Ofrenda de reyes

Miguel Peña Samuel

De oriente venimos por montes y valles” reza el primer verso de un aguinaldo que grabara el mítico Quinteto Contrapunto en 1965 y en el cual se traslada a nuestro oriente venezolano la ruta bíblica transitada por los Reyes Magos para llegar al humilde establo de en donde nació Jesús. La imaginación del maestro Ventura Gómez lo lleva a visualizar a los ilustres visitantes caminando entre los ríos Neverí y Manzanares o desde nuestra Guayana hasta Punta Arenas, escogiendo entre la flora, la fauna y las riquezas naturales de la región las ofrendas que llevarían al infante que yacía en el humilde pesebre.

De oriente venimos por montes y valles,

oyendo los trinos de alegres turpiales.

Desde el Neverí, hasta el Manzanares,

recogiendo flores, flores de azahares.

Intentando seguir el mismo trayecto que trazó Ventura Gómez en su aguinaldo, los reyes de mi relato también recorren los coloridos senderos de nuestra tierra oriental, bendecida no sólo por sus bellezas naturales sino también por la calidez de su gente y la diversidad gastronomía que cautiva al visitante. La tradición dicta que los presentes que depositaron a los pies de pequeño Jesús fueron oro, como símbolo de su naturaleza real, incienso, como reconocimiento de su esencia divina y mirra como recordatorio de su condición de humana. Como buenos orientales, nuestros reyes llevan consigo ofrendas gastronómicas porque a lo largo de la historia la comida ha servido por igual para agasajar a la realeza, venerar a la divinidad y alimentar a los seres humanos. De todas las posibilidades que ofrece la gastronomía oriental tuve que seleccionar solo tres de sus más conocidas expresiones, plasmadas en deliciosas canciones cuyas sonoridades nos trasladan de inmediato a esas tierras soleadas, en donde la picardía de su gente se hace presente en cada compás.

El primer presente sirve para que la joven madre recupere fuerzas después del parto. Para ello, nada mejor que un buen plato de Cruzao, un hervido sustancioso en el que se puede mezclar gallina o pollo con carnes de res o cerdo, además de los tubérculos, hierbas y especias propias de la región. El compositor anzoatiguense Félix Calderón Chacín, nuestro primer rey mago criollo, describe en un sabroso joropo oriental los elementos que intervienen en su preparación así como algunos complementos para su degustación.

Si vas pa’ Caigüire hermano, dígale a Pardo Medina

que al regreso de Caracas le brindaré una gallina.

Un litro de ponsigué preparado con Florida

y un Morrocoy que ya tengo encerrado en la cocina

Elauterio tiene todo pa’ preparar el cruzao,

tiene yuca, tiene ñame, y tiene mapuey morao.

Y como si fuera poco tengo un chivito amarrao

y un frasco de Marsalá que me trajo mi cuñao.

Un verdadero banquete oriental que, además del hervido cruzado, intuimos que puede incluir un Pastel de morrocoy y un Tarkarí de chivo, ambos emblemas de la gastronomía de la región. Por si fuera poco, pone a disposición “un litro de ponsigué, preparado con Florida”, bebida asociada a las fiestas navideñas en toda la zona oriental. Su elaboración casera comienza con la selección de los ponsigué pintones, los cuales presentan coloraciones entre el naranja y el rojo, se les mezcla con licor de caña o ron, azúcar y especias al gusto, para dejar macerar por largos períodos de tiempo. En esta región del país se utilizan para la elaboración de esta bebida preferiblemente los destilados producidos desde 1948 por Licorería la Florida.

El segundo rey nos ofrece el plato principal, un tarkarí de chivo, preparado con un animal alimentado con orégano criollo para que sus carnes se aromaticen de manera natural con las esencias de esta hierba.

Chivo que come orégano y con mecate maneao

es más sabroso mi hermano si me lo como robao.

Ya me voy pa’ Pantanillo a cantar un estribillo

con ritmo del mismo cuero de ese chivo aserradero.

De cuchara está el casabe y el arroz con tarkarí

es el plato más sabroso que en Oriente me comí.

El merengue con estribillo titulado El Chivo, del maestro cumanés Lorenzo “Lencho” Fajardo, recoge entre sus versos el vínculo entre este caprino y la dieta de los habitantes de la zona. El tarkarí o talkarí de chivo es una de las preparaciones más populares en la región, siendo un plato originario de la India, traído a Venezuela a mediados del siglo XIX por emigrantes provenientes de Trinidad y Tobago que se radicaron en poblaciones del Golfo de Paria como Irapa, Güiria, Carúpano y San Antonio. El toque picante de este plato es muy del gusto del venezolano y del caribeño en general. El condimento principal es el curry, denominado “masala o massala” por los habitantes de la región, una mezcla de diferentes especias usadas en la cocina india, de profundos y exóticos olores y sabores. Existen tantas variedades de masala como combinaciones se puedan hacer con las especias disponibles.

El tercer y último rey llega sonando las características campanitas de los tantos carritos de helados que transitaban las calles o que estaban estratégicamente ubicados a las salidas de colegios, en plazas o parques públicos y que era conocido como El Posiclero o vendedor ambulante de helados.

Por ahí viene el posiclero sonando su campanita

corriendo todas las calles de la isla de Margarita

Langui langui lan, campaneando van.

Con su camisa sudada empujando su carrito

lleva la sabrosa tina y el posicle de palito.

Salgan a la puerta pronto todos a comprar su helado

lo lleva de tamarindo, de coco y de mantecado

Que importa que sea de pierda un gran charquero

la calle su campanita repica como la que está en El Valle.

En la mayoría de los estados que conforman la región, a los helados de paleta se le llama “Posicle”, una deformación de la palabra inglesa “Popsicle” que traduce literalmente “paleta de helado” y, por analogía, a sus distribuidores se les llamó “posicleros”, aunque también vendían helados cremosos empacados en vasitos llamados tinas o tinitas y los conos de galletas rellenos o barquillas. En este motivo guaiquerí, el maestro Perucho Aguirre describe el deambular por las soleadas calles insulares de estos posicleros que no sólo vendían helados sino que ofrecían a sus clientes una pequeña ventana a través de la cual podían apreciar un mundo de fantasía.

El día de reyes es la primera solemnidad religiosa del año y, en muchos países, señala el final de las fiestas navideñas. Es una celebración que nos recuerda el acto de adoración a Jesús recién nacido por parte de tres misteriosos personajes procedentes de los confines del oriente conocido para el entonces, quienes fueron guiados por una brillante estrella hasta el sitio exacto del alumbramiento del hijo de Dios. Según el texto bíblico se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar, pero en esta historia fueron relevados por nuestros compositores y cantores populares y en lugar de oro, incienso y mirra, permitieron, en nuestra imaginación y deseos, que las ofrendas al niño estuvieran cargadas de los olores y sabores de nuestra tierra oriental.

Miguel Peña Samuel