AFGANISTÁN, LA NUEVA TENDENCIA

Por: Daniel Godoy Peña

No deja uno de asombrarse y también de solidarizase con todo lo ocurrido durante la última semana en Afganistán, donde después de 20 años de intervención militar de varios países del hemisferio occidental liderados por los Estados Unidos, estos decidieron retirarse definitivamente del territorio afgano y dejar que los talibanes ocuparan su capital, Kabul, tras la huida del presidente Ahsraf Ghani, el pasado domingo.

Todo vimos cómo se convertían en tendencia las desgarradoras imágenes de miles de afganos tratando de salir de su país y agolpándose en los aeropuertos buscando una salida ante el inminente retorno del régimen talibán, aviones militares repletos, hombres colgados de trenes de aterrizajes; etc., todos con la esperanza de poder huir. Pero sin restarle importancia al hecho, ni mucho menos a lo que padece ese pueblo, es importante preguntarse cuánto tiempo durará el interés de las redes sociales y de algunos medios de comunicación con respecto a lo que sucede en tan lejano país.

Toda esta sobreexposición a la información sobre Afganistán no es casual y ojalá fuera el producto de la conmiseración y expresión de solidaridad que se pueda tener por nuestros prójimos. No dudo que en muchos casos sea nuestra humanidad la que nos lleve a transmitir un determinado mensaje, pero en otros casos toda esa “preocupación” que manifiestan otros es producto de la polarización política donde la ideología, sea cual sea, está por encima de la persona y somos capaces, en nombre de una ideología, trasmitir a veces información que es falaz e incluso mentira, cosa muy peligrosa, pues quitamos del centro de la discusión a la persona para centrarnos en la idea, o en lo que nosotros creemos que es importante, ya que solo somos capaces de observar y emitir juicios a través de nuestro sistema de creencias y valores, sin tomar en consideración el de los demás.

Afganistán empezó a tener cierta relevancia en el mundo cuando los soviéticos a finales de los años 70 invaden el país para poder expandir el modelo comunista y se forma una resistencia afgana, entre ellos un movimiento fundamentalista denominado Talibán que, apoyados por los Estados Unidos -y gracias a la caída del muro de Berlín- logró hacerse con el control del país desde mediados de los 90.  Cabe destacar que si no hubiese sido por Rambo III, donde se hacía referencia al país asiático y porque la maquinaria comunicacional de los americanos empezó a catalogar a la guerra afgano – soviética como el Vietnam de la URSS, a nadie le importaba lo que acontecía en tan desdichado país; pero el 11 de septiembre de 2001 tras los atentados terroristas en territorio estadounidense todas las miradas del mundo estuvieron centradas en ese territorio.

No es sino hasta octubre de 2001 que realmente salta al panorama mundial la nación musulmana, que cabe destacar vivía bajo un régimen fundamentalista de estricto cumplimiento de la leyes islámicas que restringían severamente los derechos fundamentales de las mujeres y de sus ciudadanos, violación propia de todo Estado que fundamenta su ejercicio del poder en la interpretación de la religión y el fanatismo independientemente cual sea esta o la ideología que se practique, situación que no era nueva pero que la entrada de las potencias occidentales en territorio afgano se hizo visible y se dio a conocer en el resto del mundo occidental.

Ahora bien, no quiero detenerme ni hacer hincapié en esto sino en el desconocimiento profundo de algunos que por seguir una tendencia en redes sociales son capaces de hacerse eco de imágenes, videos, frases o clichés sobre la situación en Afganistán, pero no saben dónde se ubica geográficamente y más aun sin conocimiento de las consideraciones políticas y sociales que conllevaron a la OTAN a retirase del territorio en el 2014 y a los Estados Unidos actualmente. Antes de la intervención militar de 2001 el régimen talibán había llegado al poder venciendo una guerra civil contra tribus del norte y contando con amplio respaldo de la mayoría de la población afgana. El régimen talibán mantenía relaciones con la mayoría de los países del mundo y nadie en ese momento se preocupaba por la situación de los derechos humanos de los afganos, ni de su situación económica y social hasta que llego la intervención militar.

En Occidente tenemos la errada convicción, o por lo menos así se nos ha inculcado, que el sistema de democracia como lo conocemos y vivimos en este lado del hemisferio, es exportable y aplicable a todos los lugares del planeta, a nadie le importa el sistema político que pueda tener cualquier nación mientras ese sistema no atente en contra de la seguridad y la economía de las potencias mundiales y para muestra un botón: Arabia Saudita es fuertemente cuestionada por sus violaciones a los derechos humanos y sobre todo a sus mujeres quienes deben vestir con abaya, pero que al ser un aliado occidental entonces las redes sociales y los medios de comunicación guardan un silencio sepulcral.

Seguir en Afganistán no tenía sentido, primero porque el experimento democrático no podía sostenerse por sí solo, las autoridades afganas no dependían de si para poder mantenerse en el poder; segundo, el talibán fue despojado del poder pero no vencido, pudo reorganizarse y de a poco recuperar el territorio sin que el gobierno afgano pudiera detenerlos; y por último, en materia económica, Afganistán no reportaba ningún beneficio económico a los Estados Unidos y sus aliados ya que carece de grandes recursos minerales e hidrocarburos a diferencia de Iraq donde la “inversión” de la intervención ha sido retribuida con creces.

Los Estados Unidos gastaron cerca de 978 mil millones de dólares durante 20 años de intervención en Afganistán, perdiendo más de 2500 soldados y cerca de 20 mil heridos, lograron matar a la mayoría de los cabecillas de Al Qaeda y la administración Obama logró dar muerte a Osama bin Laden. La decisión del retiro de las tropas la había tomado el presidente Trump desde mayo del año pasado, siendo Biden quien diera la orden del retiro definitivo. Lo más seguro es que mucha gente caiga en la tentación de juzgar tal decisión del presidente Biden como un revés y un desacierto porque no consideró los derechos civiles del pueblo afgano, lo que si tengo claro es que, a miles de americanos, a su economía y sobre todo a los familiares de los soldados muertos o heridos les importa poco si las mujeres en el país asiático no pueden ir a la escuela o tienen que vestir una burka.     

@danielgodoyp    

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