COLOMBIA ANCLADA AL PETRO

Por: Daniel Godoy Peña

El pasado domingo todas las miradas del continente estaban posadas sobre Colombia. Por primera vez un político de izquierda será el próximo habitante de la Casa de Nariño, y es que Gustavo Petro -con más de once millones de votos- se convirtió en el mandatario más votado de la historia democrática de la nación neogranadina, lo que le brinda la legitimidad suficiente ya que quienes eligieron al ex alcalde de Bogotá lo hicieron convencidos de que necesitaban un cambio urgente para atender la maltrecha economía post pandemia que se ha agravado por la guerra en Ucrania; luchar contra las disidencias de los grupos guerrilleros y el narcotráfico; mejorar la calidad de vida de los más excluidos y necesitados y, por último pero no menos importante, restablecer y recomponer las relaciones con Venezuela.

Fue muy llamativa la forma como durante toda la campaña los medios de comunicación, las redes sociales, un sector importante de la sociedad colombiana, los adversarios de Petro, (¡ah! y no podían faltar: los opinadores de oficio aquí en Venezuela que no pueden aguantar sus ganas de pontificar y tratar de hacer sesudos análisis sobre las elecciones en el continente) todos al unísono no pararon de “advertir” sobre los peligros de tal o cual candidato; o lo nefasto que sería para cualquier país hermano si ganase alguien que no le declarara la guerra o hiciese frente al gobierno venezolano; o que se le ocurriera cometer el sacrilegio de autodenominarse de izquierda o progresista.

Se gastó infinidad de plata, tiempo, trabajo, publicaciones en redes y en medios de comunicación para impulsar una campaña sucia cuyo fin era tratar de asemejar y transformar al presidente electo en una especie de Hugo Chávez neogranadino de modo tal que si la izquierda gobernaba en Colombia sus ciudadanos sufrirían la peor de las desgracias; toda una campaña en la que se ve a Colombia con más lástima que optimismo, y donde se le desea suerte y no éxito a su nuevo gobierno; pero lo primero que hay que advertir es que quienes son portavoces o agoreros de esos mensajes no solo demuestran un profundo desconocimiento de la historia y de la realidad colombiana sino que pareciera que desearan con morbo el fracaso del nuevo gobierno. Yo quiero que a Colombia siempre le vaya bien (¡muy bien!) porque se lo merece.

Cuando algunos de mis lectores y seguidores en redes, amigos o colegas me han preguntado por qué los colombianos no tomaron como ejemplo el caso venezolano para impedir que Petro y la izquierda llegaran al poder y así evitar que su país se convierta en nuevo “bastión” del socialismo del siglo XXI -o de la revolución bolivariana- trato de resumirlo de la siguiente manera.

EL IDEAL DE CHAVEZ Y LA SITUACIÓN DE VENEZUELA YA NO ASUSTA A NADIE EN LATINOAMERICA

Quienes adversaban a Petro hicieron un gran esfuerzo por tratar de convencer a los colombianos en que de ganar el representante del Pacto Histórico entonces Colombia se vería encaminada a convertirse en un nuevo caso venezolano, aunque nada más lejos de la verdad y mucho menos en Colombia.

Quienes diseñaron esa campaña volvieron a tropezar con el fracaso por distintas razones: la primera de ellas es que analizar y encasillar a los partidos y movimientos de izquierda del continente solo desde la perspectiva del caso venezolano es un error ya que aunque parecidas las realidades de nuestros países no son iguales. Si bien es cierto que todo chavista es de izquierda, no todos los militantes de la izquierda son chavistas; amén que es imprescindible tener en cuenta que en América Latina existe una inclinación natural hacia los movimientos progresistas y de izquierda, y que los gobiernos de derecha son la excepción y no la norma.

Colombia, que solamente ha tenido gobiernos de derecha, ha sufrido lo que ningún país del continente sumidos como han estado en un conflicto armado por más de setenta años; la mayor diáspora del continente que hace más de 40 años decidió salir del país en la búsqueda de mejores condiciones; reiteradas crisis económicas y con una distribución de los ingresos entre los habitantes que la sitúa entre las naciones más desiguales del hemisferio y, es importante resaltarlo, que la bonanza económica vivida a principios de los años 2000 y la política de “Seguridad Democrática” del ex presidente Uribe dieron sensación de que ya lo episodios más oscuros en materia de violencia habían pasado pero esto no solo fue sino un simple espejismo.

UNA IZQUIERDA CON MAS DE 50 AÑOS DE RETRASO

Después del derrocamiento de Gustavo Rojas Pinilla en el año 1957 y con la restauración de la democracia y la Instauración del Frente Nacional a los colombianos se les privó de la capacidad de elegir algo distinto a lo que no fueran los candidatos liberales o conservadores. La experiencia más cercana a un intento de ruptura del status quo se dio el 19 de abril de 1970 cuando en una muy cuestionada elección Misael Pastrana era declarado vencedor sobre Rojas Pinilla.

Cincuenta y dos años después los resultados de la primera y la segunda vuelta de las elecciones presidenciales no solo han arrojado un ganador sino que han dejado un mensaje claro a la muy “tradicional” clase política: los colombianos decidieron reventar el orden de cosas partidista y castigar al uribismo. Petro logró lo que para un el mítico personaje de la política neogranadina, Jorge Eliécer Gaitán, era una aspiración pero que después de su asesinato se convirtió en un ideal: un presidente que no perteneciera a las élites políticas.

LOS COLOMBIANOS CASTIGARON A UNO DE LOS PEORES GOBIERNOS DE SU HISTORIA

Sin restarle méritos a los aciertos de la campaña política de Petro y a un conjunto de factores sociales, económicos y políticos que se presentaron en Colombia a finales del año 2019, no podemos ocultar lo que parece una verdad incontestable y es que uno de los mejores jefes de campaña que tuvo el presidente electo es el actual presidente Iván Duque, el niño “prodigio” del uribismo.

Duque se dedicó durante su mandato a preocuparse más por molestar, conspirar y servir como promotor de la mayoría de las acciones que intentaron desestabilizar el gobierno de Maduro que a ocuparse de los problemas de los colombianos, y su gobierno es un ejemplo de lo que todo presidente de la región no debe hacer como lo es hipotecarse políticamente con los Estados Unidos. Duque parecía más un embajador del gobierno norteamericano que el primer mandatario de su nación y con esta postura perjudicó la relación política, económica y social con Venezuela que independientemente de las posturas políticas son vecinos que están obligados a entenderse.

Por ahora, habrá que esperar. Somos muchos los que deseamos y queremos que a Colombia y a su pueblo les vaya bien; y a quienes adversan al nuevo gobierno les propondría hacer una oposición racional y que se vean en el espejo de los fracasos de la oposición venezolana a quienes la mayoría de los venezolanos ahora no los percibe como una alternativa de gobierno creíble, seria y estable.

@danielgodoyp

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