TEODORO, EL PILAR OCULTO DE LA DEMOCRACIA

Por: Daniel I. Godoy Peña

Quienes escriben sobre nuestra historia política contemporánea se han despachado a escribir a gusto sobre los personajes que forjaron la democracia en nuestro país echando los cimientos de lo que se denominó el “puntofijismo”, haciendo mayor énfasis en quienes fueron los padres fundadores -o los presidentes del bipartidismo- desde la caída de Pérez Jiménez hasta la llegada al poder de Hugo Chávez, pero poco se habla o se escribe sobre aquellos políticos que con su trayectoria, trabajo, inteligencia, lealtad a sus principios y, sobre todo, por su respeto a la institucionalidad se constituyeron en pilares ocultos pero fundamentales para el desarrollo y la estabilidad de la democracia en nuestro país.

Hoy son muchos los que añoran el pasado democrático de nuestra historia antes de la llegada del chavismo y apologizan sobre Betancourt, Caldera, Pérez, Herrera Campins, etc., dependiendo de la corriente ideológica en la que se ubiquen, pero son pocos quienes hablan de un político que jugó un rol fundamental en nuestra historia y al cual muy pocos se atreven a alabar, primero por haber sido un hombre de izquierda -y de ahora en más para algunos eso no es sexy e incluso es un anatema-; y segundo por haber sido un factor decisivo en la victoria de Rafael Caldera en 1993, de quien ideológicamente le separaba un abismo pero a quien le unía el compromiso de preservar la democracia, democracia esta que él mismo en su juventud y por medio de la lucha armada había tratado de destruir.  

Hoy en día sigue habiendo un tupido silencio sobre quien habiendo sido un comunista convencido a través de profundas reflexiones supo anticiparse a la debacle del comunismo soviético y sin renunciar ni renegar de sus ideas de izquierda supo mantenerse en la palestra política del país; espeso silencio, insisto, porque pocos quieren hablar de alguien que aun cuando tuvo la oportunidad de seguir en el poder no se doblegó y prefirió dejar su partido antes que apoyar a Hugo Chávez en 1998.

Y es que quienes conocieron a Teodoro Petkoff manifiestan que no dejaba indiferente a nadie porque, o se le admiraba o se le aborrecía, pero no pasaba desapercibido. Muchos analistas tienden a medir el éxito o la influencia de un político por sus resultados electorales, o por los cargos ocupados a lo largo de su trayectoria, pero pocos miden al político por su coherencia, por su capacidad para rectificar de verdad y por la integridad que exige modificar la acción sin relajar el principio; coherencia, capacidad de rectificación y tenacidad que estoy convencido son las características que describen a un político de dotes extraordinarias como lo fue Teodoro Petkoff.

Petkoff fue un comunista que desde temprana edad encontró en las ideas de Marx, Engels, Lenin y el modelo soviético el impulso necesario para emprender su carrera política. Dirigente estudiantil de la Universidad Central de Venezuela donde se graduó de Economista con mención Cum Laude en la década de los 60 e inspirado por las ideas revolucionarias de la época y por el triunfo de la revolución cubana no dudó en tomar las armas para derrotar a la recién nacida democracia venezolana junto a dirigentes de la talla de Pompeyo Márquez, Argelia Laya y Freddy Muñoz, entre otros. Tras años de lucha y luego de ser apresado en tres ocasiones para fugarse dos veces de formas propias de una película de acción, la primera fingió que vomitaba sangre y tras ser trasladado al hospital clínico universitario se descolgó desde el piso 7 y luego escapó.

Juntos a un grupo de compañeros de armas y militantes del Partido Comunista Venezolano quienes en total descuerdo por lo ocurrido con la Primavera de Praga y en un acto de critica abierta al totalitarismo soviético y acogiéndose a la política de pacificación impulsada por el presidente Rafael Caldera, funda en 1971 el Movimiento al Socialismo como un partido de izquierda democrática que desecha el marxismo como ideología para dar paso a un conjunto de reformas que permitieran a la izquierda venezolana, además de abandonar la lucha armada, insertarse en el sistema democrático como una alternativa al bipartidismo de AD y Copei.

La fundación del MAS le permitió a Teodoro y sus compañeros iniciar una trayectoria política que no se conformó con ser una alternativa al tándem AD – Copei, sino que ocupó el espacio que había abandonado URD desde su salida del pacto de Puntofijo. Teodoro con su inteligencia, facilidad de palabra y su capacidad para reunir consensos fue de a poco convirtiéndose en una referencia para un sector del país, no solo como político, diputado o candidato, sino como periodista, escritor e intelectual, siempre preocupado por los problemas sociales y económicos que golpeaban a nuestro país y sin ningún tipo de rubor para decir las cosas como las creía.

En 1996 decide aceptar la propuesta del presidente Caldera y asumir Cordiplan para liderar la Agenda Venezuela, una serie de medidas de carácter económico que tenían como objetivo cambiar el rumbo de la crisis económica por la cual atravesaba nuestro país y que fue descrita por el mismo con su célebre frase “estamos mal pero vamos bien”. Fue gracias a su esfuerzo y liderazgo que en 1997 se firmó el acuerdo Tripartito en el cual se reformaron un conjunto de normas de carácter laboral que involucraron al Gobierno, a los sindicatos y al empresariado por primera vez en la historia de nuestro país.

Teodoro a pesar de su pasado guerrillero se negó rotundamente a que su partido apoyara a Hugo Chávez en las elecciones de 1998, alegando que no se podía apoyar a alguien que había atentado por la vía del golpe de estado en contra de la democracia. Como una especie de premonición -y sabiendo lo perjudicial que resultaría apoyar a Chávez- decide abandonar el MAS no sin antes pronunciar aquella vieja advertencia que bien conocemos todos los venezolanos: “Los espero en la bajadita”.

Teodoro dedicó sus últimos años de vida al periodismo y a combatir desde esa trinchera al gobierno de Chávez. Fue acosado judicialmente por el gobierno, pero nunca se amilanó ni desanimó para seguir escribiendo a favor de la democracia y del peligro para la libertad que significaba la revolución chavista del siglo XXI. Teodoro no solo es un ejemplo de lucha y coherencia, es más que eso, Teodoro Petkoff es una clara demostración de que se puede ser de izquierda y ser un demócrata a carta cabal, y que aunque la discusión ideológica siempre es necesaria, por encima de todo tiene que estar Venezuela.     

@danielgodoyp

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