Tiroteo en la Celac Corral

Como disparando para atinar en unas botellas de cervezas vacías que reposan titubeantes sobre un muro de mampostería, pateando desprevenidamente la osamenta de una res calcinada por el calor y la desidia de la carne, franqueados por serpientes cascabeles que se burlan con sus lenguas bífidas de sus aprestos de pistoleros rápidos y furiosos, los mandatarios del club de la Celac se reunieron para -con una pequeña ayuda de los amigos de cada cual- impedir que nadie le metiera gol a nadie. Créannos, en esas reuniones nadie va al baño, ni le cede su vocería a otra persona. ¿Salvo…?
Pero, en fin, son los tiempos que nos tocan transcurrir y la Celac, (OK, ok, se entiende vuestro entusiasmo cognoscitivo por saber qué indica el acrónimo del vampiro renacido: es la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) no se ría, y repare usted en la originalidad del título y en lo exclusivo del club. No se aceptan estadounidenses ni canadienses, las dos economías más prósperas del continente, las dos sociedades más abiertas del continente, y hacia donde marejadas de ciudadanos de la región sueñan y exponen sus vidas por emigrar. Pero no, creamos nuestra organización a la medida, declaramos nuestras desventuras -siempre culpa de otros- y somos felices en el infortunio de siempre, culpando y recriminando a los mismos de siempre de no salvarnos de nuestras imbecilidades de siempre. (Remember, Del buen salvaje al buen revolucionario).

Contra todo pronóstico reservado, a algunos presidentes les llovió tupido -como dicen precisamente en México- con increpaciones inesperadas de algunos de sus pares y respuestas sofocadas por micrófonos desatentos y colaboradores distraídos. Ha quedado un reto pendiente, un quítame la pajita, un showdown a futuro sin fecha en el calendario.

Poco importa si en el momento de la escaramuza contra el imperio y entre ellos, miles de haitianos trataban de cruzar la frontera hacia el norte huyendo de su secular pobreza, o si miles y miles de latinoamericanos y caribeños hayan muerto sin acceso a las vacunas contra el COVID-19, ni que la pandemia haya significado un retroceso de catorce años en la lucha contra la pobreza.

No, la Celac está para relanzar -por enésima vez- “la integración latinoamericana” y sustituir a la OEA como organismo de debate y decisión política en la región. Y, tómese nota, se decidió la creación de la Agencia Latinoamericana y Caribeña del Espacio (ALCE). Y la Cepal elaboró un Plan Integral de Autosuficiencia Sanitaria, para fortalecer la producción y distribución de medicamentos, en especial vacunas. Quedamos a la espera del fármaco AstraZeneca producto del acuerdo México-Argentina con el apoyo de la Fundación Slim, un nuevo hito en la política de sustitución de importaciones.

No seamos injustos, al menos la Celac ha resultado divertida y quien quita si Netflix nos regala una serie titulada, Tiroteo en la Celac Corral. Preparen sus palomitas de maíz, canchitas, o cotufas. Esto promete, ladies and gentlemen.

@jeanmaninat 

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