Hermanos que murieron juntos, adolescentes que querían ayudar a sus familias: víctimas de la tragedia del camión en San Antonio

Se estima que unas 70 personas viajaban en el camión de San Antonio: 53 murieron. No se conocen las identidades de todas las víctimas, pero algunos familiares han contado que se trata de hermanos que fallecieron juntos, de una novia, de adolescentes que soñaban con darle una mejor vida a sus familias. Estas son sus historias.

Hay quienes salieron de su pueblo con miedo de que algo pudiera pasarles, incluida la muerte, pero se aventuraron. Otros viajaron con la esperanza de quien sueña con tener un trabajo que le permita ayudar a su familia. La travesía casi terminaba, estaban en un camión que llegaba a San Antonio, Texas. Pero algunos no lo contaron: poco antes de las 6:00 de la tarde del lunes una persona escuchó gritos de ayuda que venían desde un camión. Las autoridades llegaron poco después. No podían tener certeza de la cifra, pero había decenas de cuerpos apilados sobre la plataforma.

Cuando la noticia llegó a los medios y corrió hasta poblados remotos de México, Guatemala y Honduras, las familias temieron lo peor. Con el paso de las horas —y tras mandar fotos o registros— fueron confirmando con las autoridades que sus hijos, sobrinos y amigos habían fallecido. Algunos eran demasiado jóvenes, con 13 años, 18, 24.

El proceso de identificación fue largo, pues algunos ni siquiera viajaban con sus documentos de identidad. Entre los fallecidos había dos que apenas entraban en la adolescencia; otros habían estudiado con esfuerzo para conseguir en Estados Unidos las oportunidades que no hallaron en su propio país.

Poco más de una decena de personas fueron trasladados en condición crítica a los hospitales de la zona, golpeados por el sofocón del encierro en la cabina y la deshidratación. También eran jóvenes.

Las imágenes que se han ido conociendo muestran el llanto de desesperación de los familiares por las despedidas inesperadas y por el miedo a perder para siempre a sus hijos, que apenas comenzaban la vida.

Estas son las historias de algunos de los migrantes que viajaron en el camión. Todavía hay un grupo de hospitalizados. Otros murieron y sus familias —muchas de ellas pobres— buscan la ayuda de sus gobierno para poder darles una despedida a sus jóvenes:

CREYERON QUE SUS ESTUDIOS LES AYUDARÍAN EN EEUU

ALEJANDRO ANDINO CABALLERO, FERNANDO REDONDO CABALLERO Y MARGIE TAMARA PAZ GRAJEDA

Los Caballero habían planeado su migración desde Honduras por algún tiempo. Se irían los dos hijos de Karen Caballero y su nuera. Eran Alejandro, de 23 años; Fernando, de 18; y Margie, de 24. La madre no pudo mantenerlos por más tiempo en Las Vegas, un pueblo de Honduras a unas 50 millas al sur de San Pedro Sula. Allí había pocas oportunidades para ellos, cuenta, tras el golpe que asestaron la pandemia y los huracanes.

«Planeamos esto como familia para que ellos pudieran tener una vida diferente, para que tuvieran más oportunidades de empleo», contó la madre a AP.

Alejandro y Margie eran novios desde hace casi una década. Él tenía estudios en mercadeo; ella de economía. Así que tenían esperanzas de que su nivel de educación les permitiera tener éxito cuando llegaran a Houston, en Texas, su destino final.

Los tres se marcharon el 4 de junio. Karen Caballero los acompañó hasta Guatemala. A partir de allí el trío fue guiado por un coyote para cruzar Guatemala y después México en la cabina de camiones semi tráilers.

«Pensé que todo saldría bien. El que tenía un poco de miedo era Alejandro. Me dijo: ‘Mami, si algo llegara a pasarnos…’. Yo le decía: ‘No va a pasarles nada, no va a pasarles nada. No son los primeros ni serán los últimos que viajarán a Estados Unidos'».

La última vez que hablaron fue el sábado pasado por la mañana. Habían cruzado el río Grande hacia Roma, en la frontera de Texas con México, y de allí los llevarían a Laredo. Creían que el lunes estarían saliendo a Houston.

Pero el lunes, cuando la madre llegó a casa por la tarde, alguien le dijo que prendiera la televisión: se mostraban los primeros reportes sobre un incidente con un camión en San Antonio, Texas, en el que habían muerto más de 40 personas. Karen Caballero comenzó a pensar entonces en cómo habían estado viajando sus hijos, de un camión al otro.

El martes le confirmaron las muertes, después de que envió fotografías de sus hijos y su nuera.

«Mis hijos me dejan un hueco en el corazón. Los vamos a extrañar mucho», aseguró la madre.

DOS GRANDES AMIGOS, DE 13 AÑOS

PASCUAL MELVIN GUACHIAC Y WILMER TULUL

«Mamá, vamos saliendo», le dijo en un mensaje de voz Wilmer a su madre el lunes en su lengua nativa, el quiche. Horas después, un vecino del poblado indígena en el que vivían, Tzucubal, en Guatemala, le dijo que había ocurrido un accidente en San Antonio con un camión.

Pascual y Wilmer eran grandes amigos, hacían casi todo juntos y por eso planearon su migración en conjunto, aunque ninguno hablara inglés o español.

La madre de Pascual, María Sipac Coj, dijo a la agencia AP que su hijo soñaba con estudiar en Estados Unidos para luego poder trabajar y comprarle una casa. El miércoles todo se vino abajo cuando los familiares que esperaban al adolescente en Houston le confirmaron que su hijo estaba entre las más de 50 personas que habían fallecido en el camión de San Antonio. La madre perdió a uno de sus dos hijos. Tuvo que borrar el mensaje de voz porque no soportaba escucharlo una vez más.

El padre de Wilmer, Manuel de Jesús Tulul, también se enteró de la muerte de su hijo el miércoles. Contó a AP que el adolescente no veía un futuro en su pueblo natal y que por eso se iba a Estados Unidos: quería ayudarle con la manutención de sus tres hermanos.

Tulul había pagado a los coyotes casi la mitad de los 6,000 dólares que le costaba el viaje de su hijo a Estados Unidos. Ahora solo espera que el gobierno de su país le ayude a mover el cuerpo de su hijo de regreso a Guatemala para velarlo.

DOS PRIMOS: UNO DESAPARECIDO, UNO HOSPITALIZADO

JAVIER FLORES LÓPEZ Y JOSÉ LUIS VÁSQUEZ GUZMÁN

Hace dos semanas, los primos se despidieron de su familia en su pueblo indígena, Cerro Verde, en Oaxaca, al sur de México. Aunque no hay cifras claras de su población, se estima que allí viven entre 100 y 200 personas. Es un lugar de pobreza, que año tras año ve partir a los jóvenes hacia Estados Unidos. Los que quedan, cuenta la agencia AP, sobreviven con menos de dos dólares al día trabajando incansablemente en sus cultivos de maíz, granos y trigo, o tejiendo sombreros para el sol o esteras con hojas de palma.

«La gente se va de aquí por la necesidad», contó a la agencia Felicitos García, quien tiene una tienda de comida en un pueblo cercano. Vio a los primos cuando se marchaban.

Después de salir de su país y cruzar México y su frontera con Estados Unidos, José Luis tomó el camión que lo dejaría en San Antonio. Pero su destino final era Ohio. 

La familia supo de la noticia del camión a través de los medios. Allí comenzó la angustia.

Javier, de 30 años, está desaparecido. Las autoridades aún no le confirman a sus familiares si él iba o no en el camión, pero sus allegados están casi seguros de que sí. Este no era su primer viaje hacia Estados Unidos, pues ya una vez, años atrás, llegó hasta Ohio, donde viven su padre y hermano. Su esposa y tres hijos aún viven en Cerro Verde.

José Luis, de 32 años y quien había sido soldado del Ejército mexicano, está hospitalizado tras ser uno de los sobrevivientes del camión. Para él sí era la primera vez que realizaba un viaje como este. Quería conseguirse con su hermano mayor, que también está en Ohio. 

Él había vivido en Ciudad de México durante los últimos seis años y volvió al pueblo solo para despedirse de la madre. Según el medio, ya salió de terapia intensiva y se recupera en un hospital de San Antonio.

Un primo de estos hombres, Francisco López Hernández, contó que la mayoría de los que deciden migrar lo hacen con la ayuda económica de sus familiares que ya están en Estados Unidos. El viaje desde Cerro Verde, dijo, cuesta unos 9.000 dólares. Aseguró que es fácil encontrar a un coyote que les haga el viaje por la frecuencia en que se va la gente y que hasta ahora, sus conocidos habían cruzado sin que él recordara algún incidente como el de San Antonio.

IBA POR «EL SUEÑO AMERICANO»

YENIFER YULISA CARDONA TOMÁS

La familia de esta guatemalteca de 20 años temió que ella estuviera entre los muertos del camión de San Antonio. La última vez que la habían abrazado fue a finales de mayo, cuando arrancó en un viaje que la llevaría a Estados Unidos.

Su destino final era Houston, donde soñaba con tener mejores oportunidades económicas que en su país. Pero luego de la trágica noticia del hallazgo de un camión en San Antonio con decenas de muertos, su familia no sabía qué había pasado con ella y su tío, Rony Cardona, comenzó a buscarla de forma desesperada. 

Él contó a Univision 41 que ella le había escrito un mensaje de texto a las 10:00am del lunes en el que decía que estaba dentro de un camión que había llegado a San Antonio. Luego, dejó de contestarle los mensajes.

El miércoles confirmó a los reporteros de Univision en San Antonio que su sobrina estaba entre los hospitalizados por la tragedia.

UN HERMANO AL QUE ESPERABAN PARA DARLE EMPLEO

JOSUÉ DÍAZ

Noel Díaz esperaba que su hermano Josué llegara a Colorado para que trabajara con él. Pero cuando pasaron tres días sin que él lo llamara, se preocupó y decidió viajar a San Antonio para buscarlo.

Y lo encontró, pero en la morgue, contó al diario mexicano El Universal.

«Las personas que lo trajeron, nos mintieron. Nunca nos avisaron que vendría allí y por las noticias nos imaginamos», dijo Noel al diario. Según él, le prometieron que viajaría más cómodo, no en la parte trasera de un camión de carga, sin aire acondicionado ni ventilación.

Este miércoles, reporta El Universal, Noel estuvo en el consulado mexicano en San Antonio para completar los trámites de repatriación del cuerpo de su hermano a Oaxaca, de donde son originarios y donde vivía con su esposa y un hijo.

Con Información de Univisión.com