Gaita con sazón (Segunda parte)

El sonar de las gaitas despierta a los marabinos el 18 de noviembre de cada año, proclamando así su incondicional devoción por su venerada Chinita y a la vez decretando con ello el inicio de las fiestas navideñas. Con el retumbar de los furros y las tamboras se despierta también el sentir de un pueblo apegado a sus tradiciones y a los recuerdos resguardados en la memoria de los abuelos. En esta segunda entrega de gaitas cargadas de información gastronómica estará centrada en personajes que jugaron un papel importante en el día a día de las rutinas hogareñas, especialmente en la de las cocinas que requerían de los deliverys de la época para aligerar la carga del trabajo de la jornada.

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Gaita con sazón (Primera parte) 

En el Zulia se come sabroso y abundante, como si el mañana fuera incierto y el estómago infinito. Propios y visitantes se entregan a los placeres de la mesa en igualdad de condiciones. Los primeros ávidos de compartir todas las delicias de su variada gastronomía y los segundos presurosos porque no les quede nada por probar antes de su retorno. Particularmente en Maracaibo, el ritmo de las comidas es vertiginoso al igual que el de la gaita que suena durante todo el año, aunque en el resto del país sea tan solo la música que alegra las navidades.

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Cuando el cocuy canta

La música acompaña al cocuy desde mucho antes de su nacimiento. El viento canta entre las hojas del agave que crece en nuestros campos, el productor lo corta con rítmicos golpes y el continuo goteo del destilado antecede al sonoro tintineo de las botellas que chocan entre sí al ser envasado. El cocuy canta y hace cantar a quien lo consume. De la misma manera que acompaña bulliciosas celebraciones sirve también de silencioso consuelo en momentos de pesar. Quienes le cantan también cuentan su historia, describen su proceso de elaboración, resaltan el trabajo de quien lo cultiva, describen las festividades con las que se le asocia y exhiben con orgullo el arraigo a su tierra.

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Los sabores margariteños en la voz de Francisco Mata

De todas las riquezas naturales y culturales que tiene el oriente venezolano, la isla de Margarita acapara un buen porcentaje de ellas. Sus hermosas playas mundialmente conocidas, su variada gastronomía de sabores marinos y su inagotable repertorio de canciones de ritmos que nos recrean el vaivén de las olas del Mar Caribe, se han convertido en la mejor oferta que el margariteño ofrece a los visitantes.

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Joaquina y Domitila: batalla de fogones

No se trata de una competencia de cocineros como las que transmiten múltiples canales de televisión hoy en día. No hay cámaras de por medio, ni cronómetros que delimiten el tiempo disponible para la preparaciones. Tampoco hay sets cuidadosamente diseñados y sofisticados equipados para la elaboración de los platillos. Mucho menos un jurado que espera ansiosamente la presentación del plato para dar su opinión. Acá lo que tenemos son dos laboriosas cocineras de nuestro país ofreciendo suculentas preparaciones a sus clientes habituales cuya consecuente presencia en los puestos regentados por ambas era la mejor crítica que pudieran recibir.

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De golpe me supo a Lara

Lara, palabra que suena a terruño, a serenatas a la Divina Pastora, a música que acompaña sus fiestas tradicionales. Tanto el Tamunangue, en honor a San Antonio de Padua, como la Fiesta de las Zaragozas, el día de los Santos Inocentes, son las expresiones más conocidas de su folclor y la música que las acompaña se ha convertido en un sello identificador de su gentilicio. El golpe larense aparece como la expresión musical más visible de toda la amalgama de ritmos que se ejecutan en la región como una clara muestra de la infinita inspiración de sus compositores y el talento de cantantes, instrumentistas y agrupaciones.

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Dale duro a ese pilón

Nunca las arepas estuvieron tan vinculadas a la música como en la época cuando se pilaba el maíz. Con golpes de uno o dos pesados mazos de madera, el maíz era descascarillado lentamente antes de ser cocinado, molido y amasado por las laboriosas manos de las mujeres que asumían con dedicación y maestría la actividad diaria de la elaboración de las arepas de la casa.

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Un ligadito musical para el chichero

De pie, junto a su “carrito” estacionado en el lugar de costumbre, ataviado con su bata blanca con grandes bolsillos a nivel de la cintura y empuñando un pesado cucharon metálico que sumergía con destreza en las profundas ollas resguardadas por las tapas metálicas que funcionaban a la vez como estación de trabajo y barra de servicio, se encuentra el chichero de nuestros recuerdos, el que nos esperaba a la salida del colegio, el que se paraba en la esquina de la plaza del pueblo o el que reclamaba alguna esquina de nuestras barriadas como su punto exclusivo para vender su producto.

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Sabores tuyeros en las manos de Fulgencio Aquino

El punzante sonido de las cuerdas metálicas del arpa y el permanente repiqueteo de las maracas que acompañan a una voz cantante se constituyen como la marca inconfundible del joropo que se interpreta en la región central del país, especialmente en el eje que conforman los Valles del Tuy, las regiones limítrofes con el estado Aragua así como algunos puntos de los estados Carabobo y Guárico.

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