ECONOMÍA

Por qué se están extendiendo las protestas de agricultores por Europa

En toda Europa, decenas de miles de agricultores han dejado sus herramientas, se han montado en sus tractores y han salido a las calles.

A la crisis del costo de la vida ahora se han sumado otras preocupaciones, desde las políticas de sostenibilidad de la Unión Europea hasta los efectos de la guerra en Ucrania.

En Francia, los agricultores han bloqueado grandes tramos de autopistas, lo que ha creado una crisis para el nuevo primer ministro, Gabriel Attal, que viajó a una granja en el suroeste del país para ofrecer una serie de medidas en un intento por calmar su frustración.

Algunas de sus preocupaciones, como la creciente burocracia, tienen un carácter nacional; otros señalan problemas más amplios, entre ellos el costo creciente del diésel agrícola, el pago tardío de los subsidios de la UE o la competencia que suponen para ellos las importaciones.

Los agricultores aseguran que se trata de una lucha por su supervivencia y que no se detendrán ahora.

Las quejas

A principios de semana, una joven agricultora, Alexandra Sonac, y su hija de 12 años murieron cuando un automóvil chocó contra un piquete de agricultores en una carretera al sur de Toulouse, en Francia.

El día anterior, Sonac había dicho a la radio francesa que se uniría a las protestas para “defender su profesión” y cuidar de sus hijas.

Las protestas también se han disparado en gran parte de Alemania, aunque allí tienen un carácter principalmente nacional.

Los agricultores alemanes protestan por la eliminación gradual de las exenciones fiscales sobre el diésel agrícola, que, según dicen, los llevaría a la quiebra.

Pero en toda Europa el descontento suele estar alimentado por la ira contra las políticas de la UE.

El sector agrícola siempre ha visto con recelo las medidas introducidas por la UE para renovar su Política Agrícola Común (PAC) de 55.000 millones de euros (US$59.750 millones) y hacerla más sostenible. Más del 70% de ese dinero se gasta en pagos directos a los agricultores, que sirven de red de seguridad.

La reforma incluye la obligación de dedicar al menos el 4% de la tierra cultivable a características no productivas, así como el requisito de llevar a cabo rotaciones de cultivos y reducir el uso de fertilizantes en al menos un 20%.

Muchos agricultores argumentan desde hace tiempo que estas medidas harán que el sector agrícola europeo sea menos competitivo frente a las importaciones.

También les preocupa que la inflación haya reducido drásticamente el valor de sus pagos directos.

“Los agricultores tienen que hacer mucho más… con menos apoyo”, destaca a la BBC Luc Vernet, del grupo de expertos Farm Europe, con sede en Bruselas. “Ya no ven cómo pueden hacer frente a la situación”.

El impacto de la guerra

En algunos países, las protestas no son nada nuevo.

Las manifestaciones estallaron por primera vez en los Países Bajos en 2019 por las demandas del gobierno para que la producción ganadera se redujera a la mitad para reducir las emisiones de óxido de nitrógeno.

Y los residentes de Bruselas están ya acostumbrados desde hace mucho tiempo a que los agricultores entren al barrio europeo de la ciudad para rociar los edificios con leche o llenar las calles con ganado en protesta por las regulaciones agrícolas de la UE.

Ahora, sin embargo, el efecto dominó de la guerra en Ucrania ha provocado protestas en casi todos los rincones de Europa.

La invasión rusa a gran escala de Ucrania en febrero de 2022 prácticamente bloqueó las rutas comerciales en el mar Negro. La UE intervino levantando temporalmente las restricciones a las importaciones procedentes de Ucrania, permitiendo que sus productos agrícolas inundaran los mercados europeos.

El campo de juego nunca iba a ser parejo: una granja orgánica ucraniana promedio tiene alrededor de 1.000 hectáreas; sus equivalentes europeos miden de media sólo 41 hectáreas.

Los precios en países vecinos como Hungría, Polonia y Rumania cayeron repentinamente, y los agricultores locales se quedaron sin poder vender sus cosechas.

Para la primavera de 2023, los tractores bloqueaban las mismas carreteras polacas que un año antes habían estado llenas de voluntarios que acogían a refugiados ucranianos.

La UE pronto impuso restricciones comerciales a las exportaciones de Ucrania a sus vecinos, pero sólo por un período limitado. Cuando expiró la prohibición, los gobiernos de Budapest, Varsovia y Bratislava anunciaron sus propias restricciones.

Ucrania presentó rápidamente una demanda; las relaciones se agriaron y la compasión por un país que se defendía de la invasión rusa pasó a un segundo plano.

Ahora, los países de Europa del Este exigen que la UE revise de forma definitiva sus medidas de liberalización comercial con Ucrania.

En Rumania, donde agricultores y transportistas han estado protestando contra el alto precio del diésel, las tasas de los seguros y las medidas de la UE, así como contra la competencia de Ucrania, el medio de comunicación Kronika dijo este mes que el hecho de que la UE permitiera la entrada de productos ucranianos baratos era “como si una persona que no sabe nadar intenta salvar a una persona que se está ahogando. Ambos se ahogan”.

En Polonia, los agricultores iniciaron una protesta a nivel nacional el 24 de enero contra las importaciones agrícolas ucranianas.

“El grano ucraniano debería ir adonde pertenece: a los mercados asiáticos o africanos, no a Europa”, les dijo a los medios polacos Adrian Wawrzyniak, portavoz del sindicato de agricultores polacos.

Sentimientos similares se escuchan en Eslovaquia y Hungría.

Los países que faltan

Hasta ahora, el sur de Europa se ha librado de la peor parte de las protestas, pero las cosas pueden cambiar pronto.

Christiane Lambert, presidenta del Comité de Organizaciones Profesionales Agrícolas (COPA), el principal sindicato de agricultores de Europa, ha pronosticado que los agricultores italianos y españoles pronto organizarán sus propias protestas.

No se ven afectados por la guerra en Ucrania, pero son vulnerables al cambio climático, ya que los gobiernos español y portugués consideran imponer restricciones de emergencia al uso del agua en algunas regiones debido a la intensa sequía.

Hace unos días en Sicilia, los agricultores bloquearon carreteras en protesta contra el gobierno regional, que, según afirman, no les ha compensado por la intensa y prolongada ola de calor y sequía del verano pasado.

“Estamos de rodillas, la sequía ha reducido a la mitad nuestra cosecha”, señaló el agricultor Giuseppe Gulli a Rai News. También acusó a la UE de ayudar a las “grandes corporaciones”.

Con las elecciones europeas a la vuelta de la esquina en junio, los partidos euroescépticos están encontrando una voz.

Jordan Bardella, de la Agrupación Nacional de Francia (el partido de Marine Le Pen), ha sido visto entre los manifestantes; la extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) también ha tratado de defender la causa de los agricultores.

Vernet, sin embargo, rechazó estas preocupaciones: “los agricultores no son extremistas. De hecho, los agricultores de Europa son los primeros europeos, porque son los que mejor saben lo importante que es Europa para ellos“.

En Alemania, los ministros se han apresurado a suavizar las propuestas para poner fin a las exenciones fiscales sobre el diésel agrícola para los agricultores que habían causado revuelo.

El cambio ahora se implementará gradualmente, pero los agricultores quieren eliminar por completo los recortes de subsidios. “Todo lo anunciado hasta ahora ha aumentado aún más el enfado de los agricultores en lugar de calmarlo”, afirmó el presidente de la Asociación Alemana de Agricultores, Joachim Rukwied.

El primer ministro polaco, Donald Tusk, prometió reunirse con representantes ucranianos a principios de marzo para llegar a un acuerdo que regule el tránsito y la exportación de productos.

La UE parece haber tomado ya nota.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, admitió que “hay una creciente división y polarización” y lanzó un “diálogo estratégico” entre los grupos agrícolas y los responsables de la toma de decisiones de la UE.

El lenguaje es introspectivo, pero también vago.

Y para los agricultores de toda Europa que se sienten olvidados, traicionados o incapaces de alimentar a sus familias, es poco probable que sea suficiente.