CAMINOS DE LIBERTAD

Recién se conmemoró el bicentenario de la Batalla de Carabobo. Fue la penúltima batalla de la guerra de independencia en territorio venezolano, ya que todavía faltaría por librar la última gran ofensiva, la Batalla del Lago de Maracaibo. Los españoles al mando del general Miguel de La Torre, todavía eran fuertes en la zona norte del occidente del país, pero con esa batalla naval se recuperó todo el occidente de Venezuela, incluida Puerto Cabello, locación de tan ingratos recuerdos para el Libertador.

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La Enseñanza de la historia ¿genera ciudadanía? (V)

La manifestación del Bien en el trato con el otro. Lo reflejaba, de manera poética, pero profunda y radical, Jesús de Nazareth en la parábola del Buen Samaritano como lo recoge el evangelista Lucano, Lc 10, 25-37. También autores contemporáneos. Dice Dewey (Democracia y educación) que la actitud del individuo es un modo de conocer al otro y un modo de comportase en cada circunstancia social.

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La Enseñanza de la historia ¿genera ciudadanía? (IV)

¿Qué es la Enseñanza? La etimología nos dice que esta palabra viene del latín in signo sensibilis. Consiste en las señales externas que percibo. Es el primer nivel de la transmisión, lo estrictamente empírico: lo que se oye, lo que se ve y hace en el salón de clases. Es la función del profesor en aula y del ambiente de la escuela.

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La Enseñanza de la historia ¿genera ciudadanía? (II)

Ya decía el Libertador en su discurso de angostura “Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio; no hemos podido adquirir, ni saber, ni poder ni virtud”. ¿Qué significado tiene todo esto? No hemos logrado buscar ni adquirir conocimientos suficientes; la función más natural y propia del ser humano; no hemos adquirido el arte del buen gobierno que es la relación social mínima con el otro en la ciudad

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La Enseñanza de la historia ¿genera ciudadanía? (I)

Al proponerme unos amigos, que preparara una charla sobre el tema de la enseñanza, específicamente de la Historia, no pude detener, como me sucede en otras áreas del conocimiento, la sensación y -con frecuencia- la convicción del fracaso de un sistema educativo y sus consecuencias, que vivimos –sufrimos- en las actuales circunstancias. Además la expectativa de un daño que podría catalogar de catastrófico, por una fe en unas tecnologías, útiles y asombrosas, pero insuficientes para la transmisión y formación del ser humano.

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