INMIGRACIÓN

Que los Estados se comprometan a eliminar las causas de la migración forzada

El observador permanente ante las Naciones Unidas y otras Organizaciones Internacionales en Ginebra, Monseñor Balestrero, intervino el 29 de noviembre, en la 114ª Sesión del Consejo de la Organización Internacional para las Migraciones, destacando la necesidad de un esfuerzo conjunto de los distintos países y de la comunidad internacional para garantizar que todas las personas puedan vivir en paz y con dignidad en su propio país.

Es necesario “un diálogo más estructurado entre los Estados de procedencia, tránsito y asentamiento de los migrantes” para “desarrollar una gobernanza humana de las migraciones más respetuosa e integral”: así se expresó ayer monseñor Ettore Balestrero, Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas y otras Organizaciones Internacionales en Ginebra, en la 114ª Sesión del Consejo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). ma Sesión del Consejo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), subrayando la urgencia de un esfuerzo común para eliminar las causas de las migraciones forzadas: guerras, persecuciones, pobreza y cambio climático. Según el Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2022 de la OIM, el número de personas que viven en un país distinto al de nacimiento en 2020 es de casi 281 millones, señaló el nuncio apostólico, quien añadió que el año pasado “nuevas crisis como la guerra en Ucrania y los desastres naturales en el Cuerno de África provocaron desplazamientos masivos”.

Canales migratorios regulares

Como afirma el Papa Francisco en su Mensaje para la 109 Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, ha recordado monseñor Balestrero, es necesario “hacer todos los esfuerzos para detener la carrera armamentista, el colonialismo económico, el saqueo de los recursos ajenos y la devastación de nuestra casa común”. Hay personas que se ven obligadas a recorrer rutas migratorias en las que arriesgan su vida, “es necesario tratarlas como hermanos y hermanas”, acogerlas, integrarlas, no explotarlas, pidió el Papa el pasado mes de septiembre en la sesión final de los Encuentros Mediterráneos en Marsella, no considerarlas “como problemas molestos”. Y hay que reconocerles la “dignidad que Dios les ha dado”, precisó el prelado: es el primer paso hacia un cambio de rumbo, para no dejar que prevalezca la “cultura de la indiferencia”. En este sentido, es necesario “ampliar los canales regulares y seguros de migración, coordinar mejor las operaciones de búsqueda y rescate que salvan vidas y la reunificación segura y justa de las familias”.

Protección de los menores

“La Santa Sede está profundamente preocupada por la seguridad y el bienestar del número cada vez mayor de menores en movimiento, muchos de los cuales no están acompañados o están separados de sus familias”, añadió el nuncio, que pidió priorizar “su interés superior y la reunificación familiar” en las políticas y prácticas pertinentes, y también remarcó que los migrantes no pueden ser tratados injustamente, explotados o discriminados, mientras que su trabajo “es muy necesario y bienvenido para cubrir la escasez de mano de obra”. “Su trato no debe estar determinado por su utilidad”. De ahí el llamamiento a tener cuidado con “ciertas expresiones que se utilizan a menudo en los debates sobre la migración, como ’emergencia’, ‘reparto de cargas’, ‘reasignación’ e ‘invasión’ que “reducen a los migrantes, refugiados y solicitantes de asilo a meras mercancías o ‘pasivos'”. Porque, como argumentó el Papa en Marsella, “el fenómeno migratorio no es tanto una urgencia coyuntural” como “una realidad de nuestro tiempo”.

El derecho a no ser obligado a emigrar

Por último, monseñor Balestrero recordó la Exhortación Apostólica Laudate Deum, en la que el Papa Francisco señala que “el cambio climático afecta cada vez más a la vida de muchos, con un impacto ‘en la asistencia sanitaria, las fuentes de trabajo, el acceso a los recursos, la vivienda, la emigración forzada'”. Por lo tanto, lo que se necesita es “un esfuerzo conjunto de cada país y de la comunidad internacional para garantizar a todos el derecho a no verse obligados a emigrar, es decir, la posibilidad de vivir en paz y con dignidad en su propio país”. Se trata de un derecho que debe codificarse y cuya protección “debe considerarse una responsabilidad compartida de todos los Estados respecto a un bien común que trasciende las fronteras nacionales”. La integración de los inmigrantes es un esfuerzo que debe abordarse mirando hacia “un futuro en el que cada persona pueda desempeñar un papel distintivo y contribuir al crecimiento de la sociedad”, concluyó Balestrero, haciendo un llamamiento a una cultura de humanidad y fraternidad.

Con Información de vaticanews