TIERRA DEL SOL AMADA

Por: Rodolfo Godoy Peña

Se cumplen 162 años del fallecimiento del polímata zuliano Rafael María Baralt acaecido en la ciudad de Madrid en 1860; un venezolano de excepción que exalta el gentilicio marabino y que dejó una labor prolífica y fecunda.

Hijo de venezolano y dominicana, se crió bajo la égida de un padre militar y periodista, pasos que Rafael seguirá en su vida. Nació en Venezuela en el año de las convulsiones políticas de 1810 que darán paso al proceso independentista razón por la cual su familia resuelve trasladarse a la tierra materna de forma que partirán rumbo a la Capitanía General de Santo Domingo donde Rafael Maria pasará los primeros once años de su vida. En 1821 cuando ya está consolidada la independencia venezolana el coronel Miguel Antonio Baralt decide regresar a Maracaibo en compañía de su esposa Ana Francisca Pérez y de su único hijo, Rafael María y donde el joven será testigo de la retoma de la ciudad por las fuerzas realista en 1822 y su posterior liberación luego de la Batalla Naval de Maracaibo en 1823, eventos que le servirán de materia para su obra histórica.

Rafael Maria continuará su proceso educativo en Maracaibo pero esa educación resultaba limitada y escasa por lo que aprovechando que su tío Luis Andrés Baralt ejercía como Presidente del Congreso colombiano, Rafael sale con rumbo a Bogotá a la edad de 16 años donde estudiará latinidad en el Convento de Santo Domingo, derecho público y filosofía en el Colegio de los Claustros de San Bartolomé y Nuestra Señora del Rosario, hasta alcanzar el título de bachiller en el año 1828.

Regresará a Maracaibo en los albores del movimiento La Cosiata que tenía como objetivo la separación de Venezuela de la unión grancolombiana y se pone activamente de lado de los separatistas liderados por el general José Antonio Páez, de modo que inicia su vida militar como secretario y miembro del estado mayor del general Santiago Mariño, tarea que acompañará con sus primeras intervenciones literarias de la mano de su padre, quien era el director del diario El Constitucional, medio en el cual publicará sus iniciales trabajos.

 A las órdenes del general Santiago Mariño alcanzó el grado de teniente. Poco tiempo después desempeñó un cargo en el Ministerio de Guerra y siguió estudios en la Academia Militar de Matemáticas de Juan Manuel Cajigal, donde se graduó de agrimensor público (1832) y desempeñó la cátedra de filosofía.

Al iniciarse la Revolución de las Reformas en Maracaibo con el fin de derrocar al presidente Vargas y la reconstitución de la Gran Colombia, Baralt firme defensor de la separación de Venezuela y dando muestras de que un hombre debe defender sus ideas y no al líder, combate a su antiguo jefe el general Mariño; y es una vez conjurada la revolución cuando Rafael María abandonará la vida castrense donde había alcanzado el grado de capitán.

Se abre una nueva etapa de su vida que lo llevará lejos de Venezuela y de su amada Maracaibo y a donde ya no regresará con vida. En el año 1837 el presidente José Antonio Páez le encomienda la tarea de redactar la historia de Venezuela, labor que le llevará tres años. Una vez concluida le hace llegar al Centauro la obra todavía sin publicar.

Los tomos abarcan 300 años de nuestra historia y a pesar de la falta de distancia histórica con los sucesos relatados en el tercer tomo, Rafael Baralt logra una formidable recopilación basada en una ingente cantidad de documentos y de análisis geográficos y étnicos de nuestra geografía, con imparcialidad y sentido crítico. De esta obra dirá el intelectual que fuese presidente de Colombia Dr. Marco Fidel Suárez: “¡Qué sencillez, qué idioma tan casto, qué elegancia, qué claridad, qué primor!”.

Parte en 1841 rumbo a Paris en compañía de Agustín Codazzi (hoy que se celebra la repetición de las elecciones en Barinas valga mencionar como dato curioso que Codazzi ha sido el único italiano gobernador de ese estado) geógrafo, militar e ingeniero a quien el general Páez le había encomendado la labor de hacer el levantamiento geográfico del país. Codazzi publicará en Francia el “Atlas Físico y Político de la República de Venezuela y el Resumen de la Geografía de Venezuela” y por su parte Baralt publicará “Historia Antigua y Moderna de Venezuela”. Ambas obras constituirán por mucho tiempo una suerte de libros fundamentales en nuestro país.

Vale la pena precisar que hubo un sector en Venezuela que no recibió bien la obra, pues en ella Baralt hace un análisis ponderado de la actuación del Libertador en los eventos históricos, y a pesar de haber empuñado él las armas para defender la separación de Venezuela, no agrede al Libertador, sino que, al contrario, intenta dimensionarla como parte del convencimiento de Bolívar de un plan político. Baralt estaba en contra de la idea, no del hombre.

De Paris se mudará a Madrid donde se destaca con una formidable labor literaria y poética que lo encumbrará hasta llegar a ser el primer americano en conseguir un sillón en la Real Academia Española de la Lengua:

 “Tierra del sol amada,

donde inundado de su faz fecunda,

en hora malhadada

y con la faz airada

me vio el lago nacer que te circunda

../..

¡Dichoso yo si un día

a ti me vuelve compasivo el cielo;

dulce muerte me envía,

y me da, patria mía,

digno sepulcro en tu sagrado suelo!”.

Del maestro Baralt debemos exaltar no solo el amor por su patria –que se manifiesta en toda su obra- sino también hay que rescatar como un valor aquello de lo cual fue un militante y es que la idea se combate pero el hombre se respeta, sobre todo en esta sociedad nuestra que intenta destruir al otro y que se ha acostumbrado a percibir al contrario como enemigo.

@rodolfogodoyp     

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