“No hay ningún apoyo del Estado ecuatoriano a los pequeños ecoagricultores”

Luzmila Vásquez forma parte de Ayllu Kurikancha, una organización en Ibarra, Ecuador, que acaba de recibir el primer premio Benoît Maria de la Asociación de Agrónomos y Veterinarios sin Fronteras en Lyon, Francia. Un galardón que recompensa iniciativas agrícolas sostenibles en todo el mundo. El premio se creó como homenaje al ingeniero agrícola francés Benoît Maria, asesinado en 2020 en Guatemala. 

La Asociación de Agrónomos y Veterinarios Sin Fronteras (AVSF) trabaja desde hace varios años con comunidades indígenas de todo el mundo. Es la primera edición del premio Benoît Maria, en homenaje a este ingeniero agrónomo francés muerto en Guatemala, donde justamente trabajaba con agricultores locales. Fue asesinado el 10 de agosto de 2020 por un grupo de personas cuando iba a trabajar y hasta hoy las circunstancias de su muerte aún no han sido aclaradas. 

“No sabemos todavía exactamente cuáles fueron las razones profundas de este asesinato y si tal vez está vinculado a la acción que nuestra asociación desarrolla en el país, apoyando a comunidades indígenas y campesinos. Hay una investigación en curso desde hace casi dos años. Esperamos que nos aporte las respuestas que su familia y todos nosotros esperamos”, resalta Frédéric Apollin, director de esta organización y quien acompaña a Luzmila Vásquez, ganadora del premio.  

En esta primera edición se han premiado a tres organizaciones, una en Madagascar, otra en Togo y la de Ecuador, que se ha llevado el primer premio. Se trata de Ayllu Kurikancha, en Ibarra, en el norte de Ecuador, por un espacio de comercialización directa entre agricultores y consumidores llamada en quechua Plaza del oro o de la vida. 

“Es un espacio donde vamos los productores con toda nuestra diversidad, con la producción que hacemos en nuestras huertas, en las fincas y hacemos nuestra vida en este espacio. Ahí es donde comercializamos de manera directa, hacemos trueque”, cuenta Luzmila Vásquez, que viajó especialmente a Francia para recibir el galardón en la ciudad de Lyon.  

Para Apollin, la iniciativa de Ayllu Kurikancha sintetiza muy bien la agricultura respetuosa con el medio ambiente. “Son un grupo de familias pioneras en la agroecología y también en la etnoveterinaria. Para vivir de la agroecología se tiene que comercializar y sensibilizar al consumidor urbano para comer productos buenos y también sanos para la salud”, afirma.  

Luzmila Vásquez trabaja un terreno de 700 m2 que heredó de su familia, donde cultiva verduras, maíz, frutales y también plantas medicinales con las que trata a los animales como las gallinas o los patos, una tierra donde siempre se ha cultivado sin químicos.  

“Estas plantas las utilizamos para la preparación de medicamentos para prevenir y curar las enfermedades de los animales”, cuenta la agricultora, quien siguió unos cursos de capacitación con la Asociación de Agrónomos y Veterinarios sin Fronteras.  

Si bien mucha gente está familiarizada con la ecoagricultura, lo está menos con el concepto de etnoveterinaria, con el que se usan plantas autóctonas para tratar parásitos internos, problemas respiratorios, digestivos e incluso fracturas o heridas.  

“Con la capacitación que recibimos somos más conscientes de esta situación, del trabajo sano que tenemos que producir y con la etnoveterinaria también generamos abono, abono sin químicos, porque con eso alimentamos la tierra”, añade Vásquez.  

“Un 70% de nuestros alimentos a nivel mundial provienen de pequeñas fincas ecológicas”

La pregunta es si una vuelta a los orígenes y un desarrollo de la agricultura sostenible y la etnoveterinaria puede representar una alternativa a la agricultura clásica de grandes latifundios y que usa químicos para garantizar alimentos para la población mundial.  

“Yo sé que hay muchos escépticos, pero pensamos que sí puede ser una alternativa”, piensa el director de AVSF. “La cuestión no es sustituir una agricultora por otra, sino de hacerlas convivir. La agricultura campesina, indígena ecológica no tiene en todos los países el apoyo político y financiero que debería tener. Si tuviera apoyos de las políticas públicas, del sistema de créditos, la agricultura ecológica podría ya abastecer a muchas más personas. No hay que olvidar que un 70% de nuestros alimentos a nivel mundial provienen de pequeñas fincas ecológicas, como la de Luzmila”, asegura Frédéric Apollin. 

Por su parte, Vásquez confirma que en Ecuador no hay suficientes respaldos. “No hay ningún apoyo desde el Estado hacia los pequeños productores. No hay insumos para apoyar a la agroecología. Nosotros tenemos que hacer los insumos para trabajar de esta manera, porque la agroecología es una forma de vida que nuestros abuelos hicieron y queremos seguir”, reivindica la agricultora, quien destaca la actividad minera como una de las mayores amenazas.

“Tenemos un 30% de las tierras, de los productores, tierras cultivables, que están concesionadas y en otras zonas son las empresas de petróleo”, concluye Luzmila Vásquez. 

Con Información de France24