¿HASTA CUÁNDO EL REVOCATORIO?

Por: Daniel Godoy Peña

Ya han pasado casi 2 semanas desde las elecciones regionales y los efectos de sus resultados todavía se hacen sentir, algunos con mayor relevancia que otros, pero, sin duda alguna, han sido unos comicios muy particulares y de los cuales muchos analistas han realizado ya un gran número de artículos y han dado sus conclusiones. Como todo en la vida con algunos concuerdo y con otros no, pero de eso se trata este oficio, porque son ejercicios de aproximación que tratan de dar un marco de interpretación lógica a una serie de eventos.

Sin embargo, hay realidades que no se pueden ocultar o disfrazar y creo que deben ser asumidas y valoradas con mucha prudencia por todos los lideres, candidatos y partidos políticos que participaron en los pasados comicios independientemente de si ganaron o de si perdieron; y quienes hacemos análisis políticos o nos dedicamos a la acción política debemos también darnos a la tarea de explicar con sencillez a nuestros simpatizantes y seguidores -y a todo aquel que lo exija- una explicación sencilla y sincera que genere credibilidad y confianza.

Insisto, no quiero hacer un análisis de los resultados de la elección, ni el porqué de la abstención, ni de las divisiones de la oposición, ni de las pérdidas del gobierno, ni de lo que está pasando en Barinas; quiero fijar mi atención y señalar a algunos que andan por allí tratando de cambiar espejitos y cascabeles por oro, tratando de hacerle creer a un sector de la población que la única vía para salir de este gobierno es el referéndum revocatorio. Si bien es cierto que como decía El Libertador “Dios concede la victoria a la constancia…” existe quienes no saben diferenciar -o no quieren ver- la delgada línea entre la constancia y la necedad, creyendo que con solo intentar una y otra vez algo se va a lograr el objetivo, porque eso no siempre es verdad y el referéndum revocatorio es uno de los ejemplos más claros.

Hay hoy un grupo de nuevos promotores de este mecanismo constitucional que pareciera que no se han dado cuenta que, aunque estén en su legítimo derecho de intentarlo, no parecen estar del todo conscientes del grado de complejidad jurídica, técnica y política que sería impulsar por tercera vez esta iniciativa que, lejos de resolver un problema, podría encausar a nuestro país en una crisis mayor. Y si por el contrario conocen las complicaciones y dificultades que suponen la convocatoria y la realización del referendo, entonces son unos irresponsables.

El chavismo introdujo la figura del referéndum como un innovador mecanismo de consulta popular para “democratizar” y tratar de legitimar asuntos de trascendencia nacional mediante la participación ciudadana mediante el voto, y fue gracias a uno de carácter consultivo que la “revolución” pudo introducir la Asamblea Nacional Constituyente para la reforma de la Constitución de 1961 aunque fuese un mecanismo no establecido en ese Pacto Social. Una vez aprobada la actual Constitución en 1999 el chavismo usaba la figura del referéndum como ejemplo de democracia y de la máxima expresión del ejercicio de la soberanía popular.

Desde que se convocó en 2004 un referéndum revocatorio por primera vez -y hasta ahora única- para tratar de sacar del poder al entonces presidente Chávez, la revolución bolivariana usó todos los recursos jurídicos, técnicos y políticos para que de ninguna manera se pusiera en riesgo la continuidad del PSUV en el poder, de aquí que pensar o creer hoy en día que se puede llegar a tener nuevamente éxito en su convocatoria y más aun después de los resultados del domingo es solo una fantasía.

Para poder convocar el referéndum revocatorio la Constitución establece que por lo menos el 20% de los electores inscritos en el registro electoral hagan la solicitud del referendo revocatorio. El total de electores en nuestro país es de 21.159.846 por lo cual solo para activar la convocatoria se necesitaría que 4.231.969 venezolanos hicieran dicha solicitud. Si tomamos como referencia las elecciones del pasado 21 de noviembre todos los venezolanos que votaron por las distintas fórmulas de oposición obtuvieron un total de 3.931.427 votos, con eso no alcanza “ni para el arranque”.

Pero hagamos el ejercicio de que se puedan recolectar las firmas necesarias para convocar el referéndum revocatorio, y entonces surge un problema jurídico con el cual se debe lidiar y que no es desconocido para nadie (y menos para quienes lo promueven) y es que, aunque la Constitución establece que la figura del referendo revocatorio debe regirse por una ley la misma nunca se ha elaborado, por lo cual las condiciones y los requisitos son establecidos mediante resoluciones por el CNE que pueden ser cambiadas o modificadas con el voto de la mayoría de los miembros del Directorio y todos sabemos quiénes son mayoría allí.

Pensemos por un momento que superamos todos estos escollos y se logra convocar y fijar fecha para el referendo; pues bien, la Constitución es muy clara sobre cuántos votos se necesitan para revocar al presidente Maduro: se necesitan 6.245.583 votos, un voto más de los obtenidos por él en las elecciones presidenciales de 2018. Pero esto no termina aquí porque quienes promueven el referéndum omiten las letras pequeñas.

Si lográsemos obtener los votos que necesitamos para revocar el mandato presidencial no es que todo el madurismo y su gobierno agarran sus corotos y se van, no, la Constitución establece que si la falta del presidente de la República es absoluta (la revocatoria del mandato es considerada como tal) y esta se produce en los 2 últimos años de su período, entonces la vicepresidenta ejecutiva asumirá la presidencia hasta completarse el período:  en pocas palabra seguiríamos bajo un gobierno del madurismo y del PSUV. ¡Tanto nadar para morir en la orilla!

Lo que hay que decirle a estos sesudos promotores de tan quimérica iniciativa es que en vez de estar gastando esfuerzos y recursos en una tarea que es más parecida a la maldición de Sísifo que a un derecho constitucional, que nos enfoquemos en reconstruir el liderazgo opositor reemplazando y cambiando a los dirigentes y autoridades de los partidos que no tienen conexión con la gente y que tienen las mismas prácticas de corrupción y vicios del gobierno, y que tratemos de construir una opción de cara a las elecciones de 2024.

¿Esto nos garantiza el triunfo en las próximas elecciones presidenciales? No, pero siempre será mejor empezar a construir sobre opciones posible que construir casas en el aire.  

@danielgodoyp