mayoría de los factores de oposición encabezados por el G4 esté ganada a participar, da al traste con la perorata y la cantaleta sobre la ilegitimidad del gobierno de Maduro; y este proceso de reconstrucción institucional comenzó su andadura con la conformación del nuevo CNE, cuyos integrantes salieron de las postulaciones realizadas por la Asamblea Nacional electa el pasado diciembre. Casi nadie se atreve a decir públicamente que el nuevo ente comicial es ilegitimo, pero todos sabemos que eso tiene un efecto inmediato: si la oposición participa con este CNE, entonces el gobierno de Maduro es legítimo.

La inscripción de candidatos en fórmula unitaria por parte de la oposición trae consigo una ganancia principal para ella, pero acarrea un beneficio deducido para el gobierno porque, aun y cuando todavía algunos insistan con necedad en exigir que se “repitan” todas las elecciones anteriores para poder “participar” (y cuando se refieren a anteriores quieren decir las presidenciales, las elecciones de la Asamblea Nacional y hasta las elecciones de todas las juntas de condominio del país), todos sabemos que eso no va a ocurrir y por eso los candidatos de la unidad tendrán que postularse con un reto adicional: quienes no salgan favorecidos en noviembre no podrán cantar fraude o decir que les robaron la elección, porque el pueblo venezolano, ese “Juan Primito” que tiene actitud inocente y cándida pero que a la vez encierra un profundo sentido común, conoce perfectamente la diferencia entre lo que es ganar y perder, fraude y ventajismo, verdad y mentira, así como quién lo ha acompañado y quién no.

La actitud de la comunidad internacional frente al gobierno, por su parte, no va a empeorar ni se va a recrudecer. Aunque las sanciones económicas sigan siendo un fardo muy pesado para el gobierno, este ya ha pasado lo más difícil y estas elecciones le dan al madurismo la oportunidad de “lavarse un poco la cara”, porque el gobierno sabe que una vez legitimado con un nuevo proceso electoral, las excusas o motivos de más sanciones se esfumarían de a poco. Y si con condiciones, legitimación y la participación de todos los sectores políticos en esta elección no hay una flexibilización de las sanciones, entonces se hará muy evidente que el interés no está puesto en la negociación, en el diálogo y en el reconocimiento mutuo, sino en otro objetivo muy alejado de la construcción de una salida política a nuestra crisis y, peor aún, alejada de las necesidades de los millones de venezolanos.

El objetivo y la estrategia de la oposición debe estar centrada en varios aspectos, pero fundamentalmente en el de recobrar la confianza de su electorado, renovar liderazgos y entender de una vez por todas que las elecciones regionales no son ni serán un termómetro para medir la temperatura del electorado en contra del gobierno nacional y, menos aún,  cuando de este lado no tenemos definidos todavía ni quiénes serán los hombres y mujeres que serán los abanderados a gobernaciones, alcaldías, consejos legislativos y concejos municipales, ni cuáles son los mecanismos para escogerlos; mientras que en la acera de enfrente el PSUV avanza en un proceso de primarias que, aunque no sepamos a ciencia cierta si de verdad expresa la voluntad de sus militantes, le servirá por enésima vez para aceitar su padrón electoral y deshacerse de los alcaldes y gobernadores que no cumplan con los objetivos revolucionarios.

Debemos quitarnos la fijación infantil de que cada elección debe ser utilizada como una oportunidad para medir al gobierno nacional o que son un plebiscito. Las elecciones municipales y regionales, que son la más viva expresión de la “parroquialización” de la política, son la oportunidad que tiene el ciudadano de poder elegir a alguien que le es cercano, a un vecino, a un líder local, a aquellos que no solo hacen política en sus municipios y estados, sino que llevan a cuestas años y arduas horas de labor social, independientemente de la tolda política a la que pertenezcan. En esta próxima fusta electoral, sin duda alguna, saldrán favorecidos quienes con su trabajo no abandonaron a sus comunidades y aquellos nuevos liderazgos que representen valores que los venezolanos necesitamos y que sean capaces de vender esperanza, pero, sobre todo, de decirle con sinceridad, transparencia y humildad a sus electores cómo resolver sus problemas o la receta para construir con ellos el camino hacia la solución.

@danielgodoyp  

Reporte Latinoamérica no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo.