NORTE CLARO, RUMBO SEGURO

Por: Daniel Godoy Peña.

En mi juventud cuando se me preguntaba cual era mi perspectiva o aspiración sobre mi futuro, lo más común es que contestara timoratamente algo de lo cual no estaba muy convencido, o que me encogiera de hombros y espetara un “no sé, todavía no lo he pensado” y ante tal afirmación mi madre siempre repetía con cariño pero con firmeza: “acuérdate hijo que cuando el norte está claro, el rumbo es seguro”. Esta frase se quedó grabada y he tratado a lo largo de mi vida de aplicarla para todas las tareas y metas que me he propuesto.

Y que el rumbo sea seguro no tiene nada que ver con que no existan dificultades o imprevistos que nos hagan modificar o corregir el plan inicial con determinación pero esa determinación y ese empeño deben cumplir con unas normas básicas. El primero es que uno no puede en el camino llevarse por delante a quien sea o tratar de lograrlo a toda costa; el segundo es que tanto el objetivo como el plan para lograrlo deben ser claros, sencillos de entender y de transmitir pues si bien es cierto que depende de nuestro esfuerzo, también es verdad que somos parte de una sociedad y que necesitamos de los demás para poder lograrlo; y, por último, pero no menos importante, es que ese norte que nos fijamos sea realista y se ajuste a nuestras capacidades y potencialidades ya que si se cumplen estas tres premisas no sin dificultades pero con mucho trabajo usted logrará el objetivo que se ha planteado.

La acción política y de gobierno no escapan de lo esbozado anteriormente porque son actividades desarrolladas por seres humanos para servir a seres humanos. No existe una acción política que tenga consecuencias únicamente individuales porque siempre la actividad ejercida por los políticos impacta para bien o para mal en el desarrollo de una sociedad y es por eso que dada la importancia de la acción es imperativo que los políticos, gobernantes y quienes tienen bajo su responsabilidad la toma decisiones tengan muy claro cual es su norte para que el rumbo sea seguro.

Venezuela se nos presenta como un caso digno de estudio y frente al cual muchos hemos tratado de darle explicaciones lógicas, cualitativas, cuantitativas y hasta esotéricas; y creo que este 2022 no va a ser la excepción. El mejor ejemplo es el hecho de que con el resultado de las elecciones en Barinas ya ha quienes predicen que “ahora sí” llegó el momento y que este es el punto de inflexión que se necesita para “cambiar” al gobierno de Nicolás Maduro y al PSUV; y aunque no quiero desmeritar el triunfo del nuevo gobernador de ese estado llanero, tampoco hay que alzar campanas al vuelo porque una cosa es ganar el estado donde nació Chávez y otra muy distinta es derrotar al madurismo. Con el perdón de los barineses, pero hay que decir la verdad: la cuna de Alberto Arvelo Torrealba y de Hugo Chávez no es ni política, ni económica, ni socialmente relevante para el “cambio” que deseamos la mayoría de los venezolanos.

El meollo del asunto no está solo en los resultados electorales, sino en el dilema que se le presenta ahora a la oposición venezolana y cuando hago referencia a la oposición incluyo a todas las tendencias que adversan a este gobierno -G4, Alianza Democrática, chavistas no maduristas, etc.- en fin, a todo aquel que no se siente representado por este gobierno, ya que gran parte de este dilema tiene su raíz en que no hemos sabido transmitir de forma clara y sencilla al país ese “norte claro” y muchísimo menos el “rumbo” porque si bien es cierto que quien aspira a gobernar debe ser un vendedor de esperanza, la gran mayoría de los venezolanos también hemos aprendido en estos 22 años que si nuestros dirigentes no son capaces de decirnos cual es la ruta que vamos a seguir para lograr nuestro objetivo preferimos no embarcarnos en aventuras ni estar inventando.

Lamentablemente pareciera por los vientos que soplan que en la oposición no estamos ni siquiera cerca de esto y todo por una razón muy sencilla y es que no ha existido coherencia en la ruta planteada para poder lograr el cambio y mucho menos solución de continuidad, ya que la acción política de la oposición ha sido una especie de laboratorio donde se han probado una infinidad de fórmulas para poder llegar a la tan ansiada solución y cuando pareciera que estamos a punto de lograrlo siempre aparece un ingrediente que se había descartado en el pasado que se agrega a la fórmula y que termina por cortar el avance obtenido.

Saque usted cuenta de todo lo que se ha intentado y reintentado para poder cambiar a este gobierno y se dará cuenta de cuales acciones han sido más efectivas y cuáles no. Lamentablemente quienes deberían guiarnos a ese norte y conducirnos por un rumbo seguro han propiciado que el camino sea tortuoso y más accidentado de lo normal facilitando el trabajo del gobierno. Pareciera que el rumbo para lograr la meta se acomoda de acuerdo a las circunstancias y las necesidades del liderazgo y no en beneficio de la población: un día es la vía electoral, al día siguiente es la abstención, otro una invasión, al siguiente un golpe, luego se desconoce por completo al gobierno pero después se sientan en una mesa de diálogo para pedir condiciones electorales y levantamiento de inhabilitaciones para que los negociadores puedan ser candidatos, etc., y, cómo si fuese poco, a los otros partidos de oposición se les tilda de alacranes y colaboracionistas pero posteriormente alaban la “unidad” sin mezquindades como la lograda en el triunfo de Barinas. Todo es un dislate y, ahora, para colmo de males, frente a un exiguo triunfo electoral en un estado de la provincia hay quienes proponen que la vía es el referéndum revocatorio.

Los venezolanos después de tantas vicisitudes hemos llegado a un nivel asombroso de pragmatismo donde la evaluación de una gestión no va a estar asociada a la discusión ideológica ni al recuerdo de tiempos pasados que fueron mejores; al contrario, los venezolanos hoy en día tenemos puesta nuestra mirada en solucionar el problema económico y en apostar a quien nos resuelva nuestros problemas básicos: el que no resuelva se va, y si ninguno resuelve, que se vayan todos.       

@danielgodoyp

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