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Ariel Gelblung expresó: “Si el mundo no reacciona contra Hamas, no ha aprendido nada y no sirve de nada el Día del Holocausto”

Infobae dialogó con el director del Centro Wiesenthal para América Latina sobre la importancia de reactualizar el significado de la conmemoración del 27 de enero tras el ataque de Hamas y el alarmante recrudecimiento del antisemitismo en la región y en el mundo

El Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto, establecido en 2005 por la ONU para conmemorar a las víctimas de la Shoá, tiene lugar este año en un clima afectado por el atroz ataque del 7 de octubre, en el que terroristas de Hamas mataron a unas 1.140 personas, en su mayoría civiles, y secuestraron a cerca de 250 en el sur de Israel

Ese ataquela masacre de judíos más mortífera desde la Segunda Guerra Mundial, hizo que la relevancia del “nunca más”, el mensaje más contundente del Día del Holocausto, se volviera más urgente que nunca.

Hamas sostiene su acta constitutiva que quiere borrar no solo a Israel, sino a todos los judíos de la faz de la tierra. Si el mundo no reacciona contra eso, no ha aprendido nada y no sirve de nada el 27 de enero”, advierte Ariel Gelblung, director para América Latina del Centro Simon Wiesenthal.

Gelblung recibió a Infobae en las oficinas de Buenos Aires de la influyente institución hebrea, dedicada a documentar las víctimas del Holocausto, llevar registros de los criminales de guerra nazis y a luchar contra el antisemitismo y los discursos de odio. Problemas, estos últimos, que se recrudecieron tras el ataque de Hamas y la posterior respuesta israelí.

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—¿Cuál es el significado del Día del Holocausto y en qué se diferencia del Yom Hashoá, el Día de la Shoá que se celebra en Israel?

—El Día Internacional del Holocausto fue creado por una resolución de Naciones Unidas en el año 2005. El 27 de enero es una fecha pensada para que los países puedan trabajar en políticas sobre el recuerdo del Holocausto y poder enseñar sobre el tema para evitar que esto vuelva a pasar. Pero también es una fecha que tiene sus bemoles. El 27 de enero de 1945 fue el día en que, así lo dice la resolución, el Ejército Rojo liberó a Auschwitz. Aunque yo diría que no fue un acto de liberación, sino un hallazgo involuntario en su marcha hacia Berlín. En Auschwitz los rusos se encontraron con los prisioneros que los alemanes habían dejado atrás porque estaban tan enfermos, o casi muertos, que ni siquiera habían podido participar en las “marchas de la muerte”. Entonces la imagen que esta fecha toma es la del judío medio muerto, casi a punto de desaparecer. Y ahí no coincidimos. Apenas Israel comenzó a existir, nosotros elegimos el 19 de abril, la fecha que marca el comienzo del levantamiento del gueto de Varsovia en 1943. Y la imagen es otra. La imagen es la del judío que no quiere morir y que se defiende con un arma en la mano. Y claro, al mundo moderno esa imagen del judío que se defiende no le gusta.

—Hoy Israel dice que lucha para defender su derecho a existir. En este sentido, ¿qué significado cobra de Día del Holocausto a la luz del atentado del 7 de octubre?

—Si los actos se hacen solo para rememorar a esos judíos medio muertos o los que ya murieron, si van a poner el énfasis solamente en el recuerdo de lo que pasó y no se hacen para pensar en las situaciones del mundo de hoy, no sirven de nada. Hoy, desde el 7 de octubre, tenemos a gente que ha sobrepasado lo que hicieron los nazis. Hamas filmó todo lo que hizo para poder subirlo a sus redes y vanagloriarse. Hamas en su acta constitutiva sostiene que quiere borrar no solo a Israel, sino a todos los judíos de la faz de la tierra. El 7 de octubre se entró en otro país soberano. Se atacó a la población civil. No eran soldados contra soldados. Se cometieron actos absolutamente aberrantes, como quemar niños y decapitar personas. En muchos casos ante el silencio de la comunidad internacional y de los organismos internacionales. Si el mundo no reacciona frente a eso, no ha aprendido nada y no sirve de nada el 27 de enero.

—Otra cosa que Israel subraya constantemente es que su enemigo es Hamas, no los palestinos.

—Es muy difícil a veces tratar de cruzar una línea y explicarle a gente bien intencionada que buscar el desarme de Hamas, quitarle fuerza a Hamas, no significa estar en contra de un Estado palestino. Hamas no es Palestina. Muchos desde nuestro lugar, y me incluyo, creen firmemente en que esto tiene que algún día terminar en la existencia de dos Estados, con fronteras seguras, como ha sucedido con otros países de la región donde hay un mutuo reconocimiento. Si los palestinos hubiesen aceptado la existencia de Israel desde hace tiempo, serían tan prósperos como Dubái. Por distintas razones no lo aceptan hoy. Esto ha endurecido la política israelí. Y cuando aparecen ataques como el otro día, la gente pide seguridad. No cambiar territorios por paz.

—El antisemitismo experimentó un resurgimiento tras el ataque de Hamas y la respuesta israelí en Gaza. ¿Cómo es posible que este virus reaparezca de esta manera?

—Lo voy a poner en las propias palabras de Hamas. Uno de los líderes de Hamas dijo que no iban a aceptar de ninguna manera una eventual solución de dos Estados, porque el ataque les demostró que podían llevar adelante la aniquilación total del Estado de Israel y de los judíos en el mundo. Lo dijeron ellos. A partir de este momento hubo gente que entendió que podía sacarse las máscaras y salir directamente a apoyar esta idea de aniquilación del pueblo judío. Muchos hacen de cuenta que el ataque no existió, cuando cuando Hamas mismo lo reivindica. Y a la vez esperaron la reacción de Israel para salir a atacar esa reacción. El colmo de esta situación es la movida de Sudáfrica de llevar adelante en la Corte Internacional una demanda —absolutamente ridícula— por genocidio contra Israel.

—¿Por qué ridícula?

—Para poder configurar el delito de genocidio tiene que quedar claro que hay un elemento que no puede faltar, que es la intención. Israel tiene la capacidad de llevar adelante un genocidio. Si no lo ha hecho hasta el momento y, en lugar por ejemplo de utilizar artillería a distancia, está luchando cuerpo a cuerpo es porque trata de minimizar los daños colaterales. En cambio, desde el lado de Hamas sí que existe intención genocida. Lo que no tienen es capacidad.

—La guerra en Gaza hizo que, entre lo críticos de Israel, se escuche con frecuencia la frase “Yo no soy antisemita, soy antisionista”. No obstante, algunos observadores sostienen que los términos son, en realidad, sinónimos.

—La definición de antisemitismo es el odio al judío, a sus cosas o a sus instituciones. Y la institución judía por antonomasia es el Estado judío. Si alguien sostiene una crítica donde pueda llegar a decir inclusive que Israel cometió crímenes de guerra en Gaza, puedo aceptarlo. Es una cuestión a discutir en base a las pruebas. Pero sostener que 9 millones o 10 millones de personas son malas porque pertenecen a un Estado y que eso genera un Estado genocida, eso sí es algo que no tiene sentido. O sostener la ilegitimidad del Estado cuando es uno de los Estados que se ha creado con mayor participación internacional. O tener un doble estándar en juzgar sus hechos. Es decir, atacar al Estado por querer defenderse. Cualquier estado saldría a defenderse frente a un ataque exterior. O bien demonizarlo. Hay tres cuestiones: la demonización, pedir un doble estándar y la deslegitimación, es decir no reconocer el derecho a existir de ese Estado. Me parece que esos argumentos son absolutamente antisemitas. Además, sionismo no es una mala palabra. Sionismo no es otra cosa que el movimiento de autodeterminación del pueblo judío en su tierra ancestral. Y esta es la la definición de por qué el antisionista es un antisemita. Si vos estás de acuerdo con que todos los pueblos de la Tierra tengan derecho a su autodeterminación y tenés problema con ese uno y ese uno es el pueblo judío, sos un antisemita.

—¿Cómo es la situación con respecto al antisemitismo en América Latina?

—Hay buenas y malas noticias. Lo bueno: el derecho a la defensa de Israel no está en duda en la Argentina, por ejemplo. Apenas una semana después de los hechos del 7 de octubre tuvimos el debate presidencial. Cuatro de cinco candidatos se pronunciaron contra las barbaridades de Hamas y a favor de la existencia de Israel y su derecho a defenderse. Solamente Myriam Bregman [la candidata de la izquierda] se opuso. El pueblo argentino votó una semana después y ella sacó menos votos que en las primarias. Eso es posible gracias a la convivencia democrática y a la calidad democrática de la Argentina. Por supuesto, hay otras cosas que pueden preocupar. Por ejemplo esta declaración de amor que tiene el presidente Milei con la comunidad judía. Si las cosas no le no le fuesen bien puede ser que la gente crea que la culpa es nuestra. Es una situación a la que hay que estar atentos. Es decir, la del antisemitismo por oposición.

—¿Y en el resto de la región?

—En todo el eje fácilmente identificado con Irán en la región las noticias son peores. Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia, que ni siquiera esperó la reacción de Israel para romper relaciones diplomáticas. En Nicaragua vandalizaron tumbas en cementerios judíos. En Venezuela hubo pronunciamientos del gobierno. En Cuba [el presidente] Díaz-Canel salió inmediatamente a manifestarse a favor de Hamas. Y el otro punto de preocupación es Brasil. Desde la salida de Bolsonaro hay en el sur de Brasil un enorme crecimiento del antisemitismo de derecha. Y del neonazismo, que ya se ha cobrado vidas en 2023. Esto es, una veintena de personas fallecieron por ataques de la ultraderecha en el sur de Brasil, pero al mismo tiempo hay una abierta nueva alianza entre Brasil e Irán a través de los BRICS.

—Los presidentes de Colombia y Chile también tomaron una posición muy crítica hacia Israel y llamaron a consultas a sus embajadores.

—La postura de aquellos que se dicen democráticos es, a mi juicio, todavía más preocupante. Lo de Petro y Boric fue un show que se notó absolutamente coordinado. Petro tiene una postura desde el Estado manifiestamente antiisraelí en una forma muy, muy grave. Boric desde que asumió estaba esperando una excusa para romper relaciones con Israel. Por una visión sesgada de pensar en una comunidad palestina de Chile que tiene casi 400.000 miembros que se auto percibencomo descendientes de palestinos. Su dirigencia, la Federación Palestina de Chile, inmediatamente reivindicó el discurso de Hamas y, junto con la izquierda, trata de llevar a la agenda nacional esta postura absolutamente anti israelí que repercute en los ciudadanos judíos de Chile. En el Parlamento hay intentos de tratar leyes que no tienen nada que envidiarle a las leyes de Nuremberg. De hecho, la comunidad judía de Chile, por primera vez en muchísimo tiempo, comunicó a la Cancillería que no va a participar del acto oficial de recordación del 27 de enero, porque no puede estar al lado de quienes consideran que no han sido lo suficientemente fuertes para defender a los judíos de hoy.

—¿Por qué la persecución de los judíos debería preocupar también a los no judíos?

—Simon Wiesenthal fue muy claro en esto. Lo que empieza con los judíos nunca termina con los judíos. Y voy a citar a otra persona muy inteligente. Hay un historiador llamado Yehuda Bauer que siempre aclara que la Segunda Guerra Mundial comenzó por un tipo que quería perseguir y destruir a los judíos. Mató a 6 millones de judíos, pero también murieron otras 50 millones de personas en todo el mundo. Se perdieron más no judíos que judíos en esa guerra. Los números indican que no preocuparse por un antisemitismo creciente se lleva a más no judíos que judíos. Y la tercera cita es de nuestro director de Relaciones Internacionales, el doctor Shimon Samuels. Él siempre decía que el antisemitismo es como el mercurio de un termómetro: cuando la situación se comienza a caldear, se expande y envenena todo lo que toca.

Con Información de Infobae