EL SOL DE COLOMBIA O EL PESO VENEZOLANO

Por: Rodolfo Godoy Peña

Desde que en el año 2010 el gobierno venezolano presidido por Hugo Chávez ordenó hacer una recreación antropomórfica con base en la escultura forense del general Simón Bolívar, no se ha cejado en hacer oposición a este proyecto y sus resultados, ni siquiera porque esta técnica ya ha sido empleada en varios casos de otros personajes históricos tales como Shakespeare, Alighieri, Cleopatra o Copérnico.

Se debe precisar que en el proceso de la reconstrucción facial del Libertador no únicamente se verificó una aproximación a su fisionomía usando herramientas muy avanzadas, sino que también se determinó -sin lugar a dudas- y mediante la técnica científica del ADN que los restos que reposan en el Panteón Nacional de Venezuela pertenecen al general Simón Bolívar, lo que permite afirmar que los restos mortales del Padre de la Patria descansan en la ciudad que lo vio nacer.

La reconstrucción del rostro del Libertador es un paso formidable de aplicación de las técnicas modernas que nos ayudan a entender más y mejor nuestro pasado. Según el científico forense Oscar Nilsson, arqueólogo sueco especializado en la reconstrucción de rostros humanos y quien ha hecho formidables contribuciones en ese campo para los mejores museos antropológicos del mundo desde el año 1996: “…al usar esta técnica forense, es posible visualizar cómo lucía un individuo, aunque hayan vivido miles de años antes que nosotros…/…Es una forma de hacer que la historia sea más íntima, emocional y personal y una manera de acercarnos a estos individuos.

La exhumación de Bolívar y la posterior reconstrucción de su rostro fue calificado por los detractores de Chávez como un burdo intento de manipulación de la imagen del Libertador para adecuarlo a la narrativa revolucionaria; y, aunque ciertamente en alguna intervención oficial sobre el tema se hizo hincapié en la “mezcla” de sangre en la genealogía de Bolívar, a mi entender no fue una manipulación del resultado sino un aprovechamiento de la realidad. Es decir, que no se forzó la realización de un retrato 3D de un Bolívar mestizo, alterado a conveniencia para alimentar el discurso oficial, sino que se probó científicamente que era “mestizo” y eso favoreció el lenguaje revolucionario.

Para el discurso oficial Bolívar había sido “europeizado” en función de intereses extranjeros y de hacer lejana al crisol de razas que significa nuestra venezolanidad la figura del Libertador, y eso se había logrado figurando a un Bolívar “blanco” para favorecer la idea de la “superioridad” de la raza blanca sobre los “Juan Bimba” que representan la mayoría de los latinoamericanos y así avivar el ideario “imperial” y reforzar la dominación mediante la supremacía racial.

Nada más lejos de la intención de esta opinión que entrar a rebatir el dislate revolucionario sobre la avaricia “imperial” a través de la iconografía del Libertador pues eso supone seguir utilizando a Bolívar como cuña para mantener la división entre los venezolanos como se hizo recientemente, por ejemplo, con ocasión de la reconversión monetaria en Venezuela dando pábulo a la más deleznable satirización de la imagen reconstruida del héroe. Estoy seguro que aun cuando fue irrespetuoso, muchos de mis compatriotas se sumaron a la viralización de esas imágenes como medio para protestar contra un gobierno que ha intentado de manera exclusiva y excluyente “adueñarse” del Bolívar de todos, y que la reacción burlona no fue contra el Libertador en sí mismo.

Ahora bien, es justo reconocer también que el Libertador era más parecido a la reconstrucción 3D que al retrato del apolíneo hombre con perfil romano que se fue haciendo común a través de la historia y de las imágenes que colgaban en las instituciones públicas y educativas del país, porque podemos afirmar que esa imagen “lecunesca” de Simón Bolívar no se compadece con la realidad.

A pesar de no haber posado Bolívar nunca para algún retrato, nos quedan descripciones muy detalladas realizadas por sus contemporáneos que nos permiten acercarnos a la imagen más certera del Libertador. Rostro feo, largo y moreno. Cejas espesas y ojos negros…/… Larga la nariz que cuelga de una frente alta y angosta  dice el general Páez; “…largo el rostro, chupadas las mejillas; la tez, de un moreno lívido. Los ojos son de tamaño mediano, muy hundidos…”  lo describe Ducoudray-Holstein; …pobladas y bien formadas las cejas; los ojos negros, vivos y penetrantes; la nariz larga y perfecta. Los pómulos salientes; las mejillas hundidas…/… La boca fea y los labios algo gruesos…según O´Leary; “…aspecto feroz, amulatado, de pelo negro y muy castaño el bozo…al decir del presbítero José A. de Torres y Peña; y la descripción que hace Perú de Lacroix: “…la cabeza larga, ancha en la parte superior y muy afilada en la parte inferior… El pelo crespo, erizado, abundante y canoso… Los huesos de los carrillos agudos y las mejillas chupadas en la parte inferior. La boca algo grande y saliente el labio inferior”.

Que el Libertador haya tenido rasgos de sangre negra o india -como lo dejan asentado por escrito varios de sus coetáneos- no es extraño para el descendiente de un linaje que tenía 225 años en la América. Hasta la fecha de su nacimiento se habían sucedido seis generaciones de la familia Bolívar en nuestras tierras. Según el historiador Pierre Vayssiére, a Juan de Bolívar y Villegas, abuelo paterno y tercera generación de esta familia, se le ha adjudicado sangre indígena a través de su madre, y es por esa razón que aun habiendo comprado el Marquesado de San Luis por una descomunal cantidad de dinero no pudieron disfrutarlo, ni él ni sus descendientes, ya que la familia no pudo probar la “pureza” de su sangre.

Creo que más allá de poder validar que el Libertador era mestizo y que ello tenga un valor histórico, debemos empeñarnos en separar al héroe, tanto de la cotidianidad, como de las pasiones partidistas.

Bolívar no es el mentor o tutor de Hugo Chávez y de su revolución; ni tampoco es el ideólogo del socialismo del siglo XXI; sino que es el Padre de la Patria y uno de los personajes mas influyentes de la historia de la humanidad que tenemos el honor de tener entre nuestros compatriotas. En todo caso, Bolívar es y será siempre un símbolo para toda persona, en cualquier parte del mundo, que propugne por la libertad y por la independencia. Bolívar no es un dirigente del PSUV, ni debe ser usado como tal.

Finalmente creo que debemos aupar una campaña patriótica para cambiar el nombre de nuestra moneda. Se le hace un flaco favor a la imagen del héroe cuando este nos sirve hasta para comprar papel higiénico. Bolívar está más allá de un signo monetario y estar allí no lo enaltece, todo lo contrario, lo devalúa y lo deprecia a la par de la mal llamada moneda. El “Sol de Colombia” no debe ser manoseado como figura sino que, por el contrario, su legado debe ser estudiado y promovido sin mezquindades banderizas.

@rodolfogodoyp     

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