Mi conuco se queda solo

Por: Linda D´ambrosio

Cada quien lucha desde su trinchera y con las armas que tiene. Sin duda, la pluma es un instrumento poderoso para movilizar emociones y conciencias, para narrar, para describir. Tiene un mágico poder terapéutico para quien la usa, e invita a la reflexión a quien lee.


Creo que todas estas premisas subyacían en la decisión que tomó Liz Prieto, una venezolana radicada en Holanda, cuando comenzó a escribir Mi conuco se queda solo, un libro que compendia seis historias de venezolanos que han tomado la decisión de dejar su país, escritas desde diferentes perspectivas. Sus protagonistas son diversos: gente afecta al régimen y gente de la oposición, un niño… “Todos estamos conectados de una u otra forma, y en mi libro se puede ver la misma tragedia desde diferentes puntos de vista”, explica. 


Liz pretendía alejar las historias del tema político y poner en luz la parte humana relacionada con el desplazamiento: “¿Cómo lograrlo? Con un libro de cuentos cortos que expresan los sentimientos que experimentan las personas inmersas en la crisis humanitaria que vive Venezuela”.


Mi conuco se queda solo habla de la pérdida, del exilio y del trauma que este genera, de la sensación de perderlo todo, del miedo, de la presión, del no tener una tierra donde morir o del no sentirse protegido por ningún ente gubernamental.


Liz, quien se reconoce “más maracucha que el relámpago del Catatumbo”, es especialista en Identidad Corporativa, con más de 20 años de experiencia. Aunque procede del campo del diseño gráfico, se desarrolló como gerente de proyectos y estrategia de marca.


Salió de Venezuela en 2003 para instalarse en el sultanato de Brunei, al que había sido destinado su esposo por razones laborales. También ha vivido en Gabón y en distintos puntos de Europa. Pero, pese a haber experimentado en primera persona el desarraigo, la idea del libro, que ya ha sido publicado en inglés y en español, y que verá la luz próximamente en portugués, surgió al enfrentarse a la necesidad de sacar a sus padres de Venezuela. “Quedé traumatizada”, afirma Liz. “Fue tan difícil poder sacarlos, decidir para dónde, asumir el impacto financiero… Entonces me pregunte qué pasaba con las demás personas, para dónde se iban, por dónde, cómo hacían para salir …” En paralelo, Liz estaba haciendo un curso de escritura creativa y vio la oportunidad de basar los textos que el curso demandaba en historias reales, de las que iba enterándose a medida que iba investigando. Comenzó a entrevistar a sus allegados, quienes, a su vez, le referían episodios vividos por otros de sus conocidos. Esa es la fuente de la que se nutrieron las historias del libro.


El propósito de la autora es claro: “Es un libro con historias dolorosas. Es bastante crudo, pero lo escribí con el objetivo de sensibilizar un poco a las comunidades que están recibiendo venezolanos y de darle voz a los más vulnerables. Me gustaría que los venezolanos que están afuera pudieran no solamente leer este libro, sino también regalarlo, para que otros puedan comprender por lo que están pasando quienes emigran desde nuestra nación. Quiero que el mundo entero conozca del sufrimiento de mi país y se sumen a la causa de libertad y rescate democrático, porque también hay venezolanos exitosos que están mostrando lo mejor de nosotros en el mundo entero”.


Tal es la empresa en que se ha involucrado Liz Prieto, quien proyecta hacer un voluntariado en un campo de refugiados venezolanos en Latinoamérica. “Yo quiero ir y ayudar en lo que pueda. Quiero oír y leerle historias a los niños. Quiero trabajar con ellos la parte de la lectura y llevar libros. Y bueno, hacer un poquito más”. 


Le auguramos éxito.


linda.dambrosiom@gmail.com

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