OPINIÓN

EL 2021, UNA LECCIÓN

Por: Daniel Godoy Peña

Ya casi acaba el 2021 y creo que es un tiempo propicio para hacer revisión y reflexión de lo acontecido durante este año que, ha sido el segundo en pandemia trayendo consigo un poco más de normalidad, pero sobre todo un año en el cual hemos “aprendido” a vencer el miedo que supone el COVID y donde de a poco se han retomado algunas actividades con mucha precaución. Creo que si existe algo que nos ha enseñado esta situación es valorar aún más el presente, el hoy, el ahora; lo cual no es óbice para que no se pueda ver hacia atrás para enmendar en la medida de lo posible lo que hayamos hecho mal y para cambiar aquello que no solo nos perjudica como personas sino también como miembros de una sociedad.

Nuestro pueblo ha dado señales claras sobre cuales son sus expectativas, necesidades y aspiraciones que dejan un mensaje claro al gobierno y a la oposición y con el cual ninguno de los dos sectores debería sentirse cómodo, ni darse por satisfecho. Por el contrario, ambos deberían prender todas las alarmas y las señales necesarias si no quieren ir aumentado sus niveles de rechazo y que se profundice todavía más la grave crisis institucional que tenemos y que no es un secreto para nadie.

En primer lugar y después de muchos años los resultados electorales no están en concordancia con lo que hasta ahora había sido una constante en nuestra política que es “seguir el ejemplo que Caracas dio”. En la medida que se fue agudizando la crisis de los servicios públicos y la escasez de los productos básicos, el gobierno puso todo su empeño en que lo último que fracasara o colapsara fuera la ciudad capital y esto dio como resultado que la mayoría de los recursos económicos y políticos estuvieran dirigidos a evitar que se apagara la “Sultana de El Ávila”. No olvidemos que la primera señal que recibió al gobierno fue en las regionales de 2017, donde la oposición logró ganar el Zulia, Mérida, Anzoátegui, Nueva Esparta y Táchira.

Esa ficción que vivimos en Caracas no se vive en la Venezuela profunda, donde la falta de luz, agua, internet, combustible y el alto costo de la vida sirvieron de caldo de cultivo para que el interior del país alzara la voz y manifestara abiertamente su descontento con el gobierno del presidente Maduro y su partido, una muestra de ello es que de las 19 gobernaciones donde el oficialismo ganó, en 13 no llegó al 50% de los votos. El gobierno no solo descuidó a las regiones, sino que además creyó que una gestión seria de la pandemia y el plan de vacunación masiva le sacarían las castañas del fuego, pero nada más lejos de la verdad. Aunque si bien es cierto que el PSUV ganó las elecciones regionales, también es verdad que por primera vez en 22 años no pudieron interpretar al resto del país y se quedaron ellos mismos deslumbrados con el espejismo capitalino.

Pero si para el gobierno las señales y los resultados fueron malos para el G4 y el interinato fueron demoledores; tanto así que también es la primera vez en 22 años que una manifestación de descontento contra el gobierno no es capitalizada por la oposición. No vamos a ahondar en las causas que ya todos conocemos, pero sí en las consecuencias de lo que se puede avecinar si no se toman los correctivos necesarios, y por eso no se puede pretermitir afirmar que lo primero que se debe hacer es terminar de desechar ese “sueño de una noche de verano” llamado “interinato” que, como la obra de Shakespeare, solo es una obra de teatro que transcurre en una fantasía de hadas y personajes mitológicos.

No debe pasar desapercibido que la catástrofe es también responsabilidad de la mayoría de la dirigencia nacional de los partidos del G4 y sus aliados. Hoy tenemos en la oposición una grave crisis de liderazgo, falta de coherencia, imposibilidad de conectarse con las necesidades del pueblo y pérdida de la credibilidad que han horadado profundamente el ánimo del simpatizante opositor, y que así como se le reclama al gobierno sus 22 años de continuismo de este lado pasa lo mismo, solo que dependiendo de la época o de las circunstancias se cambia de nombre: Coordinadora Democrática, Mesa de la Unidad Democrática, G4, Plataforma Democrática, la liga de la justicia o los caballeros de la mesa redonda, etc. Da lo mismo el nombre que se quiera adoptar.

En todo caso, en la oposición siguen siendo las mismas caras y los mismos personajes quienes pretenden -ahora con un seudo discurso de renovación y de “empatizar” con la gente- lavarse la cara y recorrer el país como si nada hubiese pasado. No se trata solo de remplazar con sangre nueva las dirigencias de los partidos, sino de lograr el equilibrio entre experiencia y juventud, dirigentes que sirvan de puentes, dirigentes que tengan coherencia y credibilidad; y si de verdad queremos avanzar debemos quitarnos ese cliché de que “es preferible malo conocido que bueno por conocer”, porque el problema es que son malos dirigentes, que ya los conocemos y que no van a corregirse, por ende, hay que cambiarlos.

Por cierto -antes que se me olvide- y para que  sirva  de enseñanza a aquellos que pretenden seguir llamando a otro sector de la oposición “alacranes” o “colaboracionista”: el término solo pareciera tener pegada en el mundo de la redes sociales y en Caracas porque fueron más de 1.200.000 venezolanos opositores quienes decidieron libremente votar por una opción distinta a la MUD logrando así aumentar ostensiblemente el número de alcaldías (casi la misma cantidad que la MUD); y está claro que si se hubiese logrado superar las diferencias se pudo haber obtenido un mayor número de gobernaciones no haciendo tan evidente la tan acertada frase de “divide a tu enemigo y vencerás” porque si algo es obvio es que fuimos divididos y que nos vencieron.

El 2022 debe estar enmarcado en un año de reconstrucción de la oposición y de entendimiento político con todos los sectores del país que adversan al gobierno, y de no estar creyendo en cuentos de camino, verbigracia, referendos, constituyentes, gobierno interino y demás yerbas. Mientras los venezolanos no veamos que existe una dirigencia opositora con credibilidad y con una propuesta seria de cambio que no nos enfrente a unos contra otros, nuestras opciones de lograr un cambio serán cada vez más complicadas, porque nuestro objetivo debe estar orientado en presentar una iniciativa seria para las presidenciales de 2024, y en seguir trabajando para conseguir mejores condiciones electorales.

A todos mis generosos lectores aprovecho para agradecerles su acompañamiento y desearles una Feliz Navidad y un Feliz año 2022.

@danielgodoyp